sábado, 23 de mayo de 2026

LA PIEDRA DEL PUERTO

La piedra ha sido uno de los elementos fundamentales en la construcción del puerto de San Esteban. La diversidad de tipos y colores que nos podemos encontrar se podría explicar de forma sencilla por su procedencia, lo cual también podría indicarnos la época de construcción de cada muro o escollera.


En el Plano de la Ría de Pravia situada por observación la Punta de la Guardada, levantado en julio de 1786 por la Armada y firmado el 27 de noviembre de 1786 por Miguel de la Puente (capitán de fragata), ya aparece la ensenada de La Cantera, localizada en la pequeña bahía natural que existía entre la Plaza de Altamira y el cargadero nº 1.

Detalle del plano de Miguel de la Puente

También en el Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón recogimos en la subida del Candevillar el topónimo La Canterona, camino donde aún se aprecia la extracción de roca en diversos puntos de su recorrido.

Es de suponer que de estos dos lugares -y de otros no citados ahora- de San Esteban se hubiera extraído piedra para la construcción del antiguo embarcadero de San Esteban y las casas del pueblo.

La evolución desde el terreno natural que muestra el anterior mapa, hasta los muelles del puerto actual, se explica con el uso de millones de metros cúbicos de roca. Tan solo hay que pensar en los más de 5 kilómetros de muros y cantil que defienden a San Esteban de la subida del agua.

Pero, además, también debemos recordar que la grava y la arena (obtenidas a partir de la roca) son elementos necesarios para la producción de hormigón, como el utilizado ya en el primer tramo del Dique del Oeste a finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX. Desde ese momento el hormigón también ha jugado un papel fundamental en la estabilidad del puerto.


Fotografía del primer tramo del Dique del Oeste y el depósito de cientos de bloques de hormigón antes de ser lanzados al mar.

Entonces, ¿de dónde salió tanta piedra para la construcción del puerto? Tras la creación de la Junta de Obras del Puerto (JOP) en 1926, el Proyecto de Ampliación y Mejora obligó a continuar extendiendo el equipamiento portuario, no existiendo material suficiente en la zona para acometer dicho desarrollo. Las obras principales de mejora en ese momento se orientaban a diferentes lugares de San Esteban: por un lado, a la modificación y ampliación del dique exterior y, por otro, a la construcción del dique de encauzamiento del río. Tanto en un lugar como en el otro, el elemento principal a utilizar va a ser la piedra natural, lo que va a obligar a la Junta de Obras del Puerto a solicitar en abril de 1927 una concesión minera de la cantera de Peñamiel, dentro del concejo de Morcín y lindando con los de Riosa y Mieres.


En la cantera se aprecia el hueco de roca extraído para enviarla a San Esteban.

En la elección de la cantera de Peñamiel debieron jugar varios factores, siendo primordial el gran volumen a extraer, puesto que de ella estaba previsto sacar entre 2 y 4 millones de metros cúbicos de piedra. También debió ser importante la calidad de ésta, puesto que debía ser de gran calidad al estar sometida a factores externos que la degradarían. El tercer factor que sin duda resultó importante fue el transporte de la roca hace un siglo desde Morcín hasta San Esteban. Si bien la cantera estaba situada a 60 km de distancia, el hecho de que el ferrocarril Vasco Asturiano pasase por su perímetro facilitaba su transporte.

Pese a que la concesión de la cantera pertenecía a la JOP, era la Constructora Fierro, como adjudicataria de la obra, quien de forma efectiva la explotaba. Como el dique de encauzamiento del Nalón exigía menos condicionantes técnicos en su escollera, de la cantera de Peñamiel se conseguían rocas de tamaño suficiente para la obra. Sin embargo, para la construcción del segundo tramo del Dique del Oeste se precisaban (según el proyecto) piedras de más de 5.000 kg que dieran estabilidad al dique frente a las olas del mar. Por indicaciones de los ingenieros de la JOP se perfeccionó la técnica de extracción en la cantera, de cara a conseguir mayor cantidad de piezas de grandes dimensiones.

La de Peñamiel –nombre que podría estar motivado por la abundancia de colmenas en la zona- no fue la única cantera situada fuera de nuestro concejo, puesto que pocos años después de la concesión de ésta se planteó el proyecto de saneamiento de las marismas de La Junquera, en el cual fue necesaria la construcción de varios cientos de metros lineales de escollera.

La primera subasta de esta nueva obra quedó desierta precisamente porque ninguna empresa podía asegurar la puesta en San Esteban de la piedra extraída en la cantera de Peñamiel. Para hacer más fácil la segunda subasta, y teniendo en cuenta que dicha zona de La Junquera no está expuesta a las inclemencias del mar, se autorizó el uso de roca extraída tanto en la cantera de Peñamiel como en la del Piélago. Se trataba de facilitar el desarrollo de la obra puesto que el Piélago está situado a la salida del puente de La Portilla, en terrenos de Soto del Barco, lugar muy cercano a San Esteban y desde el que además podría transportarse dicha piedra en barcos.


La cantera del Piélago dio una característica caliza negra que contrasta por ejemplo con los tonos ocres de los muros de los cargaderos, cuya piedra sería posiblemente extraída en zonas cercanas. El nombre de esta cantera podría relacionarse con el latín PELAGUS > “piélago”, que en español es un sinónimo de “mar” y en asturiano tiene más bien el sentido de “remanso de un río”, “río”; cualquiera de las dos acepciones podría relacionarse con la ubicación de la cantera, cercana tanto al mar como al río, aunque más cerca de este.

En época más reciente se extrajeron también del concejo de Soto del Barco grandes cantidades de roca durante las obras de mejora del puerto y construcción de las piscinas de agua salada. El abundante hormigón utilizado en dichas obras fue hecho con áridos procedentes de la cantera del Sato, situada al lado de La Florida.

Javier García Alonso – Juan José García González

 

Bibliografía:

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022.

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia Asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Oviedo, Ed. Prensa Asturiana – La Nueva España, 2005.

Junta de Obras del Puerto de San Esteban de Pravia (1928): Memoria administrativa,1926-1927, Gijón, Junta de Obras del Puerto de San Esteban.

Junta de Obras del Puerto de San Esteban de Pravia (1928): Memoria que manifiesta el estado y progreso de las obras del puerto de San Esteban de Pravia1926-1927, Gijón, Junta de Obras del Puerto de San Esteban.

MARÍN TOYOS, José (1930): Memoria del estado y progreso del puerto de San Esteban de Pravia1928-1929, San Esteban, Junta de Obras del Puerto de San Esteban.

 


sábado, 9 de mayo de 2026

EL JARDÍN DEL PRIMER MARQUÉS DE MUROS

En la Biblioteca de la Universidad de Oviedo se conserva una pequeña joya bibliográfica por su rareza, de gran interés para la historia de Muros, indudablemente, pero también para la de la jardinería en Asturias, por la precisión y detalle a la hora de ofrecer los datos. Está escrita en francés y se titula “Catalogue des arbresfruitiers, d’ornement, arbustes, plantes, cultivésauchateau-ferme et vergers de Muros de Pravia (Asturies) Espagne, de la proprieté de S(on) E(xcellence) M(onsieur) le Marquis de Muros, Conseillerd’Agriculture, et Députéau Corps Législatif.”

Este pequeño libro de 24 páginas fue publicado en Madrid en 1876, cuando el título del Marquesado de Muros era ostentado por Constantino Fernández-Vallín y Álvarez-Albuerne, y gracias a él podemos conocer las excepcionales características de las plantaciones en los terrenos del marqués.

El nombre del autor de este opúsculo no aparece hasta su página final, donde firma así: “Muros de Pravia (Asturies). Le jardinier, Jean Me. Lebigot.”

A lo largo de sus páginas, de forma metódica y minuciosa, va enumerando las distintas especies que el autor identifica en la finca. Esta, como se ve en el propio título de la obra, “castillo-granja y vergeles”, es considerada en una doble vertiente de jardín –en este caso se trata más bien de un parque- por un lado, que podemos circunscribir al entorno de la vivienda, y vergeles, esto es, zona de frutales y explotación agrícola, por otro. En el espléndido trabajo de José Valdeón titulado Jardines clásicos de Asturias se reproduce un plano de la propiedad del marqués fechado en 1877, donde se mencionan expresamente los prados de siega, praderías de siega y heno, huerta, vergel y parque.


Para que pueda apreciarse la magnitud de la riqueza vegetal de la plantación que se reseña en la obra, enumeramos a continuación su contenido tal como va apareciendo en ella: 14 especies distintas de albaricoqueros (44 ejemplares), 24 de melocotoneros (53 ejs.), 9 de pavías (12 ejs.), 21 de cerezos (29 ejs.), 17 de ciruelos (20 ejs.), 3 de almendros (7 ejs.), 1 de nogal (1 ej.), 2 de nísperos (3 ejs.), 2 de membrillos (6 ejs.), 1 de naranjos (8 ejs.), 1 de limonero (2 ejs.), 2 de avellanos (3 ejs.), 93 de perales (271 ejs.), 78 de manzanos (279 ejs.), 84 de rosales (300 ejs.), 175 especies de árboles y arbustos de hoja caduca con 322 ejemplares, 25 especies de azaleas, 10 de coníferas con 37 ejemplares, 3 de plantas enredaderas, 1 de cactus –seguramente el que aparece expresamente señalado en el plano-, 5 de lilas (11 ejs.), 44 de plantas diversas (77 ejs.), 15 de pelargonios y 5 de árboles y arbustos diversos. Entre estos últimos figuran los 4 ejemplares de eucalyptus globulus que pasan por ser de los primeros plantados en Asturias. A todo esto, debe añadirse que en las pomaradas crecían 600 ejemplares de manzanos de Villaviciosa para sidra y 800 manzanos de Bretaña, Normandía y del país, también para sidra. Pero no se terminaba ahí la colección, porque, para concluir, el autor del catálogo hace la siguiente advertencia: “Habrá que añadir a este catálogo algunos cientos de árboles, arbustos y plantas de los que hay que reconocer sus especies. Se han omitido también muchas especies del país”. Es evidente que las propiedades del marqués eran pobladas, en aquel momento, por un conjunto excepcional de árboles, arbustos y plantas de adorno, tanto por su cantidad como por la variedad de especies, algunas muy poco habituales en la zona.

Según información de Valdeón en la obra citada, el primer Marqués adquirió la finca de su residencia y otras contiguas hacia 1862, reformando una de las construcciones como vivienda principal e instalando en el tejado de la misma un mirador que desapareció en una reforma posterior:


Dice Valdeón: “Para el trazado del jardín y organización de los campos de frutales contó con el luxemburgués Nicholas Feidt. La intervención de este puede considerarse como la primera en Asturias en la que el empleo de las especies ornamentales supuso un hito en la historia del jardín en el Principado. Las plantaciones de manzanos y perales… fue también pionera en su género y modelo para otras muchas acometidas más tarde”. El mismo autor plantea que el jardín fuera rediseñado, posteriormente, por Grandpont, jardinero traído de París por los hermanos Selgas para trazar los de su quinta de El Pito. Pero lo que parece que no puede negarse es que, en 1876, año de la publicación del catálogo del que venimos hablando, J.M. Lebigot era el jardinero encargado de la propiedad del marqués. Es probable que se hiciera cargo del cuidado del jardín algunos años después de haber sido plantado, pues habla de la necesidad de incluir en el catálogo bastantes plantas que quedan por reconocer; parece lógico pensar que, si él las hubiera plantado tras encargarlas o comprarlas en los viveros, tal reconocimiento no sería necesario, pues conocería las especies de antemano.

En los ciento cincuenta años transcurridos desde la fecha de edición del libro comentado hoy, 1876, se han producido bastantes cambios en la propiedad y el uso de parte de los terrenos. En la antigua residencia del marqués se ha instalado el “Hotel Boutique Villa del Marqués”, que sigue disfrutando de la parte del jardín designada en el plano como “parque” y en la que pueden verse todavía, y hoy con gran porte, bastantes de los árboles plantados en el XIX, como la impresionante haya roja cercana a la entrada del recinto: 

Otras zonas de la antigua propiedad continúan en poder de las descendientes del propio marqués y han sido objeto de nuevos proyectos de jardinería que las convierten en espacios de gran belleza. Como ejemplo de ello podemos decir que, cuando se publica este artículo, estamos justo a tiempo de disfrutar de los últimos días de la floración de las glicinias blancas plantadas a ambos lados de la conocida como “recta de la Casona”.

 

Juan José García González – Javier García Alonso

 

Bibliografía:

García González, Juan José, “El jardín botánico del Marqués de Muros”, La Ilustración Asturiana, (segunda época), nº 25, pág. 8.

Valdeón Menéndez, José, Jardines Clásicos de Asturias, Oviedo, Cajastur, 1999, págs. 96-105.




LA CREATIVIDAD DE MARCELINA PONCELA EN EL BAJO NALÓN

El interés patrimonial de nuestro concejo no se circunscribe a los bienes tangibles que nos encontramos en el puerto de San Esteban, en el P...