sábado, 22 de abril de 2023

HÓRREOS Y PANERAS DE MUROS DE NALÓN

El gran número de hórreos existentes en Asturias (más de 30.000), su distribución por la mayor parte del territorio, y el hecho de que no fueran concebidos únicamente para un uso de granero, hacen que el hórreo asturiano sea una construcción única en su especie a la que se debería reconocer el valor patrimonial que tiene.

Los hórreos son construcciones realizadas en su mayor parte de madera; ensamblada pieza a pieza, lo que permite su desmontaje; elevada para evitar la humedad y a los roedores; y que puede tener múltiples usos: granero, almacén, usos auxiliares, etc. Gracias a la evolución sufrida en su diseño a lo largo de siglos, tienen un grado de perfección en su estructura (ensamblaje y diseño compensado) que los dota de solidez y consistencia en el tiempo, y que nos permite disfrutar en nuestro concejo de ejemplares que rondan los 300 años de antigüedad. El pintor local Manuel Palacios, conocido en vida cariñosamente como Manolito el de la Platería y que plasmó con su paleta tantos rincones de nuestro concejo, refleja en este cuadro al óleo, fechado en 1956, cuatro hórreos de La Quintanina.


La panera es una evolución del hórreo aparecida a partir del siglo XVII con la llegada del maíz desde América, y las únicas diferencias entre una y otro son de tipo constructivo, para conseguir un mayor volumen de almacenamiento.


Sobre la etimología de hórreo se han ofrecido diversas propuestas, pero parece que lo más convincente es pensar que remonte a la forma latina paralela HORREUM. Durante la época del imperio romano, horreum podía designar cualquier lugar destinado a almacenar cosas, pero sin duda el uso más extendido de ese término era el de “granero de frutos y cereales”, uso que coincide bastante con el que el hórreo tiene en la zona norte de España y particularmente en Asturias.

De las designaciones de las partes del hórreo, unas tienen una etimología bastante clara, mayoritariamente latina, así muela (de MOLAM, “piedra de molino”), trabe (de TRABEM, “viga, poste”), pegollo (posiblemente de una forma de diminutivo *PEDICULLUM a partir de PEDEM, “pie”), subidoria (de SUBIRE, “subir”) o incluso liño, que podría descender de liña, por ser la pieza donde se encajan y “alinean” las colondras; pero hay otras, como aguilón, colondra, pilpayu, tenobia o engüelgo, para las que no resulta fácil encontrar un étimo claro.



En el Catastro del Marques de la Ensenada realizado en el año 1752 se indicaba que existían en el coto de Muros 146 hórreos de cuatro pies y 3 de seis pies. Vamos a suponer que al nombrar “hórreo de seis pies” se referían a una panera, pese a que el número de apoyos no es lo que diferencia un hórreo o una panera, sino la estructura de su cubierta.

El siguiente censo de hórreos del concejo que podemos consultar es el realizado por la Delegación del Ministerio de Educación en el año 1972, en el que aparecen un total de 128 construcciones, de los cuales 103 son hórreos y 25 son paneras. Por tanto, podemos apreciar cómo en un periodo de 200 años el número de paneras aumentó de 3 a 25, mientras que el número de hórreos disminuyó de 146 a 103. Esta renovación de paneras en detrimento de hórreos más pequeños y antiguos no es exclusiva de nuestro concejo, sino que fue habitual en toda Asturias, debida al aumento de las cosechas cerealistas, mejoras productivas, etc. (ejemplo de ello es la sustitución de un hórreo de poco más de 3 m por una panera de mayores dimensiones en “Las nueve vidas de la casa de la fuente”). El censo de 1972 también nos indica que 121 de los 128 hórreos tenían más de 100 años o, dicho de otra manera, que tan solo 7 hórreos habían sido construidos en el siglo XX. 

El último censo disponible es el Catalogo Urbanístico del concejo, aprobado en el año 2009. Suman en ese momento un total de 110 hórreos catalogados, de los cuales 85 son hórreos y 25 paneras. Si revisamos el Catálogo, podemos ver que se omitieron unos cuantos hórreos construidos recientemente (finales del siglo XX y comienzos del XXI), quizás por carecer del interés patrimonial necesario en aquel momento. Sin embargo, también se omiten 3 hórreos con un indudable interés histórico, que quizás por desconocimiento o error no fueron incluidos.


A día de hoy existen 99 hórreos y paneras de las catalogadas en 2010, y otras 15 construcciones que, pese a no ser catalogadas entonces, si deberían considerarse estructuralmente hórreos. En el siguiente mapa puede verse el total (114) de los hórreos y paneras del concejo, con una breve descripción extraída del Catálogo Urbanístico. Para ello tan solo hay que pinchar sobre los iconos naranjas y ver el desplegable.


Los hórreos tienen unas características particulares en función de la zona de Asturias en la que se localicen. Sin ánimo de ser exhaustivos, algunos de los rasgos más característicos de los hórreos de nuestro concejo son:

  • La utilización de teja árabe en la cubierta, al igual que sucedía en el resto de construcciones de la zona.

  • Existen abundantes puertas talladas con diferentes motivos y formas.

  • Es muy habitual encontrar las cabezas de los liños molduradas o talladas. En algunos (como en la siguiente fotografía) se estiman de gran antigüedad, asemejando a los canecillos románicos.


  • La existencia de corredores en la mayor parte de ellos nos indica la gran necesidad de almacenamiento de maíz, y por tanto la alta capacidad productiva de cereal en nuestro concejo. 


  • Existe un gran número de hórreos elevados sobre edificación auxiliar, al igual que sucede en toda la comarca centro-occidental de Asturias, y a diferencia de la centro-oriental, donde la mayor parte de los hórreos apoyan directamente sobre el terreno.

  • La mayoría de los hórreos y paneras del concejo cuentan con mandil (tablazón de madera que respeta el corredor) o tornaaguas (tablazón de madera hasta el tejado) para evitar la abundante lluvia de las borrascas atlánticas. En la siguiente imagen puede apreciarse mandil en el lado izquierdo y tornaaguas en la esquina derecha.


  • También son habituales en el Bajo Nalón los hórreos sobre los que avanza su cubierta en uno de sus lados a modo de tendejón. 


Nos gustaría que todo lo dicho hasta aquí contribuyese a darle al hórreo el gran valor histórico y patrimonial que tiene en nuestra cultura, motivo por el que debería pervivir en el futuro.


 Javier García Alonso - Juan José García González


Bibliografía

Catálogo Urbanístico. Web del Ayuntamiento de Muros de Nalón (consultado el día 16/04/2023).

Coto y Jurisdicción de Muros, Respuestas Generales Marques de la Ensenada, PARES, 1752.

García Fernández, E., Hórreos, paneras y cabazos asturianos, Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo, 1979.

López Castrillón, Rosendo María y López Álvarez, Joaquín, «Las nueve vidas de la casa de la fuente», Museo del Pueblo de Asturias, Gijón, 2018.



sábado, 8 de abril de 2023

TOPÓNIMOS CON NOMBRES DE ÁRBOLES (I)

La reciente entrada de la primavera nos invita a realizar, en nuestro blog sobre toponimia murense, un acercamiento a la fitotoponimia (del griego fytón, “planta”), esto es, el conjunto de nombres de lugar derivados de los vegetales: árboles, arbustos, plantas de todo tipo, flores, etc. No hace falta insistir en la no solo estrecha sino imprescindible relación entre el ser humano y los vegetales, que le proporcionan alimento, fuente de calor, material constructivo y un largo etcétera. Por ello son tan abundantes los topónimos con este origen vegetal.

Para los geógrafos y estudiosos que realizan análisis del territorio la toponimia, en general, y la fitotoponimia, en particular, es uno de los recursos más habituales. El tipo de vegetación ayuda a singularizar el espacio y a delimitar, en alguna medida, las áreas aprovechables para la población. Los fitotopónimos toman su origen de las especies vegetales que se desarrollan en los lugares a que dan nombre. Se convierten así en testigos de la historia de un territorio, especialmente cuando los usos de aprovechamiento agrícola o forestal van cambiando. Concretamente en nuestro municipio, la construcción de viviendas y la presencia de especies alóctonas han difuminado a la arboleda autóctona, de la cual nos queda constancia gracias a la toponimia.

Hagamos, pues, un pequeño recorrido por la fitotoponimia de Muros empezando hoy por algunos nombres procedentes de árboles.

 

Los Carbayones, El Carbayo.

El roble puede también ser designado en Asturias con el término carbayu. Es este un término de origen prerromano que remonta a la voz carba, que podría pertenecer a una familia lingüística protoindoeuropea o hispano-vasca (García Arias p. 284). En nuestro municipio son varios los topónimos con el nombre del carbayu, que fue tradicionalmente un árbol muy valorado por la dureza de su madera: el lugar conocido como Los Carbayones y el camino que por allí discurre, El Carbayo en Villar y también la Punta del Carbayo, en San Esteban, paraje desde donde partía la barquería que cruzaba a La Arena y cuyo nombre podría remontar a la presencia en la zona de algún ejemplar singular de roble. Así nos lo dejó ilustrado Joaquín Sorolla en su cuadro “Paisaje Asturiano” firmado en 1904, donde se aprecia una vista de la San Esteban preindustrial que tenía toda la ribera plagada de árboles. Este cuadro está actualmente en el “Brooklyn Museum” de Nueva York.


Reborio.

Este topónimo, que designa uno de los barrios de Muros es, según García Arias p. 287, continuador del adjetivo latino ROBOREUS, -A, -UM, “de roble”, por tratarse de un antiguo terreno donde había una plantación de estos árboles. Es topónimo con poca extensión en nuestra región, tan solo con paralelos como (La) Reboria y El Reborión de otros municipios.


La Pumariega y El Pomar.

Tristemente quedan pocas pomaradas en el barrio de La Pumariega, topónimo que alude a un lugar poblado de pumares, forma asturiana sinónima del castellano manzanos. Pumar deriva de POMA, forma plural de POMUM, con el significado de “árbol frutal” (García Arias p. 264-5). 

Con una forma de este mismo origen se conoce también una finca cerca de Cazonera, El Pomar.

El Manzano

En el río Nalón en la zona de El Cobayo existe una “puesta” (lugar donde los anguleros se “ponen” a pescar) de angula que recibe por los pescadores el nombre castellano del árbol productor de la manzana, por haber existido algún manzano en aquel lugar.


La denominación de manzana tiene un curioso origen. Una variedad de esta fruta se conocía en latín como MALAM MATTIANAM; con MALAM se aludía al propio fruto, la manzana, y MATTIANAM era un adjetivo para una variedad que quería, de algún modo, homenajear a un tal Gaius Matius, (García Arias p. 263), ilustre amigo del emperador Augusto y autor de tres volúmenes sobre gastronomía. Con el tiempo el adjetivo acabó desplazando al propio sustantivo, aunque ello no haya conseguido que nos acordemos más que muy ocasionalmente del famoso gastrónomo romano.

Pascual Madoz, s. u. “Muros (Sta. María)”, describiendo, aunque someramente, el territorio murense y su producción, menciona: “Hay plantíos de abedules, robles y castaños”.

Hemos visto ya cómo la presencia de los robles en la toponimia del concejo es abundante, aparece hasta en cuatro topónimos con etimologías diferentes. No nos parece encontrar testimonios, en cambio, derivados de los abedules. Pero sí los encontramos también de los castaños, como puede verse en los topónimos siguientes:

 

El Castañeo y Castañeda.

Ambos son, entre los fitotopónimos, de los más frecuentes en toda nuestra región y designan espacios poblados de castaños, en asturiano castañales. Derivan del latín CASTANEAM, “castaña”. Un lugar abundante en castaños es un castañeu/castañeo por el empleo del sufijo latino –ETUM. En los montes de El Castañeo actual, en el fondo de Villar, bajando hacia la playa de Aguilar por el camino del Mingalin/Miguelin, no se ven ya apenas castaños. Castañeda, en Reborio, cerca de El Toral, remontaría a la misma formación, pero en femenino. Y también pervive entre nosotros el nombre de la primitiva Fuente del Caracol, antiguamente denominada como Fuente del Castañeo.


(Continuará en una próxima entrada)

 Juan José García González – Javier García Alonso

 

Bibliografía

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022.

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005

https://www.brooklynmuseum.org/opencollection/objects/4362

Madoz, Pascual, Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Asturias. (ed. facsímil), Ámbito ediciones, Valladolid, 1985.


sábado, 25 de marzo de 2023

SEDIMENTOS EN EL BAJO NALÓN: EL TARU, EL LLAÍN Y LA BARRA.

Nuestro concejo se asienta en la confluencia de las aguas del poderoso Río Nalón y del bravo Mar Cantábrico, ahí donde se mezclan incansablemente agua dulce y salada. Pero no todo es líquido en ese entorno, pues hasta allí son arrastradas también multitud de partículas de arena y carbón o trozos de madera que acaban depositados en nuestras riberas. En el Bajo Nalón se reconocen al menos tres nombres para la sedimentación de estas partículas, que también tienen su reflejo en la toponimia:


El Taru/Taro

Es quizás el menos conocido de los tres que veremos. Es nombrado por los vecinos al igual que se hace en el resto de la costa centro-occidental, y el DALLA lo define como “Montón de sable que forma la mar nes marees”, lo cual nos indica que se trata de un término marítimo. Para los vecinos de San Esteban no tiene una definición física exacta, a diferencia de algunos vecinos de La Arena, quienes denominan así a la barra de arena de la entrada del puerto.


El Llaín

En San Esteban la referencia al llaín no se realiza como nombre común, sino como nombre propio, haciéndolo suyo al situarlo sobre el terreno. En el plano de la ría del Nalón levantado en 1859 por la Comisión Hidrográfica y publicado en 1878 ya aparece un banco de arena denominado “Llaín de Abajo”.


No es habitual encontrar en Asturias lugares denominados de esta forma, si bien existen algunos como por ejemplo el Arroyo Llaín en el concejo de Illas o el Collao Llaín en Cangas de Onís. Dentro de nuestro concejo también se conoce por El Llaín (o El Cucuruxo) a la isla cercana al puente de La Portilla, lo cual nos indica que es un topónimo muy utilizado en relación con los sedimentos de la zona.

En asturiano llaín es forma alternante del adjetivo lladín, paralelo del español ladino, del latín LATINUM, “latino”. El DRAE define el término como “astuto, taimado” y el DALLA define lladín como “una persona mala, que busca perxudicar, qu’escuende les intenciones verdaderes”. A partir de esa idea subyacente de falsedad, de falta de verdad, que posee el adjetivo puede entenderse que un banco de fango y arena se califique como llaín por su falta de seguridad, por su peligro, pues es una zona en que te hundes sin remedio.

Gracias a documentación histórica podemos apreciar que el topónimo El Llaín ha ido cambiando de localización debido, primero, a las corrientes del río y de la mar, en segundo lugar, a las diferentes obras que se realizaron en el puerto de San Esteban a principios del siglo XX y, finalmente, al abandono de los dragados interiores de la dársena en la época postindustrial. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX el Llaín de Abajo estaba situado del otro lado del río, en la zona de La Arena. Sin embargo, en 1902 ya aparece un llaín del lado de San Esteban, tal y como se aprecia en la siguiente imagen.  


Con la posterior construcción del muro divisorio de la dársena, las corrientes generarán en su interior el actual llaín, el que ahora se nombra en San Esteban. Mientras que el Puerto estuvo en funcionamiento y los dragados eran habituales, dicho llaín no era tan visible. Tras el desmantelamiento de la Junta de Obras y el abandono del puerto, El Llaín comenzó a aflorar.


La Barra 


El tercer nombre utilizado para denominar los sedimentos es La Barra. Comúnmente denominamos “Punta de la Barra” al Dique del Oeste que protege al río en su desembocadura al mar, por el que podemos realizar uno de los paseos más llanos y hermosos del concejo. Sin embargo, en términos marítimos la temible “Barra” de San Esteban se refiere a los depósitos de arena que se acumulan al oeste de la Playa de los Quebrantos, en la confluencia del río y del mar. El escaso calado en esa zona ha provocado multitud de accidentes de embarcaciones.

El DRAE define barra, quizá del latín vulgar *BARRAM, como “banco o bajo de arena que se forma a la entrada de algunas rías, en la embocadura de algunos ríos y en la estrechura de ciertos mares o lagos, y que hace peligrosa su navegación”.


Ya Jovellanos en su paso por nuestro concejo el 27 de julio de 1792 se refería tanto a esos depósitos de arena como a diversas rocas que fueron voladas en la construcción del puerto:

“Si se limpiase esta barra, cuyos estorbos son unas peñas que estrechan y casi cierran la entrada, y un banco de arena más al Oriente de ellas, pudiera hacerse aquí uno de los mejores puertos de Asturias, y acaso de toda la costa cantábrica. Frente está el lugar de la Arena de Pravia, casi sobre el banco dicho, porque allí es donde se depositan las arenas que dan al Nalón los muchos ríos y las altas cadenas de montes primitivos que vierten a él.”

En esa reflexión no contaba Jovellanos con los miles de toneladas de carbón que irían bajando por el río, hasta convertir el Bajo Nalón en el sumidero de Asturias. En los últimos años la calidad de las aguas ha mejorado, pero existe una deuda histórica con la restauración medioambiental de la desembocadura del Nalón.

 Javier García Alonso - Juan José García González


Bibliografía:

Comisión Hidrográfica, Plano de la ría del Nalón, Madrid, 1878.

DALLA: Academia de la Llingua Asturiana. (2023).Consultao n’

DRAE: Diccionario de la lengua española, Real Academia Española, actualización de 2022. (https://dle.rae.es/diccionario)

García Arias, Xosé Lluis, Diccionario General de la lengua asturiana, Editorial Prensa Asturiana. Consultado el 3/2/2023.

Melchor de Jovellanos, Gaspar, Diarios (Memorias íntimas 1790-1801), Real Instituto de Jovellanos de Gijón, Madrid, 1915.

Sánchez, Amador, Plano de la ría y barra de San Esteban de Pravia, 1900.

sábado, 11 de marzo de 2023

LOS RETRATOS DE RAFAEL ALTAMIRA PINTADOS POR SOROLLA

Los nombres del jurista Rafael Altamira y del pintor Joaquín Sorolla son, indudablemente, los de dos de las personalidades más relevantes vinculadas con la historia de nuestro municipio. El primero de ellos da nombre a la plaza de San Esteban en torno al chalet que fue de su propiedad y en el que tantas estancias disfrutó durante los años en que residió en Asturias, entre 1897 y 1908, como catedrático de la Universidad de Oviedo.

Desde diciembre del año pasado hasta agosto de este año, cuelga en las paredes del Museo del Prado el primero de los dos retratos que el valenciano realizó de Altamira. Es una de las obras estrella de una exposición titulada “Retratos de Joaquín Sorolla (1863-1923) en el Museo del Prado”, con la que el Museo homenajea al pintor en el año del centenario de su fallecimiento.


Se trata de un retrato que el Museo compró en 1999 a los descendientes de Altamira y que se expone ahora por primera vez. Rafael Altamira y Crevea (Alicante 1866-1951) y Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia 1863-1923) se conocieron en los años 80 del siglo XIX en Valencia cuando aquel estudiaba allí Derecho y Sorolla cosechaba los primeros éxitos obteniendo medallas en diversas exposiciones. Fruto de su amistad fue la realización de este cuadro, no muy grande, de 55 x 41 cms., al óleo, en el que solamente la cabeza está acabada, quedando la camisa y la lazada apenas esbozadas y buena parte del soporte sin pintar, lo que le confiere el carácter de una obra inacabada, aunque no debe serlo pues aparece titulada “Rafael Altamira” y firmada y fechada por Sorolla en 1886. Según Javier Barón, Jefe del Departamento de Pintura del Siglo XIX del Museo del Prado y comisario de la exposición, la obra “tiene una sobriedad de color muy habitual en los retratos de la primera época del artista” y “carece de la vibración luminosa que puede verse en los posteriores a 1900; sin embargo, acierta a captar con inmediata veracidad el carácter de Altamira, tratado con cierta idea de cabeza antigua y noble, aunque el detalle de las puntas levantadas del bigote, que luego sustituiría por una barba larga, revela una juvenil preocupación por su aspecto”.

La amistad entre Altamira y Sorolla se fortaleció en Madrid y, muy particularmente, en San Esteban y Muros en los años en que el pintor valenciano disfrutó de estancias veraniegas a orillas del Nalón, en el año de 1902 por primera vez y, muy probablemente en los siguientes, de los que se conservan obras fechadas con motivos asturianos, como el famosísimo “Mar y rocas de San Esteban”, de 1903, colgado en el Museo Sorolla de Madrid. 



También según Barón, “en la tranquilidad de aquel primer estío ambos compartieron numerosas horas de trabajo y observación del paisaje, al que dedicó algunos artículos Altamira. Índice de la relevancia de aquellas conversaciones es una carta dirigida por Sorolla a Altamira poco después de su vuelta a Valencia, en la que realizaba interesantes consideraciones estéticas respecto a la legitimidad de representar sin aditamento expresivo alguno el natural y acerca de la valoración autónoma de los apuntes y bosquejos pictóricos. Para Sorolla se debería despojar a la pintura
de tanto inútil que hacemos, dejando sólo lo que deber ser: un estado de ánimo que no tiene más filosofía que la impresión que el natural ejerce fuertemente en su momento.”

En 1912, Sorolla invitó a cenar en su casa de Madrid a Archer M. Huntington, estadounidense fundador de la Hispanic Society de Nueva York. Otro de los invitados fue Altamira y es posible que en ese encuentro esté el origen del segundo de los retratos que Sorolla le hizo a Altamira y que forma parte de los fondos de la extraordinaria colección neoyorquina de arte español. En este de 1913 aparece Altamira revestido con el traje académico de doctor en Derecho, con la gran cruz de la Orden Civil de Alfonso XII y, aunque de solo 47 años, con un aspecto mucho más circunspecto y grave, propio ya del eminente jurista, historiador y polígrafo en que se había convertido en los 25 años que habían transcurrido desde el primero.



Juan José García González - Javier García Alonso


Bibliografía:


Barón Thaidigsmann, Javier, El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 180, nº 63.

https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/retratos-de-joaquin-sorolla-1863-1923-en-el-museo/







sábado, 25 de febrero de 2023

CAMINO DE LA FÁBRICA

Hace unos días participamos en la conversación del grupo de Facebook “Nun yes de Muros” indicando por donde discurría el Camino de la Fábrica. En esta entrada queremos exponer los datos que en el pasado utilizamos para situar el topónimo “La Fábrica”, así como dejar documentado el resto de información que ha ido apareciendo al respecto.

En la realización del Mapa de la Toponimia Menor de Muros de Nalón encontramos un lugar denominado “La Fábrica” en varios documentos de propiedad de principios del siglo XX: 

1.    Por un lado, existían en los años 40 dos fincas llamadas “La Fábrica”, pertenecientes a la familia de Manuel Fidalgo y Asunción Alonso.

2.  Por otro lado, también hay referencias al “Camino de la Fábrica” como lindero de fincas particulares. Con ese nombre se alude al camino público que desde La Veiga sube a mitad de la Cuesta Arango, discurriendo por detrás de Quintana y de los bloques de El Parador.


Durante las entrevistas para la realización del mapa fueron tres los informantes de la zona de Era y Quintana que reconocieron el nombre de “La Fábrica” en la zona de La Veiga donde convergen hasta cuatro caminos: el que sube en dirección Norte a la Plaza, el que va en dirección Oeste hacia Arroñadas/Roñadas, el que parte en dirección Sur conocido como Camín Real de Riomayor, y el que baja en dirección a El Pontigo/Pontíu.

Aunque la cartografía catastral contiene muchos errores en los nombres de las fincas, en este caso particular la denominación de las fincas es correcta. Así las parcelas catastrales 68 y 69 del polígono 7 de Muros de Nalón tienen la denominación de La Fábrica.


Se trata de una vaguada con una fuerte pendiente, por la que baja el arroyo que nace del lado de abajo del Casino de Muros, y que cruza la antigua carretera Nacional por debajo de “El Alcantarillón”. Ninguno de los tres informantes en aquel momento pudo precisar el motivo que originó el nombre de La Fábrica y tan solo uno de ellos (Fermín Murias de Quintana) nos pudo indicar que:

“en el fondo, había una barrera donde hacían barro y todas esas cosas… y ladrillos me parez que era… Acuérdome yo de rapacín ver todavía los ladrillos allí y esas cosas”.

Lógicamente, el hecho de que una zona se llame La Fábrica no quiere decir que haya habido una gran factoría, pero sí que pueda haber existido una pequeña actividad industrial. Según la RAE, fábrica, del latín FABRICAM “taller”, es un establecimiento dotado de la maquinaria, herramienta e instalaciones necesarias para la fabricación de ciertos objetos, obtención de determinados productos o transformación industrial de una fuente de energía.

En los recientes comentarios del grupo de Facebook “Nun yes de Muros” ha aparecido el testimonio de Juan Carlos García que, pese a ser menor de 50 años, atesora información al respecto obtenida por transmisión oral directa de su abuela. Carmina “la de Norte” nació en La Veiga en 1916, con lo que cumpliría a día de hoy 107 años. Toda su vida vivió y trabajó en su casería de La Veiga, por lo que era perfecta conocedora de la zona. Aunque lamentablemente no podemos contar hoy en día con su testimonio directo, sí podemos dejar constancia de lo que le transmitió a su nieto. Comenta Juan Carlos que La Fábrica estaba vinculada a un aprovechamiento hidroeléctrico, que era conocido por su abuela como “La Belmontina”.

En un primer momento podríamos pensar que en esa zona de La Veiga hubiera existido una pequeña fábrica de luz, aprovechando la energía cinética del arroyo que pasa por ella. Sin embargo, el hecho de que Carmina la denominara “La Belmontina” nos abre otra hipótesis aún sin confirmar. Sabemos por las investigaciones de Armando Grande que en 1902 se tramitó por la “Eléctrica La Murense” ante el Ayuntamiento de Muros de Nalón la licencia de la conducción para llevar agua dulce de La Reguera en La Pumariega a la fábrica de La Portilla. Por ello lanzamos aquí la posibilidad de si en “La Fábrica” de La Veiga se hubiera estado también recogiendo agua para encauzarla hasta La Portilla.

Durante la conversación del grupo de Facebook, además de hablar acerca de la fábrica, han aparecido testimonios de vecinos de El Parador y Quintana que denominaban al “Camino de La Fábrica” como “La Caleona”, topónimo formado como aumentativo de calea/caleya; para el origen de esta última denominación suele admitirse un diminutivo del latín CALLEM “calle”, esto es *CALLICULAM “calle pequeña” (García Arias, p. 720). El nombre “Caleona” suele aparecer en trazas de caminos antiguos, lo cual encajaría perfectamente con la consideración de dicho camino como el Camín Real de Santianes, al tratarse del camino más directo para llegar a La Plaza desde el límite del municipio en El Pontíu/Pontigo.

 


A día de hoy no existen certezas sobre el motivo exacto del topónimo “La Fábrica”. Sin embargo, confiamos que en el futuro aparecerá documentación histórica que aporte información sobre la actividad que dio tal nombre a esa zona. Se confirmaría entonces, una vez más, que redescubriríamos una parte de la historia del concejo gracias a lo que nos indican los nombres de los lugares.

 Javier García Alonso - Juan José García González


Bibliografía:


Camino a la antigua fábrica del Pontigo. Nun yes de Muros de Nalon si … Facebook. https://www.facebook.com/groups/316024188553512/permalink/2443955419093701/

Cédulas de la Propiedad de la Riqueza Rústica de Muros de Nalón. Archivo Histórico de Asturias.

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022.

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005

Grande Roca, Armando. Concejo de Muros. Su historia. Periodo de 1936 a 1975. Armando Grande Roca, 2009.

Página web de la Dirección General del Catastro.

Página web de la Real Academia Española (RAE)

 


sábado, 11 de febrero de 2023

TOPONIMIA EN LOS ALREDEDORES DE "EL CAMPÓN"

En la entrada anterior describimos las características del castro de El Campón como recinto de interés arqueológico en el que vivían antiguos pobladores de nuestro territorio. Sin embargo, estos habrían de realizar actividades en zonas cercanas al mismo, por lo que el ámbito de influencia del castro traspasaba sus propias líneas defensivas.

El gran estudioso de los castros asturianos Jose Manuel González y Fernández-Vallés, filólogo de formación y arqueólogo de corazón, descubrió y catalogó gran cantidad de castros gracias a topónimos que se repiten abundantemente en diversos lugares de Asturias. Por ello la toponimia, y sobre manera la toponimia menor, es una gran fuente de información para la arqueología.


Hagamos, pues, un repaso a otros topónimos cercanos que pueden tener relación con dicho poblamiento castreño.


Veneiro y Veneirín

A los pies del promontorio del castro se encuentran las playas de Veneiro y Veneirín, la segunda con una forma asturiana de diminutivo de la primera. Ya dijimos que el nombre de estas playas procede de la voz latina VENARIUM, formada a partir de VENA, “filón [de un metal]” con el sufijo –ARIUM, que indica “lugar abundante en algo”. Alude el topónimo claramente a la explotación minera situada junto a la playa; de ella, en época prerromana o romana, extraían los pobladores del castro muy posiblemente cobre y/o hierro (a juzgar por la presencia en la zona de un tipo de mineral denominado goethita, en el que dos tercios de su composición son de hierro). Hay noticias de que todavía hacia mediados del siglo XX se produjo un aprovechamiento mineral de este yacimiento.

Una denominación alternativa a la tradicional de Veneiro es la de Playa de Xilo, mucho más moderna, aunque se remonte ya a algo más de un siglo. Efectivamente, en agosto de 1913 fueron localizados en una cueva de la playa los restos descuartizados de “Xilo el Hilario”, sobrenombre de Hermenegildo Álvarez Barrera, labrador adinerado de Muros, con domicilio en Reborio, asesinado a la edad de 70 años. Se localizó primero su cuerpo sin cabeza ni piernas dentro de un saco y luego se encontraron sus piernas; también aparecieron en la misma playa algunas de sus ropas. El asesinato de Xilo, como cuentan Mancisidor-Cándano, provocó una enorme conmoción en Muros. El móvil del crimen fue el robo. Hubo muchos interrogatorios, sospechosos e incluso encarcelados, pero finalmente el caso se cerró sin acusados y nunca fue esclarecido. El recuerdo de tan macabro suceso se mantiene, no obstante, en el “nuevo” nombre de la playa.

 

El Castiellu

Por su situación y topografía, El Castiellu ha sido un lugar relevante en la historia de Muros. El nombre de esta gran peña, que limita imponente la playa de Aguilar por su parte oriental, remonta al latín CASTELLUM, origen también del término castellano “castillo”, y que puede referirse a la existencia de construcciones de uso defensivo. El mismo Félix Fierro (pág. 22) apunta a propósito de este lugar lo siguiente: “se halla, en su mayor parte, revestida ya de vegetación y puede ascenderse por ella cómodamente, hasta ver en lo alto las ruinas de una edificación que, sin duda, fue la que le dio nombre”.

 

Los Corrales

Muy cerca del castro encontramos también el topónimo Los Corrales. El Diccionario de la RAE define la voz corral de esta manera: “En las casas o en el campo, sitio cerrado y descubierto que sirve habitualmente para guardar animales” y propone que el término pueda proceder del latín vulgar *CURRALE “lugar donde se guarda el carro”, derivado este de CURRUS “carro”. Podrían muy bien haber existido en este lugar estructuras o recintos dedicados a la explotación ganadera desde épocas ciertamente antiguas.

  

El Miradorio

Otro topónimo cercano y posiblemente vinculado al castro es El Miradorio, del latín MIRARI “admirar”, que el Diccionariu de la Llingua Asturiana define como “Sitiu dende onde se mira un paisaxe”. Topográficamente El Miradorio está situado en una cota superior al castro, por lo que podría haber sido utilizado como lugar de vigilancia.


La Carcavina

Este topónimo es diminutivo de la palabra castellana cárcava, con variantes cárcova y carcua. De este término surgen topónimos bastante frecuentes en Asturias como La Cárcava, La Carcavada y este mismo nuestro de La Carcavina, que existe también en el concejo vecino de Soto del Barco. Según el Diccionario de la RAE, cárcova es una “zanja o foso”. Este tipo de zanjas se utilizaban muchas veces para marcar los límites de fincas o montes. No es fácil determinar si este recurso de demarcación del territorio se remonta a los tiempos de ocupación del castro o es posterior, pero es sin duda un uso con muchos siglos de antigüedad.


Juan José García González – Javier García Alonso

 

Bibliografía:

 

González-Fierro, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953.

García Arias, Xosé Lluis, Diccionariu xeneral de la llingua asturiana, Oviedo, Academia de la Llingua Asturiana, 2002

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005

Mancisidor, Myriam – Cándano, Xuan, “Xilo, un asesinato sin pies ni cabeza”, La Ilustración Asturiana, segunda época, nº 12, invierno de 2004, pág. 7.


sábado, 28 de enero de 2023

NUESTROS ORÍGENES PRERROMANOS: "EL CAMPÓN"

El castro de El Campón, situado al Este de la playa de Veneiro (conocida más recientemente como playa de Xilo) es un recinto arqueológico de carácter marítimo y tamaño medio (aproximadamente 3700 m²) que está incluido en el Inventario de Patrimonio Cultural de Asturias. 

El topónimo Campón (derivado del sustantivo latino CAMPUM “campo”, “terreno llano” o de su variante femenina CAMPA “campo abierto y ancho en la parte alta de un monte”) se refiere en el contexto arqueológico a zonas altas y llanas en las que es habitual localizar castros, tal y como sucede por ejemplo en El Campón de Villaviciosa o en La Campa Torres de Gijón. En la siguiente imagen puede verse despejado de árboles en primer término el castro de El Campón y al fondo El Castiellu, el cual también podría contener restos arqueológicos.



La mayoría de castros gozan de una localización estratégica, y en el caso de El Campón su buena situación se materializa en: emplazamiento defensivo frente a ataques, buena visibilidad por tierra y mar, acceso a agua dulce, posibles tierras de cultivo o recolección, zonas de pesca y caza, etc.

El castro está aún sin excavar, por lo que se desconoce lo que existe en su interior y no puede ser datado cronológicamente con exactitud. Lo que sí sabemos es lo que se aprecia a partir de su topografía. Su situación es privilegiada al estar en una pequeña península, lindando por el Norte, Este y Oeste con 100 metros de desnivel en el acantilado marino. Por el Sur tiene una vaguada que asegura una visibilidad de al menos 300 metros, y de la cual está separada por una línea defensiva formada por dos fosos y dos parapetos alternos (un parapeto es un talud elevado, construido generalmente con los propios escombros extraídos de los fosos). Estos elementos defensivos podemos verlos claramente al Este del castro, al lado de la Senda Costera.

No se aprecian los parapetos en la zona Oeste del castro, donde dichos elementos han sido derruidos o allanados. En la siguiente imagen se indica con una línea roja la forma del antiguo foso, el cual está relleno de piedras y tierra del antiguo parapeto.

 


La ladera Sur tiene una fuerte pendiente hasta el río que vierte sus aguas en Aguilar, río donde los antiguos pobladores podrían recoger agua dulce todo el año. Esa misma ladera, bien orientada al sol, podría ser buen lugar para tierras de cultivo. 



Respecto de la flora cercana, resulta curioso encontrar una gran cantidad de “brassica oleracea sylvestris” en los acantilados de El Campón y de El Castiellu.  



Esta variedad de berza silvestre está protegida como especie vulnerable en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Flora del Principado de Asturias. Su cultivo se fija en Asturias desde el I milenio a. C. La reproducción de la planta se realiza a través de semillas, las cuales son hermafroditas, por lo cual es viable una reproducción autónoma y sin cultivo humano desde hace siglos. Si bien es habitual encontrarla en diversas zonas de la costa cantábrica, resulta curioso que la mayor concentración de todo el concejo se dé en el entorno del castro, lo que podría ser un vestigio de su consumo y/o cultivo por sus habitantes.

Por analogía con otros castros similares ya excavados (por ejemplo, La Campa Torres) en los que han aparecido restos de pesca y marisqueo, podemos suponer que los habitantes de El Campón incorporaron a su alimentación lo que pescaban en la costa.

Además de las anteriores, el castro presenta una última característica geoestratégica, puesto que está situado sobre una antigua explotación minera, que da nombre a las playas de Veneiro y Veneirín, topónimos derivados del latín VENAM “filón de mineral”. Aunque algunos vecinos de Muros trabajaron ocasionalmente extrayendo mineral a mediados del siglo XX, lo relevante respecto de El Campón sería su aprovechamiento minero en época prerromana o romana.

Quizás algún día la excavación del castro nos aporte más conocimientos de aquellos antiguos pobladores de nuestro concejo.

 

 Javier García Alonso - Juan José García González


Bibliografía


Camino Mayor, Jorge, Los castros marítimos en Asturias. RIDEA, Oviedo, 1995.

Catálogo Regional de Flora amenazada de Asturias. Red ambiental de Asturias. Gobierno del Principado de Asturias. (Consultado en medioambiente.asturias.es el día 28/12/2022)

Catálogo Urbanístico. Web del Ayuntamiento de Muros de Nalón (consultado el día 28/12/2022).

García Arias, Xosé Lluis, Diccionariu xeneral de la llingua asturiana, Oviedo, Academia de la Llingua Asturiana, 2002

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005

García Quirós Mª Paz. «Reseña de la carta arqueológica de Muros del Nalón» Excavaciones arqueológicas en Asturias 1991-94, Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias, Oviedo, 1995. p.93-104.

Web Arqueoastur.com (consultada el día 28/12/2022)

LA ORIENTACIÓN DE LAS IGLESIAS Y CAPILLAS DE NUESTRO CONCEJO

Mientras que la orientación de las mezquitas hacia La Meca es un hecho ampliamente conocido, la de los templos cristianos suele pasar desape...