sábado, 27 de junio de 2026

LA CREATIVIDAD DE MARCELINA PONCELA EN EL BAJO NALÓN

El interés patrimonial de nuestro concejo no se circunscribe a los bienes tangibles que nos encontramos en el puerto de San Esteban, en el Palacio de Valdecarzana o en el conjunto arqueológico de Veneiro. En Muros de Nalón tenemos la suerte de haber dado nombre y cobijo a una de las más importantes colonias artísticas de finales del siglo XIX.

Aquellos artistas, agrupados en torno a Casto Plasencia y cuyo anfitrión era el murense Tomás García Sampedro (Don Tomás tal y como era conocido por sus vecinos), inmortalizaron en sus obras diferentes lugares del Bajo Nalón. Así, tenemos firmados multitud de cuadros que reflejan bonitos paisajes, bellas campesinas en sus tareas habituales, el caserío tradicional murense, todo lo cual resulta una magnífica herramienta para el conocimiento de la época, además de disfrute artístico al contemplar dichas obras.

Sorprende gratamente encontrarnos dentro de la Colonia de Muros a la joven artista de origen vallisoletano Marcelina Poncela Ontoria (1864-1917). En primer lugar, porque en una sociedad donde la mujer vivía a la sombra del hombre, el arte no era una excepción. Marcelina pertenecía al escaso grupo de mujeres que en el siglo XIX podían formarse artísticamente. Del trabajo de María Dolores Cid Pérez, Retrato de Marcelina Poncela, podemos concluir que nuestra pintora perteneció al reducido 3 o 4 por ciento de estudiantes femeninas de la época. Pero las limitaciones de estas artistas no eran solo de cantidad, sino que también estaban afectadas por la calidad de la enseñanza artística, al tener restricciones para estudiar asignaturas como Anatomía Pictórica o Dibujo del Natural. Curiosamente, el Dibujo del Natural es la técnica que va a caracterizar intrínsecamente a los pintores de La Colonia y, quién sabe, si el principal motivo por el que Poncela vino a nuestro concejo a formarse.

Entendemos que Marcelina, pese a las limitaciones de género que sufrió, acudió a la Colonia de Muros como una más de los coloniales, quienes eran mayoritariamente sus compañeros en la Escuela del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Bajo la perspectiva de género, la integración de una pintora en un colectivo artístico como el de La Colonia resulta sumamente gratificante desde la óptica actual. Además, la calidad artística de Marcelina ha permitido plasmar magníficamente la belleza de nuestra zona. Ahí reside quizás la grandeza de la Colonia de Muros, en las múltiples obras realizadas por diferentes creadores que generan una variada riqueza artística en un lugar tan pequeño como nuestro concejo.

 Hoy nos hemos fijado en un cuadro de Marcelina Poncela denominado “Puerto de San Esteban”, un óleo sobre lienzo (52x79) firmado en 1892 entre Asturias y Madrid.


Como decíamos, no es la única gran obra de Marcelina ambientada en el concejo, puesto que dispone de otras muchas, como la que retrata la antigua capilla de San Esteban en 1888, y que ganó el premio de Primera Clase en el concurso de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción en Valladolid de ese mismo año.




Sin embargo, hemos decidido analizar el cuadro del puerto de San Esteban porque creemos que internamente tiene una estructura que trasciende la mera toma de un paisaje, para convertirse en una composición artística significativa.

Poncela divide el cuadro en dos partes bien diferenciadas. En la mitad izquierda pinta el acantilado del Espíritu Santo, las peñas de la zona de El Garruncho y La Guardada y al fondo parece retratar el primer tramo del dique del Oeste, todo lo cual le permite dar profundidad a la obra en contraste con la zona cercana en la que pinta el río y una barca. El último elemento de esta parte izquierda serían los postes y mástiles clavados en la arena, y que en aquella época eran utilizados por los pescadores para secar las redes.


Esta perspectiva estaría tomada desde la zona de la actual rula de L´Arena y orientada en dirección Norte, a diferencia de la parte derecha del cuadro, la cual estaría tomada aproximadamente desde el mismo lugar, pero en dirección Sur.

Lo inmortalizado por Marcelina en la parte izquierda del óleo ha quedado también plasmado en las exclusivas y escasas fotografías tomadas en aquella época, como por ejemplo las de los fotógrafos amateur Edmundo Lacazette (veraneante de L´Arena) y Manuel Gimeno, quienes retrataron las barcas de los pescadores atracadas en L´Arena.

Fotografía de L´Arena en 1897 tomada por Edmundo Lacazette.

En la fecha en la que Marcelina frecuentó nuestro concejo con la Colonia (1888, 1889 y 1890), el primer tramo del dique del Oeste ya estaba en construcción desde 1881, apareciendo plasmado en otras obras de la artista, como por ejemplo el dibujo que a continuación reproducimos fechado en 1893.

“Sardinera” M. Poncela, 1893, Círculo de Bellas Artes (Madrid)

 También aparece en la obra la peña anexa al Pozo del Garruncho. Curiosamente dicha peña tiene un perfil agreste muy característico que Marcelina recrea en su pintura. Sin embargo, dicha forma no se aprecia desde el lugar donde se dibujó el cuadro al Sur, sino desde el Este en la zona de la Playa de los Quebrantos.


Fotografía de L´Arena en 1897 tomada por Edmundo Lacazette.

Respecto de la parte derecha del cuadro, estamos seguros de que el análisis en detalle de dichos montes resultará familiar para los vecinos del Bajo Nalón puesto que lo pintado se corresponde con los montes pravianos de El Monteagudo (hoy difuminado por los pinos) y Santa Catalina. A sus pies reproduce en un verde más claro el barrio murense de La Casilla, hoy en día plagado de árboles pero que hasta los años ochenta del siglo pasado eran prados y erías, tal y como figuran en la pintura.



Estas dos perspectivas (hacia el Norte y hacia el Sur) son fusionadas magníficamente por Marcelina utilizando la arena y el agua, creando una lengua de tierra ficticia que ha generado dudas sobre su existencia en algunos comentarios previos del cuadro. En anteriores entradas ya comentamos la existencia de “taros” o“llaínes” en diferentes lugares del estuario . No obstante, y a tenor de todo lo dicho anteriormente, debemos descartar que Marcelina estuviera pintando en la lengua de arena.

La hipótesis de la división del cuadro en dos partes se refuerza por la realidad existente, puesto que sabemos que más al Norte de la playa de los Quebrantos solamente está el Mar Cantábrico, y no los montes dibujados en el cuadro.

No estamos tan seguros respecto del momento y lugar en el que Marcelina realizó la obra. Los pintores de La Colonia solían pintar con la técnica “del natural”, que consistía en salir con unos básicos útiles de pintura a cualquier lugar donde realizar en la mayoría de las ocasiones un boceto o esquema. Posteriormente, lo finalizaban o copiaban en el estudio. A tenor de la fecha y el lugar de la firma, cabe la posibilidad de que esta obra fuera realizada parcial o íntegramente en Madrid tres años después de la muerte de Casto Plasencia, lo cual nos hace ver la influencia que tuvo el Bajo Nalón en los comienzos de la obra artística de Marcelina.

Desconocemos datos acerca del alojamiento de Marcelina en el Bajo Nalón durante los tres veranos que pasó en nuestro concejo, si bien sabemos (Cid Pérez, pág. 122) que su estancia se alargaba desde mediados de julio hasta principios de septiembre. Quizás alguien pueda aportar más información al respecto.

 Javier García Alonso – Juan José García González

 

Bibliografía:

Cid Pérez, María Dolores, Retrato de Marcelina Poncela, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2019.

Miranda Costales, José Carlos, Ellas en la Colonia Artística de Muros, Facebook, 18 de junio de 2025, https://www.facebook.com/josecarlos.mirandacostales

Crabiffosse Cuesta, Francisco, Edmundo Lacazette y Manuel Gimeno. Una hermandad fotográfica en Asturias, 1891-1901, Gijón, Muséu del Pueblu d’Asturies, 2021.


sábado, 13 de junio de 2026

NOTICIA HISTÓRICA DEL "MARQUESADO DE MUROS" (I). BIOGRAFÍA DEL PRIMER MARQUÉS DE MUROS Y ORIGEN DEL TÍTULO.

La primera persona en ostentar el título de Marqués de Muros fue don Constantino Fernández-Vallín y Álvarez-Albuerne, que nació en La Habana el año de 1830. Era hijo de D. José María Fernández-Vallín y García-Jove, de San Esteban, y de doña Rosa Álvarez-Albuerne y de la Torre, nacida en La Habana, aunque de padres también asturianos, oriundos de la zona de Luiña.

A los diez años fue enviado a realizar sus estudios a la ciudad suiza de Friburgo, al colegio que allí tenían los Padres Jesuitas, uno de los más famosos de Europa, donde estudiaban los hijos de las principales familias del viejo mundo. En 1846 se trasladó a Madrid para continuar estudios en su Universidad Central y un año más tarde regresó a La Habana, en cuya Universidad se licenció en Derecho en 1853.

En 1855 contrajo allí matrimonio con doña María de las Mercedes Alfonso Madán, perteneciente a una de las familias más influyentes y opulentas de Cuba, propietaria de varios ingenios azucareros.

En 1858 fue nombrado Agregado Diplomático a la Embajada de España en París, donde residió varios años, pero tuvo que abandonar la carrera diplomática en 1863 debido a una larga enfermedad. Tras pasar dos años en Cuba, regresó a Madrid en 1865 y allí empezó su vida política, afiliándose a la Unión Liberal. Cuando se produce en 1868 la revolución contra el gobierno de Isabel II, revolución conocida como “la Gloriosa”, don Constantino colabora con su fortuna y sus esfuerzos personales al triunfo de la misma, siendo uno de sus iniciadores y auxiliando desde los primeros momentos a sus amigos los generales Serrano y Dulce. En Asturias tuvo a su cargo, juntamente con el Marqués de Camposagrado y el brigadier Letona, la misión de secundar el movimiento revolucionario y lograr que se extendiese desde Galicia hasta nuestra región, Igualmente, junto con su hermano don Benjamín, fletó un vapor de nombre “Buenaventura” para que un grupo de emigrados revolucionarios pudieran viajar desde Cuba hasta Cádiz y sumarse allí a las fuerzas revolucionarias. En los primeros días de enfrentamientos, hacia el 26 de septiembre, don Benjamín, que era teniente coronel, fue detenido en la localidad cordobesa de Montoro, disfrazado y siendo portador de órdenes secretas para la guarnición que allí se encontraba. Se le formó un consejo de guerra y fue fusilado inmediatamente. Las tropas revolucionarias, al mando del general Serrano, vencieron a las realistas dos días más tarde en la batalla de Alcolea; la reina fue destronada y se exilió a Francia. El gobierno provisional nombró entonces a don Constantino Gobernador Civil de Asturias. Durante los meses que ejerció este cargo contó con la colaboración de un grupo de personas influyentes del Principado. Cuando juzgó que la provincia funcionaba con regularidad y que el orden estaba restablecido, consideró que podía ser más útil en Madrid y presentó la dimisión de su cargo como Gobernador; tuvo que reiterar esta solicitud de dimisión hasta en seis ocasiones, porque tanto el gobierno central como sus amigos y colaboradores le suplicaban que continuara en su cargo. Una vez que su dimisión fue aceptada, fue nombrado diputado por Asturias en la Cortes Constituyentes del año 1869. En varias ocasiones posteriores fue también diputado por la misma provincia, perteneciendo al Partido Liberal de Sagasta.

Una vez que Amadeo I de Saboya subió al trono de España, quiso rendir homenaje a don Benjamín Fernández-Vallín y así concedió el título nobiliario de Marqués de Montoro a su hermano y heredero don Constantino. Este, sin embargo, rogó que el título concedido fuera cambiado por el de Marqués de Muros, pueblo de sus antepasados, donde tenía ya su propia casa. Así pues, ostentó el título por el que lo conocemos desde entonces a partir del 17 de abril de 1871.

Amadeo de Saboya, rey de España de enero de 1871 a febrero de 1873, otorgó el título de Marqués de Muros a don Constantino Fernández-Vallín.

En los últimos años de su vida se alejó del ideario político de Sagasta e ingresó en el Partido Conservador de Cánovas del Castillo. Posada Herrera lo nombró, el 14 de diciembre de 1883, senador vitalicio, cargo que desempeñó hasta su muerte.

Falleció el día 5 de febrero de 1895 a las 6 de la tarde en su domicilio de la Calle Alarcón, 1, de Madrid. El Senado designó por sorteo a un grupo de doce senadores que compondría la comisión “para acompañar el cadáver del Excmo. Sr. Senador Marqués de Muros” a las 3 de la tarde del jueves 7 de febrero desde la casa mortuoria a la Estación del Ferrocarril del Norte para tomar rumbo a Muros, en cuyo Cementerio Municipal reposan sus restos, en su panteón familiar.

“Retrato del primer Marqués de Muros procedente de la Web del Senado de España”

A lo largo de su vida, su vinculación con Muros fue muy estrecha. Se sabe con seguridad que se desplazó a Muros desde París en el verano de 1861. Aproximadamente un año más tarde, compró a Nicolás Pulido Arcos la casa que había pertenecido en origen a la familia Álvarez-Baragaña. Realizó entonces una reforma de la misma sustituyendo puertas, balcones y entarimados y mandando construir un mirador en la cubierta y la torre posterior de ladrillo macizo rematada con un chapitel de zinc. Luego fue añadiendo a esta primera casa y finca otras fincas colindantes; algunas casas preexistentes fueron derribadas y sus propietarios alojados en otras nuevas. Poco a poco fue componiendo un espacio ajardinado que llegó a convertirse en un impresionante jardín, del que hablamos ya en una entrada anterior (pincha aquí para leerla). Para su trazado y organización contó con el jardinero luxemburgués Nicholas Feidt y, más tarde, con otro de origen francés, Jean Lebigot. La riqueza vegetal de la plantación era asombrosa.

(CONTINUARÁ)

Juan José García González – Javier García Alonso







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