Cuando
hace unas semanas preparábamos la entrada de este blog que dedicamos a la nueva
senda que discurre junto al río Nalón por terrenos de La Junquera, nos vino al
recuerdo un proyecto un tanto lleno de fantasía, pero que, de haberse llevado a
cabo, podría haber tenido consecuencias bastante insospechadas para la zona del
Bajo Nalón.
Vista del Puerto de San Esteban hacia mediados de la década de los 80 del siglo XIX. Óleo. Muros, colección particular.
En
1884 Tomás García Sampedro invita a su maestro, Casto Plasencia, a pasar unas
vacaciones estivales en Muros, invitación que va a ser el origen de la Colonia
de Artistas de Muros. Ambos residían en la casa de Doña Demetria, hermana de
Tomás, en La Pumariega. José Robles, habitual en los encuentros de la Colonia, y
otros artistas que, a lo largo de los años, acudieron también a Muros, residían
en El Parador, la fonda situada en el lugar al que dio nombre; Agustín Lhardy
alquiló en San Esteban, a una señora del pueblo de nombre Imelda, una casa en
la que veraneó varios años. En aquellas décadas finales del siglo XIX las
posibilidades de alojamiento en Muros y alrededores eran realmente reducidas,
aunque empieza a haber algunos visionarios que imaginan empresas que
desarrollen el potencial turístico de la zona. Entre ellos estaba, sin duda, el
pintor y articulista José Robles, madrileño de origen, gran amante de Asturias
hacía ya varios años, desde su primera visita en 1867.
San Esteban, año 1888. Postal. Colección Museo del Pueblo de Asturias, Gijón
Robles
publicó en el periódico “El Carbayón” de Oviedo el 29 de agosto de 1888 un
texto bajo el título “Ida y vuelta. Un sueño” en el que imagina el tramo de
costa comprendido entre Avilés y San Esteban convertido en una especie
–diríamos hoy- de gran complejo turístico. A la desembocadura del Nalón le
dedica el párrafo siguiente: “Vi también en mi cariño a Muros y San Esteban;
espléndidas construcciones en la Arena, un balneario con muelle saliente
permitía a los bañistas bañarse al comodo
suo, unos se lanzaban desde la punta de cabeza en el Cantábrico; los
tímidos y las mujeres bajaban por amplias y seguras escalinatas de madera,
hasta el grado de profundidad que su valor permitía; otros, aficionados a la
escultura, seguían buscando en la arena movediza de la orilla la impresión de
sus formas, il y avait là pour touts les
gouts et pour tout le monde; además vi fondas de gran confort, multitud de
casas y palacios que bordaban las orillas divinas del Nalón; un vaporcito
llevaba los touristes hasta el Rosico;
multitud de lanchas y yolas de regateo hacían de la anchurosa ría un hormiguero
de movedizos puntos; en un terreno galantemente ofrecido por el Marqués de
Muros, veía los nidos de la colonia artística, multitud de fantásticas
construcciones (de verano), hórreos, paneras, obeliscos, casitas de poeta, con
jardines y flores. Las Huelgas de la ría y del Castillo, convertidos en
espléndidos canales; los estériles macizos de esparto en construcciones
provechosas, palacios, casas de recreo con extensos jardines, en una palabra,
vi desarrollado aquí el genio emprendedor y comercial de la Francia, vi el
capital, que falto de inteligencia y de valor se hacina en apiñadas onzas,
dedicado al par que al provecho propio al engrandecimiento del rincón más
hermoso de la tierra, en fin, vi la… mar, y desperté con unas agujetas de
cuerpo entero y un hambre canina.”
La desembocadura del Nalón” Óleo de J. Robles, Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo.
Vemos
cómo Robles hace alusión en dicho artículo a “los nidos de la colonia
artística, multitud de fantásticas construcciones”. Según él mismo, ya en 1886
Casto Plasencia se planteó construir un hórreo para pasar los veranos. Dos años
más tarde, parecía que ese peculiar proyecto iba a tener visos de realidad
cuando el Marqués de Muros le ofreció una finca de su propiedad situada en La
Junquera, no lejos del puerto de San Esteban, para realizar allí algunas
construcciones en las que los miembros de la colonia artística pudieran alojarse
durante sus estancias en la zona. En la prensa ovetense se informó de que en el
proyecto estaba previsto edificar “un pabellón central, para estudio y salón de
reunión en forma de chalet, construcción suiza que tanto se presta a hermosear
los paisajes, viviendas artísticas en otras construcciones, que conserven las
formas de nuestras paneras y hórreos, presentando sus fachadas hacia la ría;
una especie de paseo o terraza paralela a orillas del Nalón, y sus embarcaderos
para la flotilla de los artistas, que son también incansables cazadores y
amantes de la pesca”.
Efectivamente,
hay muchos testimonios que confirman la gran pasión que los artistas tenían por
San Esteban y el entorno del Nalón. Así, se tiene noticia de que Casto
Plasencia, gran madrugador, pues se levantaba a las cinco o las seis de la
mañana, tras dedicar cuatro horas a la práctica de la pintura, tenía la
costumbre de bajar a la ría desde su residencia en La Pumariega, bien provisto
de escopeta para disparar “a todo lo que vuela, aunque no sirva para la
cazuela”. Y, en general, todos los artistas miembros de la colonia disfrutaban
mucho de sus paseos en bote por la ría. Robles cuenta también que en 1886
estrenaron el bote con el que remontaban el Nalón en sus excursiones, bautizado
con el nombre de “Angelus”. En sus recorridos por el río eran muy del gusto de
los artistas los pequeños canales de La Junquera o de la zona cercana a El Castillo
conocida como Los Tamarindos, por la gran abundancia, mantenida todavía hoy, de
ese tipo de pequeños árboles del género tamarix
en ese entorno.
Vista del puente de Los Tamarindos y del “Ángelus” con Plasencia y
García Sampedro a bordo
Parece
que el redactor del proyecto de las residencias para los artistas fue Fortunato
Selgas, proyecto que Casto Plasencia confió en Madrid a unos amigos arquitectos.
Un murense que era dueño de un pujante establecimiento comercial en La Plaza,
Celedonio Díaz, ofreció igualmente algunos terrenos para aumentar los iniciales
y también el Ayuntamiento ofreció los que se necesitaran para que el proyecto
imaginado para los artistas pudiera hacerse realidad. Casto Plasencia intentó,
en todo caso, que el Ministerio de Fomento les donara casi dos hectáreas de
terrenos de marismas, para utilizarlos una vez desecados. El 12 de octubre de
1889 se presentó el proyecto de desecación en el Gobierno Civil de Oviedo.
También se solicitó del Ayuntamiento de Muros que elaborase un informe
favorable de ese proyecto. El Ayuntamiento emitió ese informe favorable el 25 de
enero de 1890: “Considerando que el proyecto ha de producir beneficiosos
resultados al país y particularmente a esta localidad, acuerda por unanimidad
informar favorablemente dicho expediente y proyecto”. El Consejo Provincial de
Agricultura, Industria y Comercio devolvió sin informe los expedientes de la
concesión en su reunión de 18 de marzo de 1890, pero la Junta Provincial de
Sanidad informó favorablemente la desecación el 24 de marzo de ese mismo año.
Justamente dos meses más tarde Casto Plasencia falleció en Madrid de forma inesperada a causa de una pulmonía. Con su muerte quedó aparcado el proyecto de levantar un pequeño poblado en La Junquera donde los artistas pudieran residir durante sus meses de estancia en nuestro municipio. La ausencia definitiva del maestro provocó el fin de los encuentros veraniegos de los artistas que, durante aquellos años 1884 a 1890, conformaron la Colonia de Artistas de Muros, un fenómeno artístico señero en la historia del arte español, digno de recuerdo, estudio y reconocimiento.
Juan
José García González – Javier García Alonso
Bibliografía:
Feás
Costilla, Luis: serie de siete artículos dedicados a la Colonia de Artistas de
Muros en La Ilustración Asturiana,
números 5 a 11
Méjica
García, Juan Manuel, La Colonia de Muros,
fenómeno artístico, Muros de Nalón, 2003
Tolivar
Faes, José, José Robles, pintor de
Asturias, Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 1984




Una entrada muy, muy interesante.
ResponderEliminarGracias por comentar.
EliminarGracias por tan interesante artículo
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