Hace unas semanas hablábamos
en dos entradas de nuestro blog sobre la llegada del tren a San Esteban, allá
por 1904. Ese mismo año se produjo otro acontecimiento relevante para la
historia del pueblo: la apertura de “El Brillante”, un restaurante y poco más
tarde también hotel, por la iniciativa de un vecino emprendedor donde los haya en
aquel momento, Edmundo Díaz del Riego. Ambas empresas siguen siendo una
realidad, tanto la línea de tren Oviedo-San Esteban, como el hotel, hoy
denominado “Gran Hotel Boutique Brillante” que, tras unos años cerrado y
posteriormente rehabilitado por otro empresario muy vinculado al municipio de
Muros de Nalón, Fernando Artime, ha logrado convertirse, desde su reinauguración
en 2021, en un referente de la mejor hostelería asturiana.
“Restaurante
El Brillante en su ubicación y aspecto original”
En un número del año 1905 de
la publicación periódica La Ilustración
Asturiana, también fundada por Edmundo Díaz se hace una crónica sobre el
hotel:
“El magnífico restaurant
abierto hace un año en San Esteban de Pravia, está haciendo preparativos para
la temporada de verano.
Al frente de la cocina
continúa Pedro Francos, el famoso cocinero que sabe dar gusto al paladar más
delicado.
Los que creían el año
anterior que en EL BRILLANTE se daba de comer tan espléndidamente por acreditar
la casa, verán ahora que, después de acreditada se da de comer mejor.
Y verán además que no se
altera el precio del cubierto.
Por tres pesetas se sirve un
almuerzo opíparo realmente: cuatro platos suculentos y abundantes, postres
variados, vino del Marqués de Mudela… ¡y hasta helado, cuando la temperatura lo
requiera!”.
En esta misma publicación se
explican los motivos que llevaron a Edmundo Díaz a fundar el restaurante:
“EL BRILLANTE fue fundado,
más que por negocio, por patriotismo.
Cuantas personas iban a San
Esteban por contemplar aquella región, que es una de las más bellas de la
tierra, marchaban de allí ponderando las excelencias del paisaje, pero
lamentando al mismo tiempo que no hubiese dónde comer.
Y no faltó un hijo
entusiasta de aquella hermosa comarca que, impulsado por el más puro altruismo,
quiso complacer a los centenares de forasteros que un día y otro formulaban
protestas muy razonadas.
Y él fue el que improvisó un
alegre y limpio comedor a orillas del Nalón rumoroso, allí donde la tranquila
superficie del río simula un espejo inmenso (…)
En una palabra, él fue
quien, fundando EL BRILLANTE, dotó a San Esteban de lo único que aquel hermoso
puerto necesitaba para ser el paraje más encantador de esta provincia, llamada
con razón “Suiza Española”.”
Según sabemos por otra
publicación, el jefe de cocina, al que se llamaba también Perico, era de origen
vallisoletano y de él se decía que tenía manos de plata y que sabía complacer
al gourmet más exigente. A la vista de alguno de los menús de la época que se
conserva, debía de ser un experto cocinero especializado en cocina francesa,
que parece era muy del gusto de las personas elegantes de la época. De hecho,
en algunos selectos restaurantes era habitual dar a elegir a su clientela entre
comida a la española o comida a la francesa.
Pie de foto: “Menú del “Hotel Francais” de principios del siglo XX con todos sus platos, efectivamente, en francés”
En un primer momento “El
Brillante” se encontraba en un pequeño edificio adosado a otro que por entonces
albergaba la imprenta donde se editaba el periódico “La Ilustración asturiana”.
Se conoce una foto del
interior del restaurante en el que llama la atención el mobiliario Thonet tan
típico en la época y las paredes recubiertas de espejos. Desde la terraza del
restaurante cuando estaba en ese primer emplazamiento contempló Rubén Darío la
procesión marinera de San Telmo. Él mismo lo cuenta en una interesante y
detallada crónica de un día de fiesta:
“Yo partí a San Esteban, al
restaurante El Brillante, que es de Edmundo Díaz, un “cherconfrère”, pues es director
de una revista y escritor ameno. Allí almorcé en una terraza con vista a la
ría, por donde debía pasar la procesión (…)
La procesión fue después del
almuerzo. Desde donde yo estaba pude dominar todo el espectáculo. El panorama
era delicioso, al amor de una fresca temperatura. Era una decoración de
nacimiento; enfrente de mí, casitas blancas con techos rojos; allá, en la otra
banda, casitas de “preseppio”, y la colina pintoresca y cultivada al fondo, al
lado del Castillo y de La Arena. En La Arena divisaba ir y venir de gentes,
mover de barcas, humo de cohetes. Y a este lado la población risueña; El
Brillante en fiesta. El agua del Nalón que corre al mar, azulada, argentada. El
cielo de cobalto, rejado de vellones, manchado de pinceladas de nieve. No lejos
del lugar donde escribía mis apuntaciones, está la casa del profesor Altamira,
el hombre grave y estudioso que sabe tantas cosas. Es un “cottage” rojo, con
barandas blancas, con un jardincillo en que hay verdores apacibles, flores e
higueras.
Suenan a lo lejos tres
bombas. Va a comenzar la procesión (…) Aquí a mi lado, charlan las damas, con
ese son dulce de la provincia, de que ha hablado el perspicuo Azorín. Y hay son
de músicas sobre las aguas de la ría (…) En la procesión viene adelante un
barco negro, florecido y risueño de banderas; y traeel estandarte, un gonfalón
rojo y oro. Y en la embarcación en que pasa el santo, van sus vecinos notables,
autoridades, curas con sus roquetes y sobrepellices. Y luego veo la muchedumbre
que acompaña, y una bandera roja, y una cruz de plata. Y hay por todas partes
alegría, la alegría de un día de regatas”.
Tras varios años en su primera ubicación, el hotel y restaurante El Brillante se trasladó a su segunda y definitiva sede, la que mantiene todavía hoy día, en la calle de Casto Plasencia. El primer edificio fue expropiado y demolido hacia 1930 por la Junta de Obras para poder ampliar la carretera del puerto.
Sin embargo, de aquella primitiva edificación todavía puede observarse un resto de su pared medianera en el jardincillo que hace esquina entre la calle de Casto Plasencia y la plaza de Altamira.
Juan José García González – Javier García Alonso






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