El próximo lunes
11 de noviembre se celebra la festividad de San Martín, fecha de gran
importancia en la sociedad tradicional asturiana por ser el día de comienzo y
final del año agrícola.
En el centro de la
imagen la ería de Quintana con cultivos agrícolas, antes de la construcción de
los bloques de El Parador.
Para poner en
contexto el año agrícola debemos retroceder siglos atrás, cuando la propiedad
de la tierra estaba en manos de los grandes propietarios, quienes arrendaban el
uso y disfrute de sus fincas a cambio de una parte del fruto obtenido. En los
diversos contratos utilizados en esas épocas (foro, aparcería, comuña, etc.)
solía establecerse el día de San Martín como la fecha de comienzo y final del
contrato, y por tanto de pago de la renta.
“Asimismo paga diecisiete copines y medio de escanda de canon el día de San Martín de cada año por el asiento y terreno de la casa en que habita en el término del Pontigo suya en propiedad”
Copín de madera apoyado en la talamera del hórreo
El
motivo práctico habría que buscarlo en las condiciones climáticas que limitan
los cultivos en los meses de invierno. Por ello, si los propietarios querían
cambiar al llevador de la finca, este momento sería el mejor del año para
hacerlo.
Aunque
hoy en día en nuestro concejo tan solo se cultiven unas pocas tierras de maíz,
sabemos que fueron habituales las plantaciones de fabas, centeno y
escanda. La plantación de estos cereales tan necesarios para el sustento de
familias y animales se realizaba en llousas o erías. El Diccionariu de la Llingua Asturiana define una llousa como un “conxuntu
[de faces de diferentes amos con usos comunales]”. En nuestro concejo
tenemos constancia de la existencia de múltiples erías:
La de Quintana,
que tenía su mayor parte en la zona llana y otra zona muy pendiente situada
cerca de La Veiga, conocida habitualmente como La Cuesta.
Fotografía
de 1956 en la que se aprecian cultivadas las múltiples fincas de la ería de
Quintana, desde El Parador a La Veiga.
Ería
de Las Traviesas
La Llousa Promontorio entre la Quintanina y San Esteban. Se trataba de una ería llana excepto en las fincas cercanas al Candevillar.
Llousa
Promontorio
Ería
de Los Vallinos
La ería de Poladura, sin duda la gran desconocida hoy en día pese a haber sido grande en extensión. Posiblemente por su lejanía fue la primera de las llousas en desaparecer. Creemos que ocuparía el triángulo que forma La Casilla, La Viña y La Portilla, pero tampoco sería descartable que llegara hasta Era ocupando Las Barrosas.
Ería
de Poladura
Ería
de Espina
Las anteriores llousas tenían un tamaño grande (en torno a las 10 hectáreas de extensión). Otras de menor tamaño serían las erías de Vegamoyada en la zona del cementerio, la de Las Llongas en el fondo de Villar, las de Lloreda, Fresneda y Palomera en Reborio, las de Las Mirariegas, Gallinouro, Las Binadas o La Llousiquina en Era o la de Las Cerezales dentro de la de Quintana.
De los
citados nombres de las llousas, toponímicamente resulta relevante Las
Llongas,relativo a su forma,
que reflejaría una de las características más comunes en este tipo de erías,
puesto que las fincas habrían sido objeto de partición en fazas
alargadas para facilitar el trabajo animal (arar, gradar, plantar, arrendar).
La división entre parcelas colindantes solía realizarse exclusivamente mediante
finsos o mojones de piedra, y en
ningún caso se cerraban.
También
es muy interesante el término Las Binadas en Era y La Binada en
El Rabeiro, que se explicaría, según García Arias (pág. 686), a partir del
participio del verbo latino vulgar *BINARE; las binadas serían tierras de
secano que se cultivaban un año y se dejaban descansar al siguiente. Otro
nombre que nos indica su uso agrícola sería Poladura, del que García
Arias (pág. 572) indica que sería “el terreno que estaba en pola o en barbecho, es decir, presto para ser colonizado”.
Esas
antiguas llousas aún se pueden reconocer hoy en día por ser grandes bolsas de
terreno sin caminos públicos interiores. Fue esta falta de caminos lo que
imposibilitó la edificación en dichas fincas a lo largo del siglo XX, y también
lo que motivó la clasificación de tres de ellas (Arroxinas, Quintana y Las
Binadas) en el Plan General de Ordenación Urbana como suelo urbanizable.
Para
solventar esa falta de caminos el acceso a las llousas se realizaba mediante
servidumbres agrarias en ciertas épocas del año, estando restringido el acceso
a las erías varios meses, de tal forma que las plantas pudieran desarrollarse
sin problema. En función del tipo de cultivo y de la zona de Asturias en la que
nos encontrásemos las fechas de apertura y cierre de las erías podrían variar,
tal y como quedaron recogidas en varias ordenanzas concejiles.
Queremos
recordar con esta entrada a Fernando Inclán, juez, académico y ganadero del
concejo de Pravia que falleció recientemente dejándonos una ingente obra sobre
el derecho agrario asturiano.
Javier
García Alonso – Juan José García González
Bibliografía:
DALLA:
Diccionariu de la Llingua Asturiana (https://www.diccionariu.alladixital.org)
García
Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros
de Nalón, 2022.
García
Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana.
El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana,
S. A., Oviedo, 2005









Sigo aprendiendo a conocer Muros, con vuestros articulos
ResponderEliminarGracias por comentar. A lo largo de los años nuestros pueblos van cambiando y debemos dejar documentado como eran.
Eliminar