sábado, 11 de marzo de 2023

LOS RETRATOS DE RAFAEL ALTAMIRA PINTADOS POR SOROLLA

Los nombres del jurista Rafael Altamira y del pintor Joaquín Sorolla son, indudablemente, los de dos de las personalidades más relevantes vinculadas con la historia de nuestro municipio. El primero de ellos da nombre a la plaza de San Esteban en torno al chalet que fue de su propiedad y en el que tantas estancias disfrutó durante los años en que residió en Asturias, entre 1897 y 1908, como catedrático de la Universidad de Oviedo.

Desde diciembre del año pasado hasta agosto de este año, cuelga en las paredes del Museo del Prado el primero de los dos retratos que el valenciano realizó de Altamira. Es una de las obras estrella de una exposición titulada “Retratos de Joaquín Sorolla (1863-1923) en el Museo del Prado”, con la que el Museo homenajea al pintor en el año del centenario de su fallecimiento.


Se trata de un retrato que el Museo compró en 1999 a los descendientes de Altamira y que se expone ahora por primera vez. Rafael Altamira y Crevea (Alicante 1866-1951) y Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia 1863-1923) se conocieron en los años 80 del siglo XIX en Valencia cuando aquel estudiaba allí Derecho y Sorolla cosechaba los primeros éxitos obteniendo medallas en diversas exposiciones. Fruto de su amistad fue la realización de este cuadro, no muy grande, de 55 x 41 cms., al óleo, en el que solamente la cabeza está acabada, quedando la camisa y la lazada apenas esbozadas y buena parte del soporte sin pintar, lo que le confiere el carácter de una obra inacabada, aunque no debe serlo pues aparece titulada “Rafael Altamira” y firmada y fechada por Sorolla en 1886. Según Javier Barón, Jefe del Departamento de Pintura del Siglo XIX del Museo del Prado y comisario de la exposición, la obra “tiene una sobriedad de color muy habitual en los retratos de la primera época del artista” y “carece de la vibración luminosa que puede verse en los posteriores a 1900; sin embargo, acierta a captar con inmediata veracidad el carácter de Altamira, tratado con cierta idea de cabeza antigua y noble, aunque el detalle de las puntas levantadas del bigote, que luego sustituiría por una barba larga, revela una juvenil preocupación por su aspecto”.

La amistad entre Altamira y Sorolla se fortaleció en Madrid y, muy particularmente, en San Esteban y Muros en los años en que el pintor valenciano disfrutó de estancias veraniegas a orillas del Nalón, en el año de 1902 por primera vez y, muy probablemente en los siguientes, de los que se conservan obras fechadas con motivos asturianos, como el famosísimo “Mar y rocas de San Esteban”, de 1903, colgado en el Museo Sorolla de Madrid. 


También según Barón, “en la tranquilidad de aquel primer estío ambos compartieron numerosas horas de trabajo y observación del paisaje, al que dedicó algunos artículos Altamira. Índice de la relevancia de aquellas conversaciones es una carta dirigida por Sorolla a Altamira poco después de su vuelta a Valencia, en la que realizaba interesantes consideraciones estéticas respecto a la legitimidad de representar sin aditamento expresivo alguno el natural y acerca de la valoración autónoma de los apuntes y bosquejos pictóricos. Para Sorolla se debería despojar a la pintura de tanto inútil que hacemos, dejando sólo lo que deber ser: un estado de ánimo que no tiene más filosofía que la impresión que el natural ejerce fuertemente en su momento.

En 1912, Sorolla invitó a cenar en su casa de Madrid a Archer M. Huntington, estadounidense fundador de la Hispanic Society de Nueva York. Otro de los invitados fue Altamira y es posible que en ese encuentro esté el origen del segundo de los retratos que Sorolla le hizo a Altamira y que forma parte de los fondos de la extraordinaria colección neoyorquina de arte español. En este de 1913 aparece Altamira revestido con el traje académico de doctor en Derecho, con la gran cruz de la Orden Civil de Alfonso XII y, aunque de solo 47 años, con un aspecto mucho más circunspecto y grave, propio ya del eminente jurista, historiador y polígrafo en que se había convertido en los 25 años que habían transcurrido desde el primero.



Juan José García González - Javier García Alonso


Bibliografía:


Barón Thaidigsmann, Javier, El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 180, nº 63.

https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/retratos-de-joaquin-sorolla-1863-1923-en-el-museo/




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