sábado, 9 de septiembre de 2023

NOMBRES SINGULARES DE CAMINOS (I)

En anteriores entradas ya hemos comentado el nombre de algunos caminos públicos como el de El Toral que comunica Villar con el aparcamiento de la Playa de Aguilar o el camino de La Fábrica entre La Veiga y El Parador.

Con la tramitación del nuevo Inventario de Caminos del concejo que está llevando a cabo el Ayuntamiento de Muros de Nalón, está apareciendo mucha información al respecto. Queremos aportar nuestro granito de arena analizando el nombre de aquellos caminos que tienen entidad propia y singular, y que por lo tanto son relevantes en cuanto a la toponimia. Se omiten intencionadamente aquellos otros caminos cuya denominación alude a una zona (por ejemplo, camino de Aguilar) puesto que en esos casos se le está asignando al camino el nombre de la zona o lugar por donde este discurre. 


Un caso distinto a lo anterior es el del Candevillar, camino ilustre que une San Esteban y Muros de forma rápida y directa. En el Apeo de los bienes de D. Diego de Miranda como señor de la Casa de Miranda de 1631 se cita un “término de Candebillar” (Fierro, pág. 210). Hay un lugar en Babia denominado Candemuela para el que se documenta una designación medieval “campo de mola” por “campo de muela” (García Arias, pág. 676). Proponemos que Candevillar podría ser, de forma paralela, “Campo de Villar”, refiriéndose este Villar, topónimo que habría desaparecido ya en esa zona, “a un conjunto de dependencias de una antigua villa o establecimiento para la explotación agrícola”.

En la traza del Candevillar existen diversas canteras que seguramente proporcionaron piedra para la construcción. Esta actividad extractiva quedó inmortalizada en la toponimia de la zona a través del topónimo La Canterona. Hoy en día caminar por el Candevillar es seguro y cómodo gracias a su buen firme, pero no hace muchos años era un camino de tierra que se volvía impracticable por la abundancia de agua. Tal es así que a la mitad del camino nos encontramos la que muchos denominan “La Fuentina”, con agua durante casi todo el año.



Uno de los caminos públicos más singulares de Muros es la Cuesta Arango o Calea Arango, como decían los antiguos en otras épocas en las que aún no estaba aglomerado. Se desconoce la procedencia del “Arango”, si bien es muy posible que sea un antrotopónimo, con algún tipo de vínculo en La Veiga, puesto que esa zona en el pasado se conocía como Vega de Arango. El topónimo Arango, al igual que Aranguín, ambos bien conocidos en el concejo vecino de Pravia, derivan de la voz prerromana *ARA, con el significado de “río” (García Arias, pág. 189); con el tiempo, como tantos otros nombres de lugar, se convirtió también en apellido.


En la Cuesta Arango existe un ramal, en su parte inferior, que va a Los Carbayones, y cuyo tramo era conocido como la Calea Los Tintos, por vivir a mediados del siglo XX una familia con ese sobrenombre en la casa que se encuentra pegada al mismo.



Los términos caleya y calea, del latín CALLICULAM, diminutivo de CALLEM, “calle”, tienen en asturiano el mismo significado y designan una calleja, un camino estrecho, malo, pedregoso, sin asfaltar. La forma caleya está más extendida y su variante calea es la que se emplea en el concejo de Muros, al igual que en otros cercanos como Pravia, Candamo, Grado, Carreño o Valdés.

También en esa zona el Camino de Santiago recibe diferentes nombres propios. Así, el tramo que desde la Calea Los Tintos baja a La Pumariega es conocido como Camino de los Carbayones, por haber existido en dicho cruce unos grandes carbayos hasta no hace muchas décadas. Y de igual forma el camino entre La Pumariega y Era se denomina Camín de Pando, en el cual existía una fuente y lavadero preciosos que se llevó por delante la construcción de la Nacional 632 en los años ochenta. A partir de documentación histórica sabemos que Pando es un nombre de la zona muy antiguo puesto que ya aparece citado en el Apeo de los bienes de D. Diego de Miranda como señor de la Casa de Miranda de 1631. Es de suponer que en aquella época se conociera por Pando una zona concreta de La Pumariega, y que con el paso de los años quedara desvirtuada, manteniéndose el nombre de Pando en el camino. Ese topónimo Pando es bastante común en Asturias y se remonta al adjetivo latino PANDUS, -A, -UM, que significaba tanto “arqueado, alabeado” como “abombado, cóncavo” (García Arias, pág. 158), características todas ellas que reunía el antiguo camino.



(Continuará en una próxima entrada)

 Javier García Alonso - Juan José García González

 

Bibliografía

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005.

González-Fierro Ordoñez, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953.


sábado, 26 de agosto de 2023

EL CASTIELLU Y LA LEYENDA DE SU XANA

El Castiellu es uno de esos lugares de nuestro municipio que no necesita presentación, con esa presencia impactante de roca enorme que separa las playas de Aguilar y Veneiro y limita a esta por el Oeste y a aquella por el Este.


Playa de Aguilar y al fondo El Castiellu, el pasado 18 de agosto de 2023 a las 19:00

Félix Fierro (pág. 22) la describe, en la fecha de su libro -1953- “en su mayor parte revestida ya de vegetación y puede ascenderse por ella cómodamente, hasta ver en lo alto las ruinas de una edificación, que, sin duda, fue la que le dio nombre”. Difícil nos parece, sin realizar una excavación arqueológica exhaustiva de la zona, concretar el carácter y la datación de estas ruinas, si alguna se conserva todavía hoy.

Como dijimos ya en otra entrada anterior de este blog, Toponimia en los alrededores de “El Campón”, de 11 de febrero de 2023, El Castiellu conforma, junto con el castro de El Campón y otros lugares cercanos a ellos, un área arqueológica digna de estudio. La propia etimología de El Castiellu lo confirma. Según recoge García Arias (pág. 552-553) “sobre CASTRUM se había formado también en latín un derivado CASTELLUM, término que, además de aludir en ocasiones a algunos aspectos oronímicos, como lugares escarpados o de difícil acceso y sin indicio alguno de habitabilidad, en otras se refiere a construcciones defensivas”. No puede negarse que la primera de las acepciones conviene a nuestro promontorio, pero también, sin duda, la segunda, y con mayor motivo por el contexto en que se localiza. Interesante a efectos de probar su antigüedad es el hecho de que nuestro topónimo conserva la forma asturiana, El Castiellu, con el diptongo –ie- y la –u final, dado que una forma castellana El Castillo, si bien podría ser fruto de un influjo castellanizante, también podría ser prueba de creación más tardía.

                    

Existe, además, nos parece, un elemento que confirma la importancia arqueológica de este lugar y es la existencia de una leyenda vinculada a él, cuya protagonista es uno de los seres más queridos de la mitología asturiana, la xana. Además, aparecen en el transcurso de la leyenda diversos elementos que se repiten en las múltiples leyendas vinculadas a castros (tesoros escondidos, tijeras u objetos de oro o plata, fuentes, etc).

Efectivamente, como la mayoría de nuestros lectores conocen, tenemos la suerte de contar entre nuestras tradiciones con la leyenda de la xana del El Castiellu. Ha llegado a nosotros por transmisión oral, primero, y recogida por escrito, después, por el eminente folclorista asturiano Aurelio de Llano en su obra de 1922 Del Folklore Asturiano. Para que todos puedan conocer la leyenda tal cual la recoge este autor, la reproducimos literalmente a continuación. La titula “La Xania del Castiellu de Aguilar”. Respetamos la forma Xania, tal como aparece siempre en el texto citado; solo en este caso, en el que se recoge la leyenda de Muros, aparece tal forma con –i-. En los otros 12 testimonios de leyendas de xanas recogidas en el libro aparece siempre la forma habitual, xana. Según el propio Del Llano (pág. 28) xania es la voz con que se denomina a este personaje mitológico en los concejos de Muros y Cudillero. Transcribimos el texto:

“En la cueva del monte Castiellu que está junto a la playa de Aguilar en Muros de Pravia, vive una Xania encantada. La encantaron sus padres porque cometió una falta muy grave.

Y no podía salir de su encantamiento mientras no se presentara un caballero valiente que la bajara en sus brazos desde la cueva a la playa, sin detenerse en el camino y sin dejarla caer al suelo.

El hombre que hubiera hecho esto se haría dueño de muchas riquezas, porque la Xania le regalaría el tesoro que guarda en la cueva envuelto en un pellejo de buey pinto. Dice una copla:

En Castiellu de Aguilar,

donde trigo se mayaba,

hay un pellejo güey pinto

lleno de plata labrada.

La Xania jugaba en la playa a los bolos con bolero de oro. Devanaba ovillos con el hilo que salía por el ojo de la fuente que está cerca de la cueva, y tendía su pequeña colada en la falda del monte.

Una mañana, fue una mujer de Muros a segar hierba al prado del Castiellu y sorprendió a la Xania cosiendo. En cuanto ésta vio a la mujer, se metió corriendo en la cueva y dejó las tijeras olvidadas en el sitio donde cosía.


Después que marchó la mujer, la Xania salió a recogerlas y como no estaban donde las había dejado comenzó a cantar:

-Quien mis tijerinas de oro llevó

cocido y asado le vea yo.

Las tijeras las había llevado la mujer y por esta mala acción, le murió algún ganado y cayeron calamidades sobre su familia.

La Xania esperaba un año, otro y otro, y no llegaba un hombre que se atreviera a desencantarla.

Un día que estaba guarneciendo el dengue a la puerta de la cueva, pasó por allí un caballero, el cual le preguntó quién era y por qué estaba allí.

La Xania contóle su historia y le dijo lo que había que hacer para desencantarla.

El caballero se ofreció a sacarla de aquella situación, la cogió en sus brazos y echó a andar con ella en dirección a la playa. Y según se iba alejando de la cueva, la Xania iba desencantándose, y a medida que se desencantaba, crecía y aumentaba de peso.

El caballero corría, corría, viendo el milagro del desencantamiento, pero cuando iba llegando a la playa, oscurecióse el cielo, alborotándose las olas, y estalló una tempestad muy grande.

Con los relámpagos, los truenos y el peso de la Xania, que cada vez era mayor, el caballero se asustó y la dejó caer al suelo. Y como ella le había dicho que si la dejaba caer quedaba encantada para siempre, se volvió llorando a su cueva.

Y desde entonces acá, los vecinos de Muros de Pravia no han vuelto a ver jugar a los bolos en la playa a la Xania del Castiellu de Aguilar.”

Nuestra xana/xania reúne muchas de las características de este ser mitológico tal como lo define Del Llano. Según él son una especie de ninfas pequeñitas, de extraordinaria belleza, con el cabello muy largo, que visten el traje típico del país y son cristianas. Habitan en las cuevas y en las fuentes y algunas están encantadas. Poseen grandes riquezas y abundantes objetos de oro. Son dadivosas con quienes les prestan un servicio o las sacan de su encantamiento.

Hay diversas teorías sobre el origen remoto de las xanas. Unos las conectan con las ninfas de la mitología grecorromana y otros con las tradiciones celtas o de las ondinas de Germania. Del Llano dice (pág. 30) que “la Xana astur se confunde con las hadas de Sicilia, Irlanda, Bretaña, Francia y Escocia” y propone que su etimología remonta al nombre de la diosa romana Diana, la diosa de la caza y protectora de la naturaleza.



En el contexto de narración legendaria de esta historia hay un pasaje que alude a un hecho real y que no querríamos dejar de mencionar. Se dice que “una mañana, fue una mujer de Muros a segar hierba al prado del Castiellu”. Hace algunos años, una mujer, vecina de Villar, nos contaba que allá por los años 50 del siglo pasado, siendo adolescente, acudía con su madre a segar hierba a una parcela de la que eran propietarias situada en lo más alto de El Castiellu en su vertiente hacia Veneiro. Allí subían “agatando” por un pequeño sendero, un ramal del sendero que conduce hasta la punta del acantilado. Y después de segar teniendo el máximo cuidado de no despeñarse, llenaban sendos sacos con la hierba y emprendían el regreso arrastrándose sentadas por el sendero y con el saco de hierba a sus espaldas. El día que podían contar con la ayuda de la burrina, que dejaban atada a los pies del monte, a la altura del bar actual, cargaban en ella los sacos de hierba; si la burrina estaba ocupada en otras labores, madre e hija, cada una con su saco a hombros, subían por El Toral caminando hasta llegar a casa. ¡Así de valiosa era, en tiempos difíciles, hasta la última brizna de hierba! Nos contaron también que unos años antes, en la década de los 40, otro vecino de Villar quiso acercar su caballo provisto con sus parihuelas sendero arriba para facilitar el transporte de la hierba que había segado. A causa de la estrechez del sendero el caballo perdió pie, cayó sobre las rocas de la playa de Aguilar y allí perdió la vida.

Por cierto, y ya para terminar esta larga entrada de hoy, nos gustaría recordaros que están próximas las mareas cercanas al día de San Agustín; como sabéis, son unas de las más vivas del año y, con un poco de suerte, cabe la posibilidad de bordear toda la base de El Castiellu pasando a pie desde Aguilar a Veneiro, lo que es una experiencia muy atractiva.


 Juan José García González – Javier García Alonso


Bibliografía

García Arias, XoséLluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005.

González-Fierro, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953.

De Llano Roza de Ampudia, Aurelio, Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres, Talleres de Voluntad, Madrid, 1922.





 

sábado, 12 de agosto de 2023

LA COSTA DE LAS LLANAS Y CHALANOS: HOY Y HACE MÁS DE CIEN AÑOS

Recientemente nuestro vecino José Carlos Miranda Costales ha compartido diversas imágenes tomadas por la cámara de Francisco Martín Pino, el que fuera boticario de Muros entre los siglos XIX y XX y gran aficionado a la fotografía. Este material constituye una muy interesante fuente de información para ver y analizar cómo era nuestro concejo hace más de un siglo. Centrándonos hoy en dos de esas fotografías analizaremos un trozo de nuestra costa.


La primera de las fotografías fue tomada desde la Playa de Las Llanas, orientando la cámara hacia el Norte, hacia la Playa de Los Chalanos. La toma está realizada a media marea por lo que aparecen descubiertas algunas rocas, como sucede con Las Baixas (al fondo de la imagen), piedras hermanas y paralelas de unos 50 metros de longitud y cuyo nombre procede de la escasa altura que tienen, quedando cubiertas en cualquier pleamar.



Las Baixas quedan separadas de tierra por el 
Campo de Las Llanas, superficie de cerca de una hectárea formada por grietas y “carreiros” (carreru: (DALLA) Pasu [ente baxos, ente peñes per onde pue pasar una barca, una llancha]). Se aprecia también en el centro de la fotografía El Finso, tal y como se nombra en Muros y que podría coger su nombre por la similitud que tiene en su forma, alargada y estrecha, con los “finsos”, los mojones utilizados para deslindar fincas. Con la mar baja se puede acceder a dicha peña para pescar en su punta, existiendo en su entrada un buen pozo para bañarse.



En esa fotografía antigua y delante de las citadas piedras encontramos el famoso Pozo del Carbón, así llamado por los restos de mineral que aparecían en la zona, y en el que era habitual el baño. En el primer término de la imagen se pueden apreciar las múltiples piedras de tamaño medio que forman una superficie discontinua sobre la que caminar, y que podrían ser la razón del nombre de la Playa de Las Llanas (del latín PLANAS, “llanas”).

A la derecha de la imagen el acantilado nos tapa Los Peñones, también conocidos como Cagariteiros por ser parada habitual de nuestras aves, y donde no era extraño ver a los pescadores de caña quedar encerrados durante la pleamar, aunque sabían que con la altura de esas peñas no peligraba su vida.

La segunda de las fotografías está sacada a medio camino entre Las Llanas y Los Chalanos. Al fondo de la imagen se aprecia el característico acantilado del Espíritu Santo. También se distingue el acantilado de El Ordial, ambos sin rastro de árboles, siendo ésta una de las grandes diferencias con nuestra época, debido al abandono de las tareas agrícolas y ganaderas.



Resulta muy relevante la zona derecha de la fotografía, donde se aprecia el acantilado más cercano, que nos oculta El Llombo`l burro, característica peña que, a modo de montura, nos permite pescar sobre el pozo de La Piedriquina, pequeña piedra que tan solo descubre a bajamar, situada unos metros más adelante. Vemos por tanto cómo en este siglo el acantilado ha sido erosionado por el mar permitiendo en la fotografía actual ver El Llombo´l burro. Este retroceso es lento pero constante, produciéndose por la disgregación del acantilado. Al contrario, la dureza de algunas de las rocas que hay en su interior evitan su desgaste y arrastre, tal y como se aprecia en la piedra de la esquina inferior derecha, que sigue estando en el mismo lugar de la playa un siglo después, aunque apreciamos que ahora girada sobre sí, a tenor de la veta blanca que tiene.
No se logra apreciar en la fotografía el Pozo del Zurdo, pequeño charco situado en el límite con Los Chalanos, ni tampoco las peñas de Aguadul y Anguilera, ricos caladeros a los que cruzaban nuestros pescadores en el pasado. Nos gustaría dejar reflejado que algunos vecinos de Muros denominaban a la playa de Chalanos también como Aguadul, debido posiblemente al reguero de agua dulce que en ella desemboca.



Finalizamos así un breve viaje por un tramo de nuestra hermosa costa, analizando las semejanzas y diferencias entre fotografías que distan más de un siglo.


 Javier García Alonso - Juan José García González

 

Bibliografía

Diccionariu de la llingua asturiana. Consultao n’ https://www.diccionariu.alladixital.org/

Miranda Costales, José Carlos, Francisco Martín Pino. Fotógrafo y boticario. Junio 2023. Publicado en https://www.facebook.com/josecarlos.mirandacostales?locale=es_ES

sábado, 22 de julio de 2023

LO QUE LA RIVEIRINA ESCONDE

En la costa murense existe un pedrero que encierra muchas interrogantes e incógnitas, pasando desapercibido ante la imponente belleza de nuestras playas más conocidas. "La Riveirina", tal y como la recoge Félix Fierro (p. 14 bis), está situada a medio camino entre Veneiro y Las Llanas. Su acceso es difícil y en algún momento peligroso, y puede realizarse bajando por el acantilado desde el castro de El Campón o cruzando toda la playa de Veneiro; es un lugar frecuentado tan solo por pescadores que acuden a “calar” a los buenos pozos de Rabaduga (también Raboduga) y las Puntas de Veneiro.



En el acantilado de La Ribeirina existe una mina que tiene una galería horizontal de unos 15 metros de longitud en la que cabe perfectamente una persona, tal y como pudimos comprobar recientemente en compañía de nuestro vecino Adolfo García Alonso.


En sus paredes se aprecia un corte limpio del mineral, existiendo algún agujero recto y profundo producido por el uso de modernos barrenos, lo cual puede darnos idea de su reciente explotación. También se pueden apreciar en el techo unos pequeños agujeros utilizados para entibar la galería. Una mina de estas características coincidiría con la descrita en los relatos de nuestros mayores, quienes nos indicaban la existencia de una explotación minera en la zona de Veneiro, excavada a mitad del siglo XX. Por ellos sabemos que en dicha mina trabajó temporalmente Tomás “el de Gloria”, o que el mineral lo transportaban a través de la playa, debiendo acarrear lo extraído durante más de quinientos metros de difícil camino entre rocas y arena.

Pero la mina no es la única sorpresa oculta que guarda La Ribeirina, puesto que al salir de la mina resultó llamativo descubrir un pequeño agujero de unos diez centímetros de radio en la cúspide de una prominente piedra del acantilado. 


Al observar de cerca la roca, se aprecia que no se trata solo de un orificio, puesto que en su parte inferior existe otro semiderruido y con una orientación diferente. Ambos agujeros traspasan completamente la roca de lado a lado. Nuestros conocimientos no nos permiten asegurar si se trata de orificios naturales de la piedra o artificiales. Si nos decantásemos por la segunda opción, automáticamente deberíamos plantearnos: ¿con que finalidad fueron realizados dichos agujeros? Mientras llega el momento de que algún experto analice el lugar y los orificios, tan solo se nos ocurre plantear algunas hipótesis al respecto.                                                                                       

A priori podríamos pensar que los agujeros tienen relación con la explotación minera de mediados del siglo XX, pudiendo servir de amarre o fijación para la subida de material.


Pero esos agujeros también podrían remontarse a una época mucho más antigua y estar vinculados a los pobladores prerromanos del castro de El Campón, situado a escasos metros en lo alto del acantilado. Por su situación la visibilidad es inmejorable: hacia el Oeste divisamos El Rabión (Rebeón) de Lamuño, mientras que hacia el Este podemos ver la Peña La Deva y más al fondo el Cabo Peñas. Además, la topografía del perímetro de la piedra es dominante, al estar elevado del resto a modo de altar. Tal es así, que para llegar a la piedra hay que caminar por un pasillo (natural o artificial) resguardado por la roca.

 


Por si lo anterior fuera poco, a los pies del agujero existe una mancha negra generada posiblemente por hogueras y que podría estar relacionada con el orificio inferior. Todas estas señales podrían ser indicios, en el entorno de la piedra, de algún tipo de actividad ancestral relacionada con el castro.

Si analizamos la orientación aproximada de los orificios, el orificio inferior, pese a estar derruido por uno de sus lados, está orientado aproximadamente a la salida del sol en el solsticio de verano, que curiosamente coincide con la zona de la Peña La Deva (Diosa celta relacionada con el agua), donde también existe un castro, el denominado “La Punta del Moro”.


El orificio superior va en dirección Este – Oeste con una ligera inclinación que sube hacia el Oeste. Sabemos que en invierno el sol sale y se pone más al Sur de lo que lo realiza en el verano. Por ello, habrá que comprobar si en ese agujero coincide la puesta de sol en algún momento del año (equinoccios, solsticio de invierno, etc).

De lo expuesto hasta aquí puede deducirse que, en esta entrada de nuestro blog, existen más dudas que certezas respecto de un lugar que diríamos es espectacular por su belleza natural, peculiar en cuanto a su topografía y enigmático respecto a los símbolos que percibimos a simple vista, y que quizás pudiera haber sido utilizado por nuestros antepasados como lugar de vigilancia costera, peña sagrada (o ritual) u observatorio solar. Confiamos en que, al hacerlo público y llamar la atención sobre él, algún experto (arqueólogo, historiador, etc.) se interese, lo estudie y pueda aportar más información y avanzar en alguna de las hipótesis que dejamos aquí planteada.

  

 Javier García Alonso - Juan José García González

 

 Bibliografía

 

Camino Mayor, Jorge, Los castros marítimos en Asturias. RIDEA, Oviedo, 1995.

Fanjul Peraza, Alfonso, Los Astures y el poblamiento castreño en Asturias (Tesis Doctoral), Universidad Autónoma de Madrid, 2014.

González-Fierro, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953.

Web Arqueoastur.com (consultada el día 15/07/2023)



sábado, 8 de julio de 2023

MÁS SOBRE FITOTOPONIMIA DE MUROS (III)

Continuando con el análisis de la abundante y variada presencia de topónimos en nuestro concejo originados a partir de nombres de vegetales, le llega su hora a El Ordial, una amplia zona hoy boscosa, situada en la línea de costa entre L’Atalaya y el Espíritu Santo. Que el bosque esté presente en un territorio cuyo fin no debió de ser originalmente el aprovechamiento maderero es algo bastante frecuente, una vez que los hábitos agrícolas se han modificado de forma tan notable, especialmente en los últimos cien años, más o menos, por mencionar una cifra redonda.


El origen del topónimo El Ordial, al igual que el de otros topónimos asturianos como Ordiales –también apellido- (en Godina, Pravia), Ordaliegas (Grado) y Orderias (Cudillero) estaría, según García Arias (p. 390), en el latín HORDEUM, “cebada”, de manera que El Ordial sería un abundativo con el significado de “lugar plantado de cebada, cebadal”. Algunos lectores de nuestro blog comentaban a propósito de una entrada anterior, hablando de este topónimo, que recordaban haber oído una forma alternante a esta, El Urdial, lo que es perfectamente posible, habida cuenta de la facilidad con que la vocal /o/ se cierra en /u/ en asturiano; no obstante, el hecho de que el étimo latino presente una /o/ y que los topónimos de él derivados la tengan también parece corroborar que esa es la pronunciación más general.

En el vecino Somao existe también, en una de sus partes más altas, una zona denominada El Ordial. Carmen Requejo (p. 103), aunque partiendo del mismo étimo latino con el significado de “cebada”, sugiere que podría ser un lugar donde pudiera plantarse también otro cereal como escanda, centeno o mijo. 

Parece razonable preguntarse hasta qué punto hay una relación estricta entre el vegetal que da nombre al lugar, la cebada, y la planta realmente allí cultivada. Hemos revisado las escasas fuentes antiguas sobre el concejo que pudieran darnos alguna pista. Así, en las respuestas al Catastro de Ensenada, fechadas en enero del año 1752, se mencionan los diversos productos agrícolas del Coto y Jurisdicción de Muros. En el capítulo de los cereales aparecen la escanda, el maíz, el alcacer y el centeno, pero en ningún momento figura la cebada. En el Diccionario de Madoz, de 1845-1850, se dice lo siguiente (s.u. MUROS): “Produce maíz, habas, escanda, trigo, patatas y otros frutos” y (s.u. MUROS, STA. MARÍA) se ofrecen datos interesantes relacionados con el cultivo de los cereales. Así, habla de la existencia de “terreno común para rozo y pasto de ovejas, pudiendo un vecino acotar una porción y cerrarla para sembrar centeno, pero recogido el fruto lo debe dejar abierto”; también se informa de que se recogen “720 fanegas de escanda y trigo” -la fanega, como medida de capacidad, equivale a 55,5 litros- y de que existían “algunos pisones para limpiar la escanda”. La conclusión de estas revisiones es que la cebada no se menciona en ninguna de las dos fuentes. Sin embargo, sí tenemos constancia por transmisión oral del cultivo de cebada en Muros a mediados del siglo XX. Este cereal era muy apreciado para alimentar a los bueyes o gallinas, porque les aportaba mucha energía sin producir un aumento de grasa, algo que sí provoca el maíz.


Si repasamos muy someramente las características de estos cereales que venimos citando, podríamos decir que la cebada fue ya conocida por los griegos y los romanos, que la utilizaban para elaborar pan; pero a medida que el trigo y la avena, también conocidos desde antiguo, fueron abaratando su precio, dejó de elaborarse poco a poco el pan de cebada, aunque perdura para el consumo humano en algunas zonas del planeta. Su uso principal en la actualidad es la elaboración de diversas bebidas: cerveza, whisky y ginebra. La escanda es una especie común del trigo, la más importante para la humanidad en la antigüedad, pero actualmente casi se ha extinguido y se cultiva solo en algunas regiones de la India y, curiosamente, en Asturias, razón por la que su consumo no nos resulta del todo ajeno. Por su parte, el centeno se cultiva por su grano o como planta forrajera y, si bien pertenece a la familia del trigo, se relaciona estrechamente con la cebada. En fin, el alcacer designa a la cebada verde, cuando todavía es hierba.
¿Qué se plantaba, pues, en El Ordial? Nos parece que sería aventurado ofrecer una respuesta concluyente a la vista de los datos de que disponemos. Quizá el alcacer, que es lo más cercano taxonómicamente a la cebada, pero quizá cualquiera de los otros cereales mencionados, excepción hecha, naturalmente, del maíz, claramente diferente. En este segundo caso, el término latino HORDEUM, con el significado originario preciso de “cebada”, habría ido evolucionando hasta aludir, genéricamente, al concepto de cereal, de planta de la que puede obtenerse harina para hacer pan.


Y para concluir nuestro acercamiento toponímico de hoy, no querríamos dejar de recordar que, a partir de las tierras de labor denominadas El Ordial, se le puso ese mismo nombre a las rocas situadas en el mar al norte de esas tierras y también al Pozo del Ordial, frecuentado como lugar de pesca.


 Juan José García González – Javier García Alonso


Bibliografía
 

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005

Madoz, Pascual, Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Asturias. (ed. facsímil), Ámbito ediciones, Valladolid, 1985

Pérez de Castro, José Luis, “El Coto y Jurisdicción de Muros, según el Catastro de Ensenada”, Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 96-97, 1979, 269-284

Requejo Sánchez, Carmen - Álvarez García, Cándido, Somao. Los nombres de nuestro pueblo, Parroquial Rural de Somao, Llanera, 2019


sábado, 24 de junio de 2023

LA TEYERA / LA TEJERA

Por todos los vecinos es conocida una zona anexa a las actuales escuelas de Muros denominada La Tejera, en la que existieron vestigios de esa actividad industrial hasta mediados del siglo XX. 

Sin embargo existen pocos datos acerca de la existencia de otra tejera en la zona de la estación de tren de Muros. La toponimia, una vez más, nos sorprende dando este nombre a tres fincas de diferentes propietarios. Conocemos su ubicación aproximada gracias a los linderos de las fincas, si bien es verdad que no exacta puesto que la construcción de la caja de las vías de la estación a mediados del siglo XX produjo alteraciones importantes en el terreno. 

"La Tejera" no solo aparece en esos títulos de propiedad, sino que se menciona también en una parcela catastral colindante con la estación.




Aunque el topónimo aluda claramente a la producción de teja, hay que recordar que en las tejeras asturianas también solían elaborarse ladrillos, llegando a producirse en algunas de ellas baldosas o tubos de canalización cerámicos.

Una de las fincas objeto de análisis, tiene en su escritura una segunda denominación, “La Cuyaratera, lugar y fuente por todos conocida, cuyo nombre deriva de las cuyaratas (renacuajos), que allí abundaban y que dista no más de 200 metros del posible lugar donde se situaría la tejera. Hasta hace unos veinte o treinta años era muy fácil observar, en la propia fuente y especialmente en el abrevadero que había a su lado izquierdo, multitud de esas cuyaratas, cuyo nombre proviene de su semejanza formal a las cuyaras (cucharas), y de tritones con sus llamativos y brillantes colores. El topónimo La Cuyaratera debe ser bastante antiguo y figura ya mencionado en un documento de la iglesia de Muros de 1789 (Fierro, pág. 163).


Si continuamos unos metros más allá de La Cuyaratera, en dirección a El Salgueiro nos encontramos con otro topónimo que posiblemente guarde relación. Se conoce por Las Barreras a una zona entre El Escorial y El Palomar donde en su día se extraía barro, un topónimo mencionado también en el citado documento de 1789 (Fierro, pág. 165). Quizás los mayores recuerden los grandes pozos fruto de la extracción del barro y se acordarán de ellos sin duda muchos vecinos de Somao que cruzaban esa finca a modo de atajo para bajar a la playa de Aguilar partiendo desde El Palomar y siguiendo luego por el camino de El Toral . Los jóvenes ubicarán esa zona más fácilmente si les indicamos que allí existió hace unos años un restaurante llamado “La Bluga”. Hay testimonios orales de la extracción de barro de la finca, y esos huecos fueron visibles hasta muy avanzado el siglo XX, tal y como se aprecia en la siguiente imagen.Se rellenaron cuando se edificó la vivienda que ahora se encuentra en la finca.


Debido a su cercanía, cabe la posibilidad de que Las Barreras y La Tejera estuvieran relacionadas, en cuyo caso también lo estaría la Fuente de La Cuyaratera, puesto que en el amasado de la arcilla se necesitaba agua.


Un cuarto topónimo que habría que valorar en relación con el proceso de transformación del barro sería “Arroxinas”, también conocido como “Roxinas”, término con el que se conoce a la antigua ería situada al Sur del Taracedo, y actualmente dedicada a prado. El topónimo podría derivar del término “arroxar”, que en su tercera acepción el Diccionariu de la Llingua Asturiana lo define como “Cocer [lo que s’amasa]”, y que perfectamente podrían ser tejas o ladrillos.

Lo más curioso de todo lo dicho hasta ahora es que podemos suponer que dicha tejera ya funcionaba en el año 1631, apareciendo citada en el Apeo de los bienes de D. Diego de Miranda. En dicho documento se cita en varias ocasiones La Teyera, que puede situarse, sin ninguna duda, en el entorno de la estación de Feve:

“linda, por bajo, el reguero de la Teyera, y, de arriba, camino Real, y la casa de Pedro Gonzalez, y, de una frente, el mismo camino Real, y de la otra losa de Roxinas”

Casi con seguridad se puede afirmar que el denominado “reguero de la Teyera” es el arroyo que nace en la zona de la Cuyaratera y que pasando entre El Couz y El Taracedo acaba uniéndose en Los Dos Ríos (de ahí su nombre) con el reguero que baja del antiguo matadero.

Por el momento recuperamos el topónimo La Tejera en el  entorno de la estación, confiando que en el futuro aparezca documentación histórica que aporte más datos de tan ancestral oficio en la zona.


 Javier García Alonso - Juan José García González


Queremos agradecer la ayuda prestada por Juan Manuel Costales para posicionar una finca de su abuelo denominada La Tejera.


Bibliografía


Diccionariu de la llingua asturiana. Consultao n’  https://www.diccionariu.alladixital.org/

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022.

González-Fierro, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953.

sábado, 10 de junio de 2023

LA "FLORINDA" DE ROBLES VUELVE A CASA

Hace algo menos de dos meses el Museo de Bellas Artes de Asturias recibía ocho nuevos depósitos del Museo Nacional del Prado. Se trata de siete pinturas y una escultura que forman parte del denominado “Prado Extendido”, un procedimiento gracias al cual algunas obras del Museo Nacional pasan a disfrutarse en otras colecciones museísticas del territorio español.

Del conjunto de obras recién llegadas a Oviedo forma parte Florinda, de José Robles y Martínez (1843-1911), nuestro Robles, el de la Colonia de Artistas de Muros, el del Chalet de El Parador, el enamorado de la Playa de Aguilar, de la Fuente de Roque, de San Esteban y la desembocadura del Nalón…


Es un retrato bellísimo al óleo, de importantes dimensiones (92 x 56 cm.), pintado del natural, que representa a una niña que se llamaba realmente Florinda. Según José Tolívar (p. 93) había nacido en Proaza en 1883 y era hija de don Fernando Fernández Miranda, veterinario del lugar, y de doña Teresa Alonso Fernández.


Esta obra formó parte, seguramente, del envío de Robles a la Exposición Nacional de Madrid de 1895, a la de Barcelona de 1896 y a la de Gijón de 1899, donde obtuvo una medalla de oro.

El cuadro estuvo expuesto unos días en el escaparate del Bazar Masaveu de Oviedo y su belleza y calidad fueron noticia en el periódico “El Carbayón”. Su cronista de la época lo comenta así: “Contemplamos ayer (…) un nuevo cuadro del Sr. Robles, que es a nuestro modo de ver el mejor de cuantos se ha expuesto en el mismo sitio. Representa una aldeanita que el autor llama Florinda, que cubre su cabeza con un pañuelo anaranjado, su cuerpo con una gruesa camisa y encima de esta un corpiño de ramos bastante deteriorado, una falda descolorida por el largo uso y un mandil encarnado, que coge por los extremos con ambas manos y dentro del cual lleva una gran cantidad de lilas (…) La cabeza de la muchacha está admirablemente sentida y acusada con absoluta verdad en todos sus detalles, de tal modo que hace el efecto de la realidad. A ello contribuyen mucho sus grandes y hermosos ojos azules en los que se leen el candor y la inocencia en toda su fuerza (…) Aquella cabeza ruborosamente inclinada, mirando al espectador con dulces y tristes ojos, despierta toda la compasión que pueden despertar cuando se encuentran reunidas la belleza, la inocencia y el desamparo. El conjunto del cuadro es de lo más hermoso de color que he admirado de Robles (…)”

El propio Robles consideró este como uno de sus principales cuadros y así lo hace constar explícitamente en un informe autobiográfico redactado por él mismo y fechado el 15 de junio de 1907.

El resultado del cuadro debió gustarle tanto que realizó varias versiones. Por ejemplo, en agosto de 1892, en Borines, donde pasa unas vacaciones con su mujer y sus hijos, se le ve pintando una versión con la que concurre a la Exposición Universal de Chicago; en 1894 firma otra repetición, una obra que estaba presente en una colección particular ovetense en 1984 cuando José Tolívar publica su obra.

La versión que está ahora en el Museo de Bellas Artes de Asturias, de hacia 1893-1894, fue adquirida al propio Robles por el Estado en 1907 con destino al Museo de Arte Moderno y, después de varios percances, acabó colgando durante varios años en una pared del Consulado Español en Tánger. Tras un proceso de limpieza y restauración, tenemos la suerte de poder disfrutar de esta hermosísima obra a media hora de casa.

José Robles, sin ser asturiano, pues nació en Madrid, es una figura relevante en la historia de la pintura asturiana y, sin ser de Muros, es uno de los murenses más notables. En su faceta como periodista supo ver y resaltar el potencial turístico y económico de nuestro concejo, en general, y de la desembocadura del Nalón, en particular, como nos recordaba hace unos días Xuan Cándano. Y, por supuesto, jugó un papel muy importante en las actividades de la Colonia de Artistas.



Por todo esto, tener a Florinda de vuelta en Oviedo, y con ella a Robles, es un motivo de gran alegría. No dejéis de acercaros a visitarla, os encantará verla.


 Juan José García González – Javier García Alonso


Bibliografía

Cándano, Xuan, “Un proyecto para una pasarela y para un país”, Nortes, 22 de mayo de 2023.

Gutiérrez Márquez, Ana, Historia del Museo de Arte Moderno, 1898-1971, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2018.

Tolívar Faes, José, José Robles, pintor de Asturias, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1984.

Web del Museo del Prado (https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/florinda/904aaffa-706c-4c04-90f6-ddb0654eb2a8)





LA CREATIVIDAD DE MARCELINA PONCELA EN EL BAJO NALÓN

El interés patrimonial de nuestro concejo no se circunscribe a los bienes tangibles que nos encontramos en el puerto de San Esteban, en el P...