sábado, 25 de enero de 2025

LA MADERA DE MUNIELLOS

Mucho antes de que el carbón comenzase a descender hacia San Esteban para ser embarcado, el río Nalón fue utilizado para transportar por él las maderas que serían empleadas para la construcción de barcos para la Armada. Con esta entrada tratamos de poner en valor una relevante actividad en la que intervenía nuestro concejo y que, sin duda, ha quedado eclipsada por los deslumbrantes movimientos de carbón del siglo XX.

Según nos cuenta Peribáñez Caveda (pág. 184), a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII se extrajo de los bosques asturianos una ingente cantidad de madera, mucha de ella destinada a los astilleros de Cádiz, aprovechando el retorno de los barcos que, desde el Sur, subían con sal, aceite y productos coloniales al Norte. Tal fue la deforestación de la costa asturiana que tan solo quedaba madera al interior de la provincia, allí donde resultaba más difícil su extracción, en una época en la que las carreteras no existían y los medios de transporte se limitaban a la tracción animal. La falta de infraestructuras terrestres provocó que los ríos se utilizaran como medio de transporte, existiendo a lo largo de la costa asturiana diferentes puertos (Ribadesella, Villaviciosa, Gijón y Navia) donde fue habitual el embarque de madera descendida por los ríos Sella, Navia, Nalón-Narcea, etc. En el caso de nuestro río, ya hay constancia a finales del siglo XVI de que barcos de muy poco porte entran a buscar madera a San Esteban. 


Un siglo más tarde, las necesidades de madera de grandes dimensiones para la construcción naval de la Armada llevaron a poner los ojos en las zonas boscosas del Suroccidente asturiano, las cuales distaban de San Esteban más de 100 kilómetros. Ante la imposibilidad de su extracción a través de caminos, se recurrió una vez más al transporte fluvial, en esta ocasión a través del Narcea y del Nalón. Y así es como llegamos al territorio de nuestro concejo y al de Soto del Barco, como lugares de acopio y embarque de la madera que se comenzó a talar en Muniellos en 1768. En el libro “La explotación de madera en el monte de Muniellos” de Juaco López se indica con todo lujo de detalles que el transporte en el río se realizaba de dos formas, flotando la madera unida entre sí formando balsas o almadías, o bien cargada en chalanas.

En esa época Jovellanos también nos explica cómo se realizaba el transporte de madera por el río en chalana: “suelen llevar de treinta a cuarenta codos, según las aguas; si de haya, de cincuenta a sesenta. Canal abierto para su paso; en él bajan al río uno, dos o más chalaneros para ayudar el paso de las maderas; en los remansos van bien, sólo ayudadas del bichero; no se sabe aquí el peso de cada codo; cada especie de madera tiene el suyo, aun el roble, según su casta; alguna de él flota; tal es el que baja por el Narcea, que, según la expresión, es catañizo; castaño y haya y aliso flotan”. 

A finales del siglo XVIII el almacenamiento de la madera se realizaba en terrenos del actual concejo de Soto del Barco, a 800 metros aguas arriba del Castillo de San Martín. Así quedó documentado en diversa cartografía de la época, tal y como se aprecia en el “Plano del Puerto y Barra de San Esteban de Pravia” realizado por Josef Muller en 1797. 


En ese lugar se construyeron dos diques de estacada para depósito de maderas de construcción, uno a nombre del Rey y otro de D. Rodrigo de Ponte, militar y caballero con diferentes negocios, entre ellos el de asentista de maderas, y miembro de la familia Llano Ponte, familia que en ese momento estaba construyendo el edificio conocido en la actualidad como Palacio de la Magdalena.

Volviendo a la fotografía del comienzo, tomada desde La Magdalena, en Soto del Barco, se aprecia el detalle (círculo rojo) de la alineación de la esquina SO de la torre del Castillo de San Martín con la bocana de la ría. Esta enfilación a la inversa desde la bocana de la ría era utilizada por los marinos de la época para posicionarse correctamente y cruzar sin problema la zona de La Barra, cuando aún existían las peligrosas peñas Llamparera, Llamparón, etc. La exportación de esta madera se realizaba principalmente en pataches, al ser éstos barcos de tamaño reducido y poco calado, que permitían una fácil y segura entrada a las rías, con una carga de madera de unas 30 toneladas.

El comienzo del siglo XIX conllevó el fin de las cortas de madera con destino al Arsenal de El Ferrol, las cuales no se retomarían hasta mediados del siglo, pero en esta ocasión cambiando la ubicación de los acopios de madera. Según nos indica Quirós Linares (pág. 12), a mediados del siglo XIX el lugar de depósito habría subido río arriba, hasta la ensenada de El Forno. Fierro (pág. 65) también nos asegura que en torno a 1880 se cargaban en El Forno maderas. El medio de transporte fluvial para bajar la madera desde Muniellos seguía siendo el mismo, lanchas pequeñas, balsas y almadías, por lo que la empresa explotadora del monte de Muniellos tenía autorización del Estado para limpiar y buscar calado en el río.

A finales del siglo XIX comienza a gestionar Muniellos una nueva empresa, esta vez de capital franco-belga denominada Sociedad Minero Forestal Ferroviaria, la cual va a realizar gestiones de mucha trascendencia para San Esteban. Pero esto ya lo contaremos en otra entrada de nuestro blog.

Javier García Alonso - Juan José García González


Bibliografía

González-Fierro, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953

Gaceta de Madrid, miércoles 29/12/1858.

López Álvarez, Juaco, La explotación de madera en el bosque de Muniellos (Asturias) 1766-1973, Grupo de desarrollo rural Alto Narcea Muniellos, Cangas del Narcea, 2014.

Jovellanos, Gaspar Melchor de, Diarios (Memorias íntimas 1790-1801), Real Instituto de Jovellanos de Gijón, Madrid, 1915.

Peribáñez Caveda, Daniel,Comunicaciones y comercio marítimo en la Asturias preindustrial (1750-1850), Puerto de Gijón, Gijón, 1992.

Quirós Linares, Francisco, El puerto de San Esteban de Pravia, Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo, Oviedo, 1975.

sábado, 11 de enero de 2025

LA PIEDRA EN LA TOPONIMIA MURENSE

La piedra es un material que por su abundancia, dureza y resistencia ha acompañado al ser humano desde los tiempos más remotos. De piedra eran algunos utensilios domésticos primitivos, de piedra las cuevas donde se resguardaban… A lo largo de las épocas ya históricas, labrada o en su estado natural, la piedra ha servido para construir edificios con los más diversos usos: viviendas, templos, espacios culturales y de diversión, enterramientos; ha constituido el firme de muchas vías de comunicación y ha servido para levantar murallas defensivas y límites de propiedad. Por todo ello, este material está presente en la toponimia de muchos lugares, como podemos comprobar también en nuestro concejo.

Así, en El Escorial hay un tramo de camino conocido como Los Paredones por discurrir entre altos muros de piedra que, a modo de grandes paredes, delimitan dos fincas, unos muros que constituyen una de las señas de identidad de nuestro municipio y que tanto llaman la atención de los foráneos. Los de mayor altura se remontan al siglo XIX y a los primeros años del siglo XX, pero hay también una gran cantidad de muros de mampostería de menor altura, para cerrar fincas, que tienen, en muchos casos, una mayor antigüedad, contemporáneos de las viviendas, también de piedra, más antiguas conservadas.


Alusión directa a la piedra, del latín PETRAM, la encontramos en la finca de La Quintanina conocida como Piedra Blanca. De PETRAM derivan Pedrouzo, en Muros, y El Pedreo, situado junto al Nalón, muy cerca del Puente de Soto. Este segundo nombre, de carácter colectivo, con frecuencia designa peñascales o roquedos costeros, como seguramente aquí, aunque en este caso no de la costa marina sino fluvial.


Con el término peña pueden designarse las elevaciones rocosas. Para esta palabra se han propuesto las más variadas explicaciones etimológicas: precéltica, preibérica, ítalo-celta, ibérica, y también latina, PINNAM, con el significado de “pluma, ala”, entendida entonces una peña, metafóricamente, como un objeto con esa forma de pluma o de ala (García Arias, pág. 74). Abundan en nuestro municipio los topónimos con esa denominación: Las Peñas en la zona de El Palomar; La Peña, junto al río Nalón; La Peñuca, en la parte alta de San Esteban, con un sufijo diminutivo; Peñedo, junto a La Cerca, como lugar abundante en peñas; y el Camino de la Peñona.

Desde La Peñuca pueden disfrutarse algunas de las más espléndidas panorámicas de la dársena del Puerto de San Esteban y de la desembocadura del Nalón.

La piedra empleada en la construcción de edificios y muros se extraía de canteras que, como nos demuestra la toponimia local, estaban repartidas por toda la geografía municipal. Así, La Cantera es un conjunto de fincas cerca de El Taraceu; Canterina se encuentra cerca de La Fuente de Dios; La Canterona está en San Esteban, cerca de El Reguerón; el Camino de las Canteras en La Pumariega que debe su nombre a la arcilla pura que aparece en su trazado; y a buen seguro podría mencionarse la existencia de varias otras canteras, aunque no hayan dejado huella en la toponimia, como la que se encontraba junto al Camín Real en la parte baja del lugar de Villar conocido como La Viña.

Localización de todos los topónimos del concejo relacionados con cantera. 

Ya hemos comentado cómo con las piedras se levantan muros, del latín MURUM, “muro, paredón”, y decíamos también cuan abundantes y característicos son los muros en nuestro municipio, en el que existe un lugar, vecino a la carretera que atraviesa Villar en dirección al mar, denominado Los Muros. Y, por supuesto, este es el mismo origen del topónimo que da nombre a nuestro municipio, quizá porque su capital se levanta en un lugar donde había muros que pudieran ser restos de antiguas construcciones. Pero a los topónimos Muros y Muros de Nalón dedicaremos más tiempo y espacio en una entrada futura de nuestro blog.


Juan José García González – Javier García Alonso

 

BIBLIOGRAFÍA:

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022

García Arias, Xosé Luis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005




sábado, 28 de diciembre de 2024

LAS PEÑAS DE LAS PLAYAS DE AGUILAR Y CAMPOFRÍU EL DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES

Parece ser que las fuertes olas del último temporal han acabado tumbando nuestra querida peña del Caballar. En las últimas décadas fue la peña más icónica de la playa de Aguilar, y quizás a partir de ahora aún sea más visitada al quedar en una posición inclinada, ideal para fotografiarse como es habitual hacerlo en la Torre de Pisa.

En su momento el origen del topónimo debió de estar relacionado con la palabra caballo, derivada del latín CABALLUM que era como los romanos denominaban a los caballos de trabajo. Sin embargo no está tan claro el motivo por el que así la denominaron. A modo de hipótesis: podría ser que su forma alargada recuerde la cabeza de un caballo, que los prados cercanos fueran lugar de pasto de caballos, o incluso que fuera frecuentada por caballeros. Esta última razón, relacionada con el caballero, es la que escogió la sabiduría popular para explicar el nombre de la peña del Caballar.

El significado de caballero fue evolucionando a lo largo de los siglos desde la acepción más arcaica que era la del militar romano que servía a caballo, hasta la más actual que se asocia a una persona dotada de nobleza y generosidad. Es esta última la que se aprecia en la figura del caballero de la leyenda de la xana de El Castiellu, transmitida oralmente por nuestros antepasados y recogida por Aurelio de Llano en su obra de 1922 Del Folklore Asturiano. En el texto se vincula el monte Castiellu con la peña de El Caballar (en este enlace puedes leer la leyenda completa). Cuenta cómo dicho caballero se ofreció a cruzar la playa con la xana en brazos para romper el encantamiento al que estaba sometida. Sin embargo, a medida que cruzaba la playa, la xana empezó a aumentar de tamaño y peso. Por si esto fuera poco se levantó una tormenta, lo que hizo que finalmente el caballero dejara caer sobre la arena a la xana, convirtiéndose en piedra dicho caballero y volviendo la xana a su encantamiento.

Omite el texto de Aurelio del Llano la existencia de una piedra en el monte Castiellu, a la cual los vecinos de Muros supieron buscar el parecido físico con el caballo que había traído el caballero. En esta variante, caballero y caballo quedarían inmortalizados como roca en el momento en el que dejó caer la xana. En la transmisión oral también se incluían otras explicaciones acerca del resto de piedras que existen en la playa, las cuales fueron otros caballeros que quedaron petrificados al no poder cruzar con la xana a cuestas.


En primer término Campofríu y Aguilar, a continuación la playa de Veneiro y al fondo la playa de Las Llanas.

Pero en la Playa de Aguilar hay muchas otras piedras y peñas a las que, a lo largo de los años, se les ha puesto nombre, por no hablar de los pozos que se forman con la marea baja. De éstos podemos destacar, por su tamaño, la piscina natural que se forma en el interior de Las Cuchiellas, formaciones de roca alargadas y paralelas que sirven de paredes en la bajamar para conformar una pequeña lámina de agua donde acuden los niños a bañarse y jugar.

La denominación Cuchiellas, voz asturiana paralela del español cuchillas, se origina muy probablemente en el latín CULTELLUM, “cuchillo”, con un uso metafórico a partir de la forma puntiaguda, alargada y cortante de las rocas, semejantes a las hojas de un cuchillo (García Arias, pág. 94).



En primer término Las Cuchiellas y al fondo Peñaseis

Al frente de Las Cuchiellas, adentrándonos en el mar, nos encontramos con un grupo de peñas denominadas Peñaseis, las cuales distan unos 250 metros de El Caballar. Aunque a bajamar queden descubiertas más de seis peñas, pudiendo ponerse en duda la veracidad del nombre, a pleamar son seis las que se aprecian desde tierra.



La formación rocosa de Peñaseis a bajamar, toda rodeada de arena

Muy cerca de Las Cuchiellas, entrando en Campofríu nos encontramos con la peña del Quesu, característica piedra que ha sido esculpida por las olas con esa forma tan peculiar, y que parece que podría colapsar en cualquier momento. Su parecido a un queso Afuega'l Pitu atroncau la ha hecho merecedora de gran reconocimiento por parte de los murenses.


Aún nos quedan las denominaciones de algunas piedras al Este de Aguilar, en la zona de El Castiellu, como por ejemplo la peña El Sal, piedra de grandes dimensiones que pudiera recibir el nombre por un pequeño charco que, con las olas, se forma en la parte superior, y donde, al evaporarse el agua, pudieran aparecer los restos de sal.



En el centro de la imagen la conocida peña de El Sal

A escasos metros de la peña El Sal nos encontramos con La Rampla, curiosa forma que hace el monte Castiellu y que recibe su nombre de la empinada cuesta que ofrece hasta subir a lo alto del acantilado.

El monte Castiellu es el elemento físico que separa la playa de Aguilar y la de Veneiro, y en la Punta del Castiellu se encuentra una maravillosa atalaya de belleza inigualable, además de ser un lugar muy frecuentado para la pesca a caña por su acceso sencillo.


El monte Castiellu y la agrupación de rocas que emerge bajo el nombre de Los Curros

Frente a la Punta de El Castiellu, nos encontramos con la peña Los Curros, nombre relacionado con coríu, que es, a su vez, un sinónimo de pato. Según Armando Grande la roca “debe su nombre a que hasta no hace muchos años siempre, o casi siempre, había posado en ella un “Curro Calón”, o más de uno, inspeccionando las aguas para cazar algún pez, que eran su sustento diario”. Nosotros nos atrevemos a hacer un símil con las palabras de Armando, y es que, vayas a la hora que vayas a hacer una fotografía a El Caballar, es muy habitual encontrar una gaviota en su cúspide disfrutando de la belleza de Aguilar.


Javier García Alonso – Juan José García González


BIBLIOGRAFÍA:

Las variantes mencionadas de la leyenda de la xana no hubieran podido recogerse sin las conversaciones mantenidas con diversas vecinas del concejo, las cuales nos aportan información que no existe más que en su memoria.

De Llano Roza de Ampudia, Aurelio, Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres, Talleres de Voluntad, Madrid, 1922.

García Arias, Xosé Luis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005.

Grande Roca, Armando, “Las peñas de la Playa de Aguilar: La de los curros”, La Ilustración asturiana, segunda época, 40 (invierno de 2011), pág. 3.

Grande Roca, Armando, “Las peñas de la Playa de Aguilar: La de “El sal”, La Ilustración asturiana, segunda época, 38 (verano de 2011), pág. 3.

García González, Juan José y García Alonso, Javier (26 de agosto de 2023). El Castiellu y la leyenda de su xana, Muros de Nalón a través de sus nombres. https://historiamurosnombres.blogspot.com/2023/08/el-castiellu-y-la-leyenda-de-su-xana.html

sábado, 14 de diciembre de 2024

ORONIMIA DEL CONCEJO DE MUROS DE NALÓN (y III).

Reunimos en esta entrada el último conjunto de topónimos de nuestro concejo cuyo origen está en la morfología del territorio.

El Couz

Tanto Madoz como Fierro nos dicen que la villa de Muros comprende cinco barrios, a saber, La Plaza, Villar, Reborio, La Pumariega y Era. Al primero de ellos pertenece El Couz, una agrupación de viviendas que, hasta hace relativamente pocos años, se situaban a ambos lados del camino que cruza el lugar. En estos últimos tiempos ha experimentado un crecimiento urbanístico importante, con la construcción, sobre todo, de viviendas unifamiliares, pero también de edificios de apartamentos y de alguna urbanización. Conserva todavía edificaciones muy antiguas y, en una de ellas, que debió de pertenecer a familia hidalga, puede verse el escudo de los Fernández-Heres, uno de los pocos escudos nobiliarios que todavía se conservan en nuestro concejo. Según cuenta Fierro (pág. 94) en esa casa residió el sacerdote Ramón Fernández-Heres, llamado “de la Cúscula”.


En el centro de la imagen se puede apreciar el escudo sobre la fachada de color verde.

García Arias explica el significado de El Couz a partir de dos posibles orígenes latinos, por un lado, CALICEM “vaso para beber”, “tubo para la conducción de agua” y, por otro, CALCEM, “talón”, que podría tener usos metafóricos en la lengua, y que evolucionó también hacia la palabra española cauce. Quizá el hecho de que El Couz se encuentre en la parte alta de la vaguada por donde discurrían las aguas hacia Aguilar contribuyera a otorgarle dicho nombre a este lugar.

 

La Rambla. El camino de La Rambla. La Rampla.

El RAE define la palabra rambla como “el lecho natural de las aguas pluviales cuando caen copiosamente” y le atribuye una procedencia del árabe hispano rámla y este del árabe clásico ramlah “arenal”. En el vecino Somao Carmen Requejo recoge también (pág. 59) el mismo topónimo con las variantes La Rambla y La Rampla y apunta que “en Somao tiene más bien el significado de “cuesta” ya que designa un tramo muy pendiente de carretera”. También en el concejo de La Ribera existe una calle conocida como La Rampla “en cuesta bastante pindia”, una especie de rampa pendiente con pedrera, por eso Xulio Concepción (pág. 298) lo explica sobre la propuesta etimológica de Corominas-Pascual, que remiten a una voz germánica hrimpan “encoger” y luego “plano inclinado”. Es esta también la etimología de la palabra española rampa con el significado de “terreno en pendiente”.


En nuestro municipio encontramos el topónimo Rampla en las estribaciones del monte Castiellu de la Playa de Aguilar, en clara referencia a su pronunciada pendiente. Albergamos más dudas sobre el camino de La Rambla, que desde el fondo de Era conducía a la zona baja de La Casilla y que podría recibir su nombre a partir de cualquiera de los dos orígenes, contemplándolo bien como zona de recogida de las aguas de lluvia, bien como un camino de considerable inclinación. En último caso está el lugar de La Rambla perteneciente al barrio de Villar, muy cerca de El Grabiel. Se trata de una zona de vaguada donde comienza a formarse el regueiro que baja al aparcamiento de la Playa de Aguilar.



La Granda, Las Grandas

Se conoce por La Granda a una amplia zona en Villar, hoy sobre todo de monte, entre El Vallín y El Grabiel. Con el nombre granda se llama a “una elevación estéril o de monte bajo, de suelo de piedra o arenoso” según García Arias (pág. 69). Es una palabra de origen incierto, hay quien opina que precéltico, otros que se trata de un suevismo; sería, en todo caso, una palabra formada sobre un étimo prerromano. Se repite el topónimo (en plural) en Reborio, muy cerca de La Quintanina.


El Llano

Teniendo en cuenta el accidentado relieve del territorio asturiano, parece esperable que, con frecuencia, por oposición a los terrenos pendientes, algunos topónimos resalten la llanura de determinados lugares.


Por eso abundan los derivados del latín PLANUM “llano”, como ocurre en nuestro concejo con la finca denominada El Llano, situada cerca de La Cobertoria, por un lado, y de los terrenos de los acantilados que bajan hacia el mar, por otro. Y tenemos otro en Quintana, justo al lado de un lugar conocido como La Cuesta.


La Veiga, La Veigona, Vegallantada y Vegamoyada

También estos cuatro orónimos aluden a la llanura del terreno, pues, según García Arias (pág. 161), en asturiano veiga/vega se refiere a un terreno llano dedicado a pasto o a la producción de forraje y también a la agricultura. Suele ser una pradería llana y normalmente situada a orillas de un río.

Tales características la cumple La Veiga, lugar perteneciente a Era y situado a orillas del río Nalón donde también aparece la variante La Veigona en una finca anexa de grandes dimensiones.  Junto al río Ricabo se situan las fincas que se denominan Vegallantada. Vemos aquí cómo el primer elemento Vega- es acompañado por otro que lo califica y personaliza, en este caso el participio –llantada del verbo asturiano llantar, con diversos sentidos, como “plantar, estar metido…”, aludiendo seguramente a la situación bastante hundida de esas fincas respecto a las que las rodean. Y en Vegamoyada, junto al Cementerio Municipal, encontramos la misma formación, esta vez con el calificativo moyada que la define como lugar cubierto o abundante en agua.


El Vallín, Los Vallinos y Las Vallinas

Con esta denominación se conocen varias fincas y montes situados al fondo de Villar, una zona llana hasta que empieza la caída hacia la Playa de Aguilar. García Arias (pág. 113) señala que la palabra latina VALLEM “valle” dejó numerosos derivados en nuestros nombres de lugar. Uno de ellos debe de ser el diminutivo El Vallín, masculino analógico de otro derivado femenino, Vallina, del que tendríamos en el concejo un ejemplo expresado en plural en Las Vallinas, un lugar del que no se conoce la ubicación exacta, pero que se encontraría en La Pumariega o en Era. Habría que mencionar, no obstante, que la palabra Vallín podría explicarse también, en algunos casos, como el diminutivo de la palabra latina VALLUM “empalizada”, aludiendo con ello a los cerramientos de fincas construidos por obra del ser humano.


Al fondo los prados de los Vallinos en una imagen tomada desde el monte Gamoneu.

El Ribón

El lugar que lleva este nombre se encuentra junto al camino de El Alcantarillón, en la zona de Quintana. El propio García Arias, nuestro autor, como se ve, de referencia en todas estas cuestiones toponímicas, (pág. 223) duda a la hora de proponer un origen para este nombre: podría ser a partir de una forma paralela Ribono, “río bueno”, aunque esto no parece convencerlo mucho, o bien podría surgir, opina, de la expresión popular ¡allá ribono!, esto es, “muy arriba”. Cabría la posibilidad de que este pudiera ser también el origen de nuestro topónimo si quien lo creó lo contemplaba desde La Veiga, situada bastante más abajo. No dejaría de ser una curiosa explicación, pero así se explican a veces las cosas.


Juan José García González – Javier García Alonso

 

Bibliografía:

Concepción Suárez, Xulio; Torres Rodríguez, Natividad; Equipo Vestigia, El Legado. Ecos y pasos: Toponimia de La Ribera, Ed. Trea, Gijón, 2023

DALLA: Diccionariu de la Llingua Asturiana (https://www.diccionariu.alladixital.org)

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022

García Arias, Xosé Luis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005

Madoz, Pascual, Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, 1845-1850

RAE: Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española de la Lengua

Requejo Sánchez, Carmen - Álvarez García, Cándido, Somao. Los nombres de nuestro pueblo, Parroquia Rural de Somao, Llanera, 2019




sábado, 23 de noviembre de 2024

LOS ORÓNIMOS DEL CONCEJO (II)

Continuamos hoy el listado de los orónimos del concejo, de los topónimos que designan aspectos relacionados con el relieve, con la morfología del lugar.

 

El Divisorio

El DRAE define un divisorio, en su acepción geográfica, como “Dicho de una línea en un terreno: Desde la cual las aguas corrientes fluyen en direcciones opuestas”. Y eso es, precisamente, lo que intentaban hacer en torno a 1900 en San Esteban cuando comenzaron a construir El Divisorio.



Los ingenieros decidieron construirlo con dos accesos, el existente actualmente y otro en la zona de los desguaces en su encuentro con el muro de encauzamiento. Pensaban que la propia corriente del río limpiaría el fango de la dársena, pero en la práctica ese proyecto no funcionó por lo que pasados unos años decidieron cerrar la entrada aguas arriba.



El Canalón, La Canalona, El Canal (Garruncho)

Existen dos lugares en el concejo denominados a partir de canal, una palabra que tiene género femenino en asturiano, la canal, y masculina en español, elcanal, procedentes ambas del latín CANALEM, que designan un elemento por donde discurre el agua, aunque metafóricamente pueden nombrar diversos accidentes del terreno que recuerdan a esos conductos (García Arias, p. 131). Los topónimos murenses son formas aumentativas de ambos géneros: encontramos en femenino La Canalona en el monte situado tras las “Casas de La Barra”, mientras que aparece en masculino El Canalón en Era, una hermosa finca orientada al Sur y cerrada de mampostería. La topografía cóncava del terreno en esas zonas explica claramente su denominación.


Muro de piedra de la finca El Canalón lindante con el camino del Forno.

Pero encontramos en San Esteban una segunda acepción de canal, en este caso relacionada con el mar, siendo sinónimo de “carreiru” o paso entre piedras y bajos con mayor longitud que anchura. Esto es lo que sucede en El Canal, al Oeste del Pozo del Garruncho, donde existe un canal en el que aprendieron a nadar muchos niños de San Esteban.



Requexos

En el fondo de Villar existe una zona de montes justo en frente del Hotel Playa de Aguilar que reciben el nombre de Requexos. Según García Arias (p. 134), “el terreno angosto y encajonado en un valle se conoce en algunos puntos de nuestro dominio lingüístico con el nombre de requexu; de ahí que esta misma expresión pase a designar un ‘lugar oculto y retirado’.” Con una etimología no del todo segura, el topónimo Requexu, en singular, se encuentra testimoniado en diversos lugares de Asturias, pero, que hayamos visto, nuestro topónimo, con su forma plural, no se localiza en otro lugar.

 

La Cueva, La Cueva del Valle

Si atendemos a los diccionarios, tanto el DALLA como el RAE, una cueva, del latín vulgar *COVAM, ha de ser un espacio subterráneo, creado bien sea de forma natural o artificial. No es conocida la existencia de ninguna cueva propiamente dicha en los dos lugares de Muros donde aparece ese nombre. En la vaguada entre El Couz y El Taraceu existe un lugar a prado denominado La Cueva, al igual que en la ería de Las Traviesas tras la casa de “El Peix”. Quizás pudiera explicarse el topónimo desde la topografía del terreno, al existir en ambos lugares unos taludes con grandes pendientes y desniveles.

Lugar conocido como la Cueva del Valle, situado tras la casa de "El Peix".


Pozo del Espín

También en el lugar conocido como el Pozo del Espín, cerca del Espíritu Santo, ocurriría algo similar: no existe un pozo propiamente dicho, pero el terreno se divide en una hondonada en la que nace un pequeño reguero que vierte sus aguas a El Sagradal.

 

La Pared, El Paredón

Existen en nuestra costa dos peñas que son conocidas como La Pared (Playa de Las Llanas) y El Paredón (El Ordial). Aunque los topónimos de este tipo suelen estar relacionados con actividades humanas de delimitación y contención de los terrenos, en este caso, al estar referidos a dos formaciones naturales, son sin duda su inclinación y altura las que explicarían su denominación.

 

La Cobertoria

El topónimo de La Cobertoria suele vincularse habitualmente con lugares en los que puedan testimoniarse túmulos o dólmenes. Así sucede, por ejemplo, en el cordal que separa los concejos de Lena y Quirós, o en el vecino concejo de Salas a los pies del Pico Aguión. En La Cobertoria de nuestro concejo, localizada en Reborio, cerca de Cazonera, no se conoce ninguno de estos restos arqueológicos, por lo que podríamos buscar su conexión con cualquier otro elemento que actuase de tapa o cubierta.

 

Las Lladosas

En una entrada anterior (25/10/2024) citábamos el orónimo El Dosal, para el que proponíamos un origen latino DORSUALEM derivado de DORSUM “espalda”, que ya en latín podía emplearse también con el significado de “arista, cresta de una montaña”. Del plural, neutro, de esta misma palabra, precedido del demostrativo, *ILLA DORSA, pensamos que podría proceder Lladosa que, formulado luego en plural y con artículo, sería el origen del topónimo Las Lladosas, que designa una gran cantidad de fincas de labor situadas entre El Forno y El Pontíu.



Juan José García González – Javier García Alonso

 

Bibliografía:

DALLA: Diccionariu de la Llingua Asturiana (https://www.diccionariu.alladixital.org)

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022

García Arias, Xosé Luis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005

RAE: Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española de la Lengua


sábado, 9 de noviembre de 2024

LAS LLOUSAS O ERÍAS DEL CONCEJO

El próximo lunes 11 de noviembre se celebra la festividad de San Martín, fecha de gran importancia en la sociedad tradicional asturiana por ser el día de comienzo y final del año agrícola.

En el centro de la imagen la ería de Quintana con cultivos agrícolas, antes de la construcción de los bloques de El Parador.

Para poner en contexto el año agrícola debemos retroceder siglos atrás, cuando la propiedad de la tierra estaba en manos de los grandes propietarios, quienes arrendaban el uso y disfrute de sus fincas a cambio de una parte del fruto obtenido. En los diversos contratos utilizados en esas épocas (foro, aparcería, comuña, etc.) solía establecerse el día de San Martín como la fecha de comienzo y final del contrato, y por tanto de pago de la renta.

“Asimismo paga diecisiete copines y medio de escanda de canon el día de San Martín de cada año por el asiento y terreno de la casa en que habita en el término del Pontigo suya en propiedad”


Copín de madera apoyado en la talamera del hórreo

El motivo práctico habría que buscarlo en las condiciones climáticas que limitan los cultivos en los meses de invierno. Por ello, si los propietarios querían cambiar al llevador de la finca, este momento sería el mejor del año para hacerlo.

Aunque hoy en día en nuestro concejo tan solo se cultiven unas pocas tierras de maíz, sabemos que fueron habituales las plantaciones de fabas, centeno y escanda. La plantación de estos cereales tan necesarios para el sustento de familias y animales se realizaba en llousas o erías. El Diccionariu de la Llingua Asturiana define una llousa como un “conxuntu [de faces de diferentes amos con usos comunales]”. En nuestro concejo tenemos constancia de la existencia de múltiples erías:

La de Quintana, que tenía su mayor parte en la zona llana y otra zona muy pendiente situada cerca de La Veiga, conocida habitualmente como La Cuesta.


Fotografía de 1956 en la que se aprecian cultivadas las múltiples fincas de la ería de Quintana, desde El Parador a La Veiga.

Las Traviesas,situada entre La Pumariega y El Toral, con bastante pendiente orientada al Sur y con abundante agua.

Ería de Las Traviesas

La Llousa Promontorio entre la Quintanina y San Esteban. Se trataba de una ería llana excepto en las fincas cercanas al Candevillar.

Llousa Promontorio

La ería de Los Vallinos, situada al fondo de Villar, justo encima de la Playa de Aguilar. 


Ería de Los Vallinos

La ería de Poladura, sin duda la gran desconocida hoy en día pese a haber sido grande en extensión. Posiblemente por su lejanía fue la primera de las llousas en desaparecer. Creemos que ocuparía el triángulo que forma La Casilla, La Viña y La Portilla, pero tampoco sería descartable que llegara hasta Era ocupando Las Barrosas. 


Ería de Poladura

Arroxinas era una ería situada entre El Taraceu, El Couz y la estación del ferrocarril.



Ería de Arroxinas

Espina,situada al Norte de la anterior, separada tan solo por El Taraceu.



Ería de Espina

Las anteriores llousas tenían un tamaño grande (en torno a las 10 hectáreas de extensión). Otras de menor tamaño serían las erías de Vegamoyada en la zona del cementerio, la de Las Llongas en el fondo de Villar, las de Lloreda, Fresneda y Palomera en Reborio, las de Las Mirariegas, Gallinouro, Las Binadas o La Llousiquina en Era o la de Las Cerezales dentro de la de Quintana.

De los citados nombres de las llousas, toponímicamente resulta relevante Las Llongas,relativo a su forma, que reflejaría una de las características más comunes en este tipo de erías, puesto que las fincas habrían sido objeto de partición en fazas alargadas para facilitar el trabajo animal (arar, gradar, plantar, arrendar). La división entre parcelas colindantes solía realizarse exclusivamente mediante finsos o mojones de piedra, y en ningún caso se cerraban.

También es muy interesante el término Las Binadas en Era y La Binada en El Rabeiro, que se explicaría, según García Arias (pág. 686), a partir del participio del verbo latino vulgar *BINARE; las binadas serían tierras de secano que se cultivaban un año y se dejaban descansar al siguiente. Otro nombre que nos indica su uso agrícola sería Poladura, del que García Arias (pág. 572) indica que sería “el terreno que estaba en pola o en barbecho, es decir, presto para ser colonizado”.

Esas antiguas llousas aún se pueden reconocer hoy en día por ser grandes bolsas de terreno sin caminos públicos interiores. Fue esta falta de caminos lo que imposibilitó la edificación en dichas fincas a lo largo del siglo XX, y también lo que motivó la clasificación de tres de ellas (Arroxinas, Quintana y Las Binadas) en el Plan General de Ordenación Urbana como suelo urbanizable.

Para solventar esa falta de caminos el acceso a las llousas se realizaba mediante servidumbres agrarias en ciertas épocas del año, estando restringido el acceso a las erías varios meses, de tal forma que las plantas pudieran desarrollarse sin problema. En función del tipo de cultivo y de la zona de Asturias en la que nos encontrásemos las fechas de apertura y cierre de las erías podrían variar, tal y como quedaron recogidas en varias ordenanzas concejiles.

 

Queremos recordar con esta entrada a Fernando Inclán, juez, académico y ganadero del concejo de Pravia que falleció recientemente dejándonos una ingente obra sobre el derecho agrario asturiano.

 

Javier García Alonso – Juan José García González


Bibliografía:

DALLA: Diccionariu de la Llingua Asturiana (https://www.diccionariu.alladixital.org)

García Alonso, Javier, Mapa de la Toponimia Menor del concejo de Muros de Nalón, Muros de Nalón, 2022.

García Arias, Xosé Lluis, Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, Editorial Prensa Asturiana, S. A., Oviedo, 2005 


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