sábado, 28 de junio de 2025

ALGUNOS RECUERDOS PASADOS DE LA FIESTA DEL CARMEN DE SAN ESTEBAN

A poco más de quince días para la celebración de la brillante, concurrida, grande, y, al mismo tiempo, entrañable fiesta de la Virgen del Carmen en San Esteban, hemos querido recuperar algunos recuerdos de épocas pasadas relacionados con ella, al igual que en la entrada anterior de nuestro blog lo hicimos con las fiestas de San Antonio en Muros.

Se conserva documentación gráfica de diverso tipo que confirma la antigüedad de la fiesta y de la tradicional procesión marinera, ambas más que centenarias. Hay fotografías de los primeros años del siglo XX con barcos engalanados para realizar una procesión con la Virgen y muchas embarcaciones participando en el recorrido.


También se conserva un programa de las fiestas de los años 20 en el que se cuenta que en 1926 se fundó la “Sociedad Nuestra Sra. del Carmen” por iniciativa de “unos cuantos jóvenesentusiastas” de San Esteban para una mejor organización de las fiestas “con toda pompa y esplendor”. En su ánimo estaba “honrar y festejar, con el mayor esplendor, a la “Excelsa Patrona de la Marina, ya que San Esteban, como puerto de mar, forma parte de esa inmensa arteria por donde corre la sangre de nuestra riqueza minera a nutrir y robustecer el cuerpo de la pujante industria nacional”. En ese programa de 1928 las fiestas duraron tres días, del 14 al 16 de julio. Había verbenas “con iluminación eléctrica”, fuegos artificiales, y hasta el lanzamiento al espacio de un “globo gigantesco”. Se celebró una gran carrera provincial de bicicletas, misa cantada por el “Coro Artístico de la localidad”, se hizo un reparto a los socios del bollo y el vino. En la tarde del día 15 tuvo lugar el “Gran festival náutico” en la dársena. La banda de música del Regimiento Príncipe de Oviedo, desplazada desde su sede para la ocasión, tenía un gran protagonismo en las fiestas, pues tocaba la diana a las 8 de la mañana, acompañaba las verbenas y el día 16 dio un concierto clásico después de la misa.

La afluencia de participantes en las fiestas provocó incluso que el Ferrocarril el Vasco organizara servicios especiales para trasladar a San Esteban a los habitantes de los municipios cercanos.

Formación de la procesión del Carmen en 2019”

El momento más entrañable de los festejos del Carmen es, precisamente, la procesión de la Virgen que les da nombre, la patrona de los hombres y mujeres de la mar. Hoy en día chicos y chicas del pueblo, vestidos de marineros, sacan la imagen de la Virgen desde la iglesia y la conducen a hombros hasta el puerto de la localidad. La imagen actual de la Virgen es una talla de madera creada hacia 1945 por el importante escultor asturiano Gerardo Zaragoza, autor de relevantes obras repartidas por toda Asturias, por ejemplo, el monumento a Don Pelayo de Covadonga. Acompañada por los niños y niñas que han comulgado en el año, por los sacerdotes y las autoridades, ya en el puerto la Virgen es subida a una embarcación para dar comienzo a la procesión marítima por la ría en dirección al mar, dejando San Esteban a un lado y San Juan de La Arena al otro. 

“Procesión del Carmen de 2024 vista desde L’Arena”

Llegan hasta el punto donde se une el Nalón con el Cantábrico, lugar en el que se lanza al mar una corona de laurel. Multitud de embarcaciones de diverso tipo y envergadura acompañan a la Virgen en esa procesión dando lugar a un hermoso y colorido desfile. Durante mucho tiempo un elemento identificativo y peculiar de la procesión del Carmen de San Esteban es emplear, en lugar de un barco de pesca, un remolcador para trasladar a la Virgen, evocando así el carácter industrial ligado al tráfico carbonero de nuestro puerto.

“Una procesión por la ría del Nalón, en la primera década del siglo XX (Colección Museo del Pueblo de Asturias, Gijón)”

Tenemos noticias gráficasprocedentes de los primeros años del siglo XX de la utilización de un remolcador de nombre “Matilde” para sacar a la Virgen por la ría. Y también durante muchos años esa labor la realizó el famoso remolcador “San Esteban”, conocido con el sobrenombre de “El Vaporín”, hoy lamentablemente alejado de San Esteban. Esta famosa embarcación, construida en 1902 en los astilleros de Dartmouth (Gran Bretaña), fue adquirida por la Sociedad General de Ferrocarriles Vasco-Asturiana y llegó a San Esteban en la década de los años veinte. Fueron incontables los barcos a los que ayudó a entrar y salir, durante décadas, de un puerto tan importante en la historia de la industria asturiana. Tras unos años de abandono y ruina, el remolcador fue restaurado por la iniciativa de un grupo de amigos. En 2013 volvió a San Esteban, repuesto ya de sus heridas, y participó de nuevo en la procesión del Carmen.

Como decíamos al comienzo de estas líneas, pronto volveremos a celebrar las fiestas del Carmen, unas fiestas profundamente imbricadas en la historia del pueblo de San Esteban, llenas de evocación y recuerdos de gentes y tiempos pasados. A todos los que con su esfuerzo, tiempo y dedicación colaboran para que sigan siendo una realidad año tras año, ¡mucho ánimo y muchas gracias!

 

Juan José García González – Javier García Alonso

 

Bibliografía:

(sin firma) Album Literario Anunciador Fiestas de Nª Sª del Carmen San Esteban de Pravia, Imprenta “Gutemberg”, Oviedo, 1928.

(sin firma) “La vuelta del Vaporín”, La Ilustración Asturiana, nº 49, Primavera-Branu, 2013.

Méjica García, Juan Manuel, Pintores del Nalón, Muros de Nalón-Soto del Barco-Pravia, 2004.


sábado, 14 de junio de 2025

LAS FIESTAS DE SAN ANTONIO

Nunca es tarde para tributar un aplauso a los jóvenes de la Comisión de festejos, que luchando con muchas dificultades han cumplido al pie de la letra lo ofrecido en un programa que muchos creían irrealizable”.

La frase anterior no es nuestra, sino que aparece recogida en la revista “El Nalón” de septiembre de 1899, tras los festejos de Nuestra Señora, pero estamos seguros de que, después de 125 años, podríamos utilizarla en el día de hoy para agradecer a nuestros jóvenes la organización desinteresada de las fiestas de San Antonio.


Mucho han cambiado la sociedad y las tecnologías desde aquella época, y las fiestas, como elemento consustancial de la sociedad, no podrían escapar a esos cambios. En el año 1898 toda la celebración se realizaba en un solo día, concretamente en el domingo siguiente al 13 de junio. Comenzaba con la ceremonia religiosa a primera hora para a continuación, iniciar la fiesta profana. El elemento que las dividía era la puya´l ramu. El de aquel año estaba compuesto principalmente por llacones, escanda y maíz, alcanzando el montante de la subasta los 34 duros de la época, cantidad que hoy en día equivaldría aproximadamente a unos 3.000 euros.

Muchos de los elementos que conformaban el ramo eran donados por los vecinos del pueblo. A lo largo del siglo XX su contenido fue variando al incluir no solo lo que se producía en la casería, sino aquellos elementos que comenzaban a aparecer en las tiendas y comercios, como, por ejemplo, botellas de licor o galletas. Muchas de estas donaciones (y sobre todo los ansiados llacones) eran ofrendas al santo para que cuidara o mejorara a los animales de la casa. No deja de ser curioso que, a nuestro San Antonio, que es el de Padua, con celebración el 13 de junio, se le hicieran ofrendas en una trasposición de santos como si se tratara de San Antonio el Eremita, San Antón, el encargado de bendecir a los animales el 17 de enero.

La subasta del ramo se hizo a lo largo del tiempo de diferentes formas. Si bien hubo épocas en que se subastaba un solo ramo que aglutinaba todo lo donado por los vecinos, a lo largo del siglo XX hubo ocasiones en que se subastaron los artículos de forma independiente. Diversos vecinos, ciertamente elocuentes y expertos en la práctica del encante, fueron los encargados de subastar magistralmente el ramo. Quizás la Asociación Cultural y de Festejos de Muros de Nalón se anime a recuperar esta tradición en el futuro.

Una vez subastado el ramo comenzaba la fiesta tradicional, la cual era eminentemente diurna. En 1899 la fiesta estaba ambientada por música de gaita a cargo del “Ciego de la Cueta”, tocando para bailar “el asentao” y “la gallegada”. Pero no solo había baile, durante la tarde también se entonaban canciones como el “Señor San Pedro”, “La Magdalena” o “La Praviana”.


La creación de bandas de música en diversos concejos asturianos a principios del siglo XX permitió amenizar la procesión de San Antonio y el posterior vermú musical. Fueron asiduas las bandas de música de Pravia, Candás o Mieres, las cuales cedían el testigo a media tarde a la orquesta encargada de realizar el baile. La orquesta se situaba sobre el kiosco municipal que se montaba en la farola del centro de la plaza, todo ello bajo las guirnaldas de banderas y luces de colores típicas de las fiestas asturianas. Por allí pasaron a mediados del siglo XX orquestas como La Estrada, Yolanda, Neptuno, Gran Casino de Luarca, Bahía o Mozart.


Las fiestas de San Antonio fueron testigo de la evolución de las orquestas durante todo el siglo XX, desde aquellas orquestas instrumentales amateur que llegaban desde concejos limítrofes, hasta las grandes orquestas profesionales que en la actualidad acuden desde cualquier lugar de nuestra geografía. Para entender el gran nivel de las orquestas de San Antonio debemos reparar en que hasta los años ochenta el gran festejo murense era Nuestra Señora. La apuesta por las fiestas de San Antonio en detrimento de las del 15 de agosto permitió concentrar los recursos económicos elevando el nivel de las fiestas. De esta forma asistimos desde los años noventa del siglo pasado a la época dorada de San Antonio, lo que ha permitido ver actuar en La Plaza a las mejores orquestas del panorama musical.

Pero las fiestas no solo son para los mayores de edad, hay un papel reservado también para los niños y jóvenes. Hoy en día nuestros niños disfrutan en hinchables, coches de choque, etc., pero en el pasado sus padres y abuelos también tuvieron la posibilidad de jugar en el tiro y los caballitos de Rafael, la tómbola España o el Ratoncito Galicia. Mientras tanto, en un lugar bien vistoso de la verbena estaba situada la avellanera con su gran cesta, donde comprar la bolsa de avellanas que atestiguara la asistencia a la fiesta.

En los festejos celebrados en 1898 tenía un papel relevante el fuego. Por un lado, se realizaba una gran foguera a base de toxos, la cual suponemos que era encendida al anochecer. Sin duda esta novedosa referencia debe hacernos pensar en el ritual del fuego dentro de las celebraciones populares, quizás anclado en una costumbre de tiempos pretéritos. A lo largo del siglo XX la foguera ya había desaparecido de la fiesta, pero curiosamente en las conversaciones con nuestros informantes ha aparecido la referencia a las verbenas de mediados del siglo XX como “ir a la foguera”, en lo que podría ser una reminiscencia de la histórica celebración del fuego. Desconocemos si este apego por el fuego era propio de todas las fiestas veraniegas de la época, o si por el contrario estaba relacionado con la cercanía de San Antonio con el solsticio de verano del que distan tan solo 10 días y sin apenas variación en la eclíptica del sol.

También el fuego era el encargado de elevar en 1898 al cielo murense pequeños globos aerostáticos construidos por vecinos utilizando papel, cuerda y una vela. En ocasiones se incluía pólvora en el interior de algún globo para que explotara una vez había cogido altura, siendo éste un claro precursor de los actuales “voladores” tan presentes en las celebraciones asturianas del siglo XX. El final de la fiesta era el momento en el que colectivamente se armaba la danza tradicional, costumbre que ya había desaparecido a mediados del siglo XX.

No podemos acabar la entrada de hoy sin recordar el gran concurso exposición de ganado que hubo en el Campo del Palacio hasta los años noventa pasados en que decayó con la transformación del mundo rural y su paulatino abandono. 


Esta entrada no hubiera podido realizarse sin las conversaciones mantenidas con diversos vecinos del concejo, los cuales nos aportan información que no existe más que en su memoria.

 

Javier García Alonso – Juan José García González

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Ejemplares de El Nalón, nº 37 (1 de julio de 1898), pág. 8, y nº 64 (1 de septiembre de 1899), pág. 7.








sábado, 24 de mayo de 2025

LA CERCA: UNA FINCA, UNA CASA Y UNA CURVA

En una entrada anterior de nuestro blog (8 de febrero de 2025) hablábamos de los topónimos relacionados con la tierra y su explotación. Con estos topónimos se relacionan también los que aluden a los límites y cierres de las fincas, que, por un lado, constituyen la marca de la propiedad de los terrenos y, por otro, sirven de protección y defensa. En el propio documento que recoge el apeo de los bienes del Marqués de Valdecarzana en Muros, tantas veces citado, se dice que los testigos “declararon ser suyas las casas y palacios de la dicha villa con sus cercados y vergeles, árboles y campos de alrededor”. El Diccionario de la RAE define el término cercado como “un huerto, prado u otro sitio rodeado de valla, tapia u otra cosa para su resguardo” y con el tiempo llegó a designar también cualquier porción grande de terreno, aunque carezca de cercas. En el propio apeo se recoge un topónimo El Cercado, situado en las cercanías del Palacio cuya localización exacta se desconoce.

Otro topónimo murense de este tipo sería El Cierro, ubicado en algún lugar indeterminado de Villar, y creemos que lo sería también La Cerca, una finca perteneciente a las antiguas posesiones de Valdecarzana y que se haría famosa por lo que contamos a continuación.

La casa de “La Cerca” durante el tiempo de su construcción en los primeros años de los cincuenta del pasado siglo XX.

En 1948 José Sotero, reconocido pintor murense nacido en El Couz en 1905, compra a su amigo Blas Aznar, heredero de su tío Gerardo González, que, tras ser administrador del marqués de Valdecarzana, le había comprado a este el Palacio y los terrenos anejos a él, un terreno de 30 áreas con la intención de levantar en él una casa para compartirla con su esposa, Eulalia Álvarez Valdés, y su hijo Pepín. Probablemente esa finca se llamaría ya “La Cerca” por constituir uno de esos cercados que mencionábamos más arriba. En 1951 encargó al famoso arquitecto ovetense Francisco Casariego la realización de los planos de su casa. Rodrigo Vázquez de Prada y Grande, en su magnífica monografía sobre Sotero, describe muy bien la casa de “La Cerca” con las siguientes palabras:

“Con un total de 192 metros cuadrados construidos, “La Cerca” es un espléndido edificio de dos plantas, la superior conformada como una torre, en la que instala su estudio de pintor. Desde él, contemplará fascinado, una y otra vez, el estuario del río Nalón, con sus interminables meandros, que tantas veces llevará a sus lienzos, las vegas y las marismas de San Esteban de Pravia, aquella bellísima sucesión de verdes que arrancan a los pies de su casa y cuyas tonalidades no cesan de cambiar hasta que el paisaje culmina en el horizonte de Soto del Barco y de la mar. (…) Pepito y Eulalia decoran “La Cerca” con el esmero propio de un pintor que busca, admira y gusta rodearse de la belleza. Su amplio salón aparece presidido por un piano, que tocarán tanto Eulalia y su hijo y, en las ocasiones en que les visita, el gran concertista José Cubiles. De sus paredes cuelgan varios cuadros pintados por Tomás García Sampedro. Entre ellos el soberbio retrato de Pepito (…) Junto a él algunos paisajes de Muros también de su maestro y otros de su propia autoría, de los que no ha querido desprenderse. Además, aportan belleza a sus estancias algunas esculturas. Entre ellas, una “Venus de Milo” de alabastro y algunos otros desnudos femeninos. Pero, según se comenta en la villa, aquellas esculturas escandalizan a algunas mentes estrechas… Y de manera muy particular al cura párroco de Muros de aquellos años. Es el hogar de un artista de refinado gusto. Durante muchos años, “La Cerca” será visitada por amigos de Pepito, algunos de ellos artistas como él e intelectuales.”

“La Cerca”, óleo sobre lienzo de José Manaut, pintado el verano de 1959.

Pero la finca de “La Cerca” dio nombre, también, a una famosísima curva de la carretera nacional 632 de Ribadesella a Canero, ubicada en el kilómetro 114, que bordeaba la finca por sus lados sur y oeste en el trazado existente antes de ser modificado con la construcción de la actual rotonda de acceso a Muros y el trazado de la calzada por la parte sur del Cementerio Municipal. 


Imagen de mediados del siglo XX donde se aprecia el trazado de la antigua N-632.

En los años 70 y 80 del pasado siglo XX, con el extraordinario aumento de la circulación rodada, la curva de La Cerca se hizo muy conocida en toda la región por los frecuentes accidentes que en ella se producían. La carretera era muy estrecha, la curva muy pronunciada y la visibilidad muy reducida. Con tales condicionantes era raro el año en que no se producía en ella un accidente, con resultados más o menos trágicos. En la prensa de la época, que la calificaba siempre de “peligrosa”, hemos encontrado diversas crónicas que dan cuenta de estos accidentes: en enero de 1976, en julio y en agosto de 1977, en mayo y en octubre de 1978, en abril de 1980 y varios más. Sirvan estas líneas para recordar a nuestros lectores más jóvenes, que ya no la conocieron, la existencia de esta tristemente famosa curva.


Juan José García González – Javier García Alonso

Bibliografía:

González-Fierro, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953

Vázquez de Prada y Grande, Sotero, la sinceridad en la pintura asturiana, Madrid, Método Gráfico, S.L., 2012

Ejemplares del diario La Nueva España, consultados en la página web de la Biblioteca Nacional.



sábado, 10 de mayo de 2025

EL FERROCARRIL A SAN ESTEBAN (I)

En una entrada anterior habíamos visto cómo en los siglos XVIII y XIX se transportaron maderas flotando desde la cuenca alta del río Narcea al Bajo Nalón (Pulsa aquí si quieres leerlo). La última compañía en plantearlo había sido una empresa de capital francés que pretendía llevar la madera de Muniellos a San Esteban través de un tranvía/ferrocarril, y en la que ejercía como administrador el empresario bretón Victor Barreaux.

Esta sociedad francesa no fue la primera que intentó hacer llegar un ferrocarril a nuestro concejo, debido a nuestra localización estratégica, para exportar multitud de recursos (hierro, carbón de piedra, etc.) desde el interior de Asturias. Hace 170 años el Estado había autorizado a Juan José Chauviteau el estudio de un ferrocarril impulsado por caballería que, partiendo del Puerto de Ventana, llegase a San Esteban. Dos años más tarde la Compañía Chauviteau ya había proyectado su construcción en dos partes, una primera de Quirós a Trubia, y una segunda para llevarlo por la orilla del Nalón desde Trubia a San Esteban, buscando la exportación tanto de hulla como de hierro. Además de la construcción del ferrocarril también se pretendía actuar sobre el puerto de San Esteban:

con una escollera de poca extensión que se hiciera a la punta llamada del Espíritu Santo, se lograría, sin duda, y con insignificantes gastos, hacer de S. Esteban, uno de los mejores y más vastos puertos de la costa

En ese momento nada de eso se llegó a construir por parte de la empresa. En 1887 se consideró estratégico al ferrocarril de Oviedo a San Esteban, incluyéndolo dentro del Plan de estudios de ferrocarriles por cuenta del Estado en 1887-1888. Pero tampoco fue el Estado quien desarrolló el ferrocarril.

En 1894 Víctor Chávarri Salazar, empresario y político vasco, intervenía como miembro de la Comisión del Senado sobre el Ferrocarril de Trubia a la Concha de Artedo, línea sobre la que se otorgó concesión para la construcción en agosto de 1894 a Benigno Olavarrieta y Mendía, quien estaba en el círculo de amistades del propio Chávarri. Parece que la idea inicial de estos industriales vascos era extraer el carbón por la Concha de Artedo. Por ello, el mismo día de la aprobación de la concesión, también se declaraba de interés general el puerto marítimo de Artedo. Sin embargo tampoco estos industriales vascos van a ser quienes inicien la construcción del ferrocarril entre Pravia y San Esteban.

En noviembre de 1896 se autoriza a Victor Barreaux, empresario, y al Conde de Mayorga, propietario del monte de Muniellos, “la concesión de un tranvía, con motor de vapor, desde Muniellos a San Esteban de Pravia, con un ramal de Cornellana a Salas” durante un plazo de 60 años. Hay que aclarar que, aunque en aquel momento se denominase tranvía, realmente se estaba hablando de un tren, a tenor de las características de la locomotora y vagones. La concesión conllevaba también la construcción de las estaciones necesarias, así como una línea telegráfica que las comunicara. Asimismo se fijaban también las tarifas máximas para viajeros, equipajes y transportes.

Plano de las propiedades en Muniellos y trazado del ferrocarril hasta San Esteban extraído de “Exploitation minière et forestière de la Haute Narcea”

Parece ser que no se planteaba trasladar a San Esteban tan solo la madera de los montes de Muniellos, sino también el carbón y el mineral de hierro sobre el que habían solicitado concesión minera para la extracción de hierro en unas mil doscientas hectáreas del concejo de Cangas.

Detalle de la trinchera de El Forno recién construida

En mayo de 1897 comenzaron las obras del ferrocarril con la apertura de una trinchera en el lugar de El Forno, donde se realizó una fiesta de inauguración con banquete, música, petardos y hasta brindis por parte del pintor José Robles:


Hoy que la línea se empieza

y profetiza riqueza

para la extensa comarca

que el bello Nalón abarca

con imponente grandeza;


Hoy que ya en mi fantasía

contemplo la férrea vía

cruzar valles deliciosos

y los bosques rumorosos

que amante besa la ría;


Hoy que en alas del deseo,

ya contemplo terminado

el proyecto decantado

que con Cangas de Tineo

unirá este pueblo amado,


Brindo con honda emoción

por la pronta ejecución

de esta línea que interesa

a esta región y a la empresa,

a Asturias y a la nación.

José Robles

En marzo de 1898 se le concede a Barreaux la autorización para construir un muelle embarcadero en San Esteban, destinado al embarque de maderas transportadas por el citado tranvía. Sin embargo, la empresa, asfixiada económicamente, no pudo constituir la fianza requerida, no llegando a iniciar las mejoras del puerto de San Esteban.

En el momento de la quiebra de la empresa, las obras del tramo del ferrocarril entre Pravia y San Esteban ya están muy avanzadas. Sabemos por la revista El Nalón de junio de 1898 que el túnel de La Junquera (el que pasa bajo El Cobayo) ya está construido, faltando tan solo revestirlo de ladrillo. Asimismo se informa a finales de 1899 que la explanación desde Pravia a San Esteban está casi finalizada.

En abril de 1900 se le concede a la Sociedad Vasco Asturiana, “la concesión para la construcción y explotación por noventa y nueve años, sin subvención del Estado, de un ferrocarril de vía a un metro desde Trubia por Grado a San Esteban de Pravia”. Tres meses después también se hizo cargo de la concesión del tramo del tranvía de vapor de Cornellana a San Esteban. Es de suponer que al Vasco le interesara subrogarse en la concesión de la sociedad francesa para poder aprovechar lo ya construido entre Pravia y San Esteban. Y es quizás éste el motivo por el que los empresarios vascos cambiaron Artedo por San Esteban para construir el puerto.

Javier García Alonso - Juan José García González

 

Bibliografía

Ejemplares de El Nalón, nº 11 (1 de junio de 1897), pág. 2 y nº 36 (15 de junio de 1898), pág. 8.

Ejemplares de la Gaceta de Madid: 18 octubre 1894, 21 octubre 1894, 23 marzo 1894, 1 agosto 1894, 29 septiembre 1894, 22 noviembre 1896, 2 julio 1897, 11 marzo 1898, 20 febrero 1900, 19 abril 1900, 21 julio 1900 y 20 julio 1901.

Heim, Gabriel, Memoria sobre las minas de la compañía Chauviteau, Imprenta y litografía de Brid, Regadera y Comp, Oviedo, 1860.

Martelet, J., Fatou, M.: Exploitation minière et forestière de la Haute Narcea (Asturies). Rapports (París, 1900). ed. facsímil, Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País, 2009

sábado, 26 de abril de 2025

EL FORNO

En la ladera Sur de Era, justo donde el río Nalón hace el primero de sus característicos meandros, se encuentra El Forno, muelle de carga y fondeadero en tiempos antiguos.

Hasta los años noventa del pasado siglo existieron en El Forno decenas de embarcaderos de madera donde nuestros vecinos tenían amarrados su chalanos preparados para salir a la angula o al carbón. El abandono de estas pesquerías en las últimas décadas ha dejado en el olvido una de las zonas más bellas de nuestro concejo, frecuentada ahora tan solo por embarcaciones que suben río arriba.


Imagen de principios del siglo XX desde La Viña donde se aprecia al fondo el primer puente de La Portilla.

Una de las acepciones de fornu en el Diccionariu de la LlinguaAsturiana (de aquí en adelante DALLA) es la de “Sitiu [onde fai muncha calor]”, que bien se le podría haber dado a este lugar por estar bien orientado al Sur y abrigado de los vientos marítimos (“Nordeste” y de Noroeste) que tanto castigan nuestro concejo.

En una antigua entrada (pulsa para leer LA PORTILLA) ya indicábamos la existencia a finales del siglo XIX de concesiones mineras en la laderade Era, por lo que no sería descartable que, pese a no haberse localizado hasta ahora vestigios mineros, hubieran existido anteriormente pequeñas explotaciones. En esa línea se manifiesta la Carta Arqueológica de Muros de Nalón, la cual vincula las explotaciones mineras a El Forno, puesto que otra de las acepciones del DALLA es “Construcción [zarrada onde se produz muncha calor pa calentar comida, pa cocer pan, cerámica, pa fundir minerales]”.

Sin descartar la obtención de mineral en El Forno, nos gustaría proponer una variante que en base a la documentación histórica de esa zona creemos que es más verosimil. Desde hace siglos se utiliza la sal como elemento para asegurar la conservación de los alimentos debido a la inexistencia de neveras y hielo. De esta forma lo obtenido en las abundantes pesquerías en nuestro concejo no era consumido en fresco, sino que se procesaba en sal para consumirlo o dedicarlo al comercio, ya fuera en salmuera, en escabeche, etc.

Sabemos que en San Esteban existieron alfolíes de cabotaje durante siglos. En esta época la sal era importada en barco desde otros lugares de producción (Levante, Portugal, Francia, etc.) para después ser repartida por las parroquias limítrofes. Pero según indican los historiadores Ruiz de la Peña y González García, previamente a la importación hubo también producción en algunas zonas de Asturias, entre las cuales podría estar el Bajo Nalón. Bances Valdés recogió en sus “Noticias históricas del concejo de Pravia” la existencia de diversos hornos en los que se producía sal, localizando Fortunato Selgas cinco ubicaciones de hornos de sal en la zona baja del Río Nalón.

La toponimia menor de nuestro concejo también nos aporta indicios sobre esta actividad salinera, situando un alfolí a escasos metros río arriba de El Forno tal y como explicábamos en nuestra primera entrada, escrita en el año 2022 (pulsa para leer EL ALFONIL).

Quizás El Forno fuera una de las localizaciones citadas por Selgas, teniendo en cuenta que en dicho lugar había materia prima para ello: agua salada, madera para hacer fuego, canales de agua, etc. 


Hoy en día el terreno se encuentra cubierto de carrizo y juncos al haberse abandonado en la zona prácticamente todas las tareas agrícolas. Sin embargo, sabemos que tanto en Las Lladosas como en El Cerco existen un sinfín de canales de drenaje de las fincas, desconociendo si alguno de estos conductos tuvo también relación con la producción de sal.  Según las técnicas utilizadas en época Altomedieval en otros lugares de Asturias y Cantabria, lo más probable es que la evaporación del agua se consiguiera utilizando tanto la evaporación natural como la forzada por hogueras.

Además de la materia prima necesaria, El Forno tenía buenas comunicaciones en aquella época al estar al pie del Camín Real, existiendo una barca que unía la orilla de Soto y la de Muros.


Detalle de El Forno donde se aprecia en funcionamiento la barquería entre los concejos actuales de Muros de Nalón y Soto del Barco.

Quizás en el futuro aparezcan restos arqueológicos o alguna nueva información que ayuden a confirmar alguna de estas propuestas toponímicas que hoy hacemos para El Forno.

García Alonso, Javier – García González, Juan José

 

BIBLIOGRAFÍA:

Bances y Valdés, Antonio Juan, Noticias históricas del concejo de Pravia, prefacio, edición y notas de Carlos Romero, Apel Gráficas (sin fecha).

Diccionariu de la llingua asturiana. Consultao n’https://www.diccionariu.alladixital.org/

García Quirós, Mª Paz. «Reseña de la carta arqueológica de Muros del Nalón», Excavaciones arqueológicas en Asturias 1991-94, Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias, Oviedo, 1995. pp.93-104.

González García, Isabel - Ruiz de la Peña Solar, Juan Ignacio, “La economía salinera en la Asturias medieval”, Asturiensiamedievalia, 1, 1972, pp. 11-89.

Selgas y Albuerne, Fortunato, Revista de Asturias (segunda época), Tomo IV, 1881. 



sábado, 12 de abril de 2025

UN TEXTO DE 1917 SOBRE LA DESEMBOCADURA DEL NALÓN

Querríamos compartir hoy con vosotros un texto no demasiado conocido sobre las tierras del Bajo Nalón y, en particular, las de nuestro concejo, contemplado y descrito con profunda admiración. Surge como evocación de una excursión realizada por estos lares un día de verano del año 1916 y apareció publicado en la revista literaria La Esfera en su edición del 23 de junio de 1917. Su autor es Andrés González-Blanco, de familia luanquina, poeta modernista, novelista y erudito crítico literario, editor, por ejemplo, de las Obras completas de Rubén Darío en 1910; su archivo y biblioteca se encuentran depositados en la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala, donde dentro de poco más de una semana se inaugurará una exposición dedicada a su figura y obra, quizá demasiado olvidada. El texto de su pluma que adjuntamos a continuación viene acompañado en la revista de cuatro fotografías cuya autoría corresponde, según se menciona en ella, a Francisco Martín, del que ya hemos hablado en este mismo blog, y que muy probablemente acompañó a Glez.-Blanco en su excursión, pues una de las fotos recoge una escena humana de la que se supone ambos debieron ser testigos al mismo tiempo.

Han pasado ya más de cien años desde que se realizó esta crónica y muchas cosas han cambiado desde entonces, pero quizá algunas de las personales reflexiones expresadas por el autor en aquel momento podrían conservar cierta vigencia hoy día.


“Por la Asturias pintoresca. Orillas del Nalón”

Si en nuestra patria se fomentase el turismo y tuviéramos convertida a España en un jardín recreativo para los ricos de Europa, y estuviese pervadida de líneas ferroviarias y saturada de confort y de lujo en forma tal que no se sintiese el extranjero déplacéu out of place, según su nacionalidad, sino que se sintiese satisfecho y bien à son aise, uno de los rincones preferidos de España sería Asturias, y Muros del (sic) Nalón constituiría una estación veraniega tan solicitada como Interlaken o Saint Moritz.


 “Paisaje de la costa, en Muros del (sic) Nalón” (Vista tomada desde Los Zarrapones, en la que, en el mar, se aprecian La Iñera y la Punta de las Llanas)

Surgiría siempre, como ha surgido en Italia, un futurista encolerizado que protestase contra el hecho de ser convertido nuestro país en una oficina general de turismo; pero la comarca respiraría satisfecha, los negocios prosperarían, la comunicación y trato con gentes forasteras estimularían la cultura y, en suma, al poco tiempo, el país sentiría el benéfico influjo del cosmopolitismo.  Quizá este cosmopolitismo corrompe un poco a los pueblos, los iguala, los nivela, mezcla gentes diversas y usos que se rechazan, y a la larga venga a ser necesaria una nueva vuelta al terruño, un baño de sangre autóctona, una regresión a lo indígena puro; mas durante algún tiempo –dos o tres generaciones al menos- se hace sentir en provecho del país que penetra, este influjo del extranjerismo. ¿De dónde le viene a la misma Asturias este aire moderno y elegante que tiene, esta cultura media, este tono superior de conversación y de conocimientos aun en las gentes medias, sino de los indianos –no los olvidemos, los tan befados indianos- y de esos ingenieros y negociantes extranjeros que, a finales del siglo pasado, acudieron al cebo de los negocios en perspectiva de minas y de fábricas?...

Estamos en lo más pintoresco de la muy pintoresca Asturias. Estamos en las proximidades de Muros del Nalón –evoco reminiscencias de una excursión adorable de este pasado verano de 1916. He aquí que por la pequeña villa donde yo veraneo, han pasado unos clérigos, unos clérigos joviales y sanos, que ni son esos reverendos idiotamente motejados durante largos años en El Motín con monotonía intolerable, ni son esos otros clérigos místicos, aflautados, suprasensibles que algunos se imaginan. Son simplemente hombres normales, virtuosos, serios, laboriosos, honestos… como lo son otros tantos hombres. He aquí, pues, al párroco de Ranón, que tiene bajo su jurisdicción la pequeña estación balnearia de La Arena; este buen muchacho, torpe al andar, fácil de expresión, tresillista, cazador, este Pepe Aznar de mis tiempos de Seminario, que es hoy nuestro reverendo D. José Aznar. He aquí este otro clérigo de sonrisa infantil, D. Emiliano González, hombre de prestigio en el clero asturiano por su cultura y su don de consejo… Con ellos camino en esta jardinera –estas jardineras son típicas de Asturias para la excursiones veraniegas- en esta tarde de sol fuerte, por esta carretera blanca que conduce a Muros del Nalón.


“Hermosa fotografía del curso del Nalón, obtenida desde una de sus riberas” (Esta fotografía está sacada desde la Punta del Cañón, en El Cobayo)

Pasamos el puente de Soto del Barco. Desde él –ahí lo veis en la fotografía-, un maravilloso panorama se divisa. La desembocadura del Nalón en el mar; los pueblecillos escalonados sobre las montañas; Ranón, casi invisible, a la derecha; Soto del Barco, con más prestigio de villa rica, detrás de nosotros; a la izquierda, San Esteban de Pravia, con su puerto importante, que acoge ahora barcos extranjeros, y enfrente de nosotros, Muros, con su caserío apiñado, y hacia lo alto, el barrio de Somao, todo de edificación blanca y moderna, lugar de retiro de los ciudadanos enriquecidos en Cuba y Méjico…

A medida que vamos subiendo la cuesta, tórnase la carretera más sombrosa, honda y laberíntica. Abundan más los panoramas maravillosos a una revuelta, como ese trozo de mar bravío que sacude su oleaje

sobre un bosque de abetos. En un recodo tropezamos con un cuadro típico del país: el mozo paragüero con la madre, anciana, que viene en peregrinación por las aldeas a componer y remendar los paraguas, vastos y combos, de los aldeanos… Las madreñas, el borriquito, el rostro de la anciana madre: todo ello es un pedazo de realidad asturiana.



“Un alto en la marcha” (Foto tomada quizá en La Casilla, a la altura del desvío a San Esteban)

Desde otro rincón de la arbolada carretera, tan fértil en revueltas y escondites umbrosos, divisamos esa supervivencia de vida medioeval que ahí veis, el castillo, que aquí llaman así por antonomasia: el castillo de San Martín, encaramado sobre la colina gentilmente, un castillo de burgrave alemán, con un bosque de abetos y pinos que casi le envuelve y dominando la entrada del río Nalón y su salida al mar… El castillo fue edificado reinando Alfonso I, según unos; bajo Alfonso III, apudalios, y sirvió de baluarte a las incursiones marítimas de los normandos. Se han encontrado en él monedas romanas, de donde puede inducirse su origen. Bajo nuestro amado rey don Juan II –protector de poetas que el conde de Pumaygre exaltó con razón- era dueño de esta fortaleza un Gonzalo Cuervo de Arango; pasó luego a manos de Juan Sánchez de Cancienes. Felipe III hizo merced a D. Diego de Miranda, padre del marqués de Valdecarzana, del título de alcalde perpetuo de esta fortaleza, con obligación de mantenerla a su costa.


“El castillo de San Martín, a orillas del Nalón”

Este castillo que ahora se yergue ahí, patriarcal y eglógico, en manos de un opulento astur, D. Ricardo Trelles, ha presenciado todos los sucesos más salientes de la historia de Asturias: revueltas del Principado bajo Juan I y Enrique III; y si perdió importancia militar, siempre fue honrado y prestigioso. Los dueños de aquel señorío honrábanse con el título arcaico de Castellanos de San Martín… Hoy ve desfilar ante sus almenas, en curso lento y manso, el Nalón, aquí claro, ya purificado de las escorias minerales que arrastra en el valle minero de Langreo, entre las fabriles agitaciones de Mieres y ante la fábrica nacional de Trubia…


Texto de Andrés González-Blanco y fotografías de Francisco Martín


sábado, 22 de marzo de 2025

EL PALACIO

En el centro de Muros, a las afueras de La Plaza, está situado el Palacio de Valdecarzana, al que se le dieron diferentes nombres a lo largo de su historia, si bien para todos los murenses siempre será conocido como “El Palacio”. Al menos desde comienzos del siglo XVI, y hasta 1827, momento en el que el Coto de Muros se difuminó dentro del concejo de Pravia, el palacio fue el lugar donde se decidían los intereses de nuestros antepasados. Si a día de hoy es el Ayuntamiento la institución donde realizar cualquier trámite administrativo local, en aquellos años los ciudadanos estaban sometidos a la jurisdicción del señor del Coto de Muros, que vivía en “El Palacio”.


Acuarela de Manolito Palacios donde se aprecia la torre Sur de “El Palacio”, próxima al campo de futbol. 

Algo interesante debió de ver en nuestra zona Rodrigo de la Rúa, un alto funcionario de la Corte de los Reyes Católicos, para invertir parte de su fortuna en la compra del Coto de Muros a comienzos del siglo XVI. Pero no será Rodrigo, sino su hijo Gutierre González de Cienfuegos quien, según Fortunato Selgas (pág. 19), construya la fortaleza de Muros, tal y como se denominaba en aquel momento. La disposición de una muralla exterior de protección, la escasa altura de las torres, así como la inexistencia de saeteras en las torres, hace que la construcción inicial pudiera clasificarse a priori como una “casa-fuerte”. 

La inexistencia a día de hoy de estudios arqueológicos o históricos respecto del interior del palacio no permiten realizar grandes afirmaciones. Por ello no debemos descartar que fuera edificado a partir de otra construcción anterior, como por ejemplo una torre medieval.

El interior del palacio es sin duda el gran desconocido para todos nosotros. El hecho de contar con una elevada muralla en sus 200 metros de perímetro nunca nos ha permitido apreciar con detalle sus edificios, tal y como sucede en otros palacios construidos en campo abierto. Los edificios interiores han sido eclipsados también por la única puerta de su muralla, la cual, debido a su porte y elegancia, se ha convertido en el paradigma de este tipo de portaladas en nuestra región, las cuales no solo tenían carácter defensivo, sino que buscaban el lucimiento y la demostración de la preponderancia de sus moradores, incluyendo para ello los escudos heráldicos como elementos de orgullo de la familia.


Toda la portalada es de piedra labrada y se distinguen en ella dos partes bien diferenciadas. En la primera nos encontramos la propia puerta, que aporta la funcionalidad de entrada y salida, y que está formada a partir de un arco de grandes dovelas de piedra encajadas radialmente en todo su perímetro. En la segunda, situada en la zona superior, existe un falso matacán con dos garitas laterales, las cuales sobresalen sobre el plano que define la puerta, dando la sensación de que el propio matacán está sostenido por las torrecillas, cuando en realidad éstas tan solo tienen una finalidad ornamental, al ser macizas y no disponer de saeteras para un uso defensivo desde el interior. Las torrecillas de esta portalada son una clara evolución de las que existen en otras portaladas de palacios coetáneos en los que si existía una función defensiva.

Puerta del Palacio de Doriga (Salas) donde se aprecia una portalada con los mismos elementos constructivos que la de Muros: puerta, torrecillas a los laterales y friso superior. Obsérvese cómo las torrecillas aún tienen una saetera para la defensa desde el interior.

 Al igual que las torrecillas, el gran matacán de la de Muros no tiene una finalidad defensiva al carecer de huecos, siendo un mero friso con fines decorativos. La parte superior está acabada por diferentes dados rematados con esferas. La portada contiene tres escudos, entre los que destaca en el centro el deslumbrante blasón de los Cienfuegos, en el que se han labrado decenas de fuegos en clara alusión al apellido, dándole mayor relevancia al dotarlo de mayores dimensiones, coronándolo con la Cruz de los Ángeles e incluso haciendo modificar la moldura del matacán.


La autoría de la portalada suele atribuirse a Juan de Cerecedo El Viejo, apuntada por Fermín Canella en un primer momento y corroborada posteriormente por diversos especialistas en la materia. La vinculación de Cerecedo podría haberse originado mientras este estaba construyendo, también a mediados del siglo XVI, la iglesia de Cudillero. Sin embargo, sabemos que la familia Cerecedo estaba muy vinculada a la burguesía ovetense del momento y que ejecutó diversas obras para la familia De la Rúa. No obstante, fuera quien fuera el autor, no cabe duda de que con tan solo piedra caliza realizó una gran obra artística, convirtiendo la inicial concepción defensiva en una puerta decorativa y ostentosa que reflejaría la diferente clase social de su dueño frente a los vasallos del lugar.

A la espera de la realización de estudios en el interior del palacio, sí podemos asegurar que el complejo está formado por cuerpos independientes que se apoyan unos en otros, lo cual indicaría una construcción paulatina en diferentes épocas y según las diferentes necesidades del momento. Sería de esperar que los edificios más antiguos fueran los situados en el centro del recinto. Con el paso de los años el complejo se irá ampliando con nuevos edificios y diferentes funcionalidades, dejando de ser una casa-fuerte para convertirse en una casa-palacio. En esa nueva época, y según Gonzalo Anes el palacio estaría compuesto por “dos torres: una grande de dos altos y otra chica de uno. Tenía esta casa palacio un salón, una galería, un corredor, otra sala llamada “el tinelo”, once cuartos, dos cocinas, una casa de horno, tres bodegas, tres caballerizas, o cuadras, y un salón, que servía para recoger hierba seca”. 


Parte de estos modernos edificios fueron apoyados en la propia muralla, perdiendo capacidad defensiva en una época en la que la seguridad de los moradores estaba menos en riesgo, pero ganando comodidad y ostentación del señor frente a sus vasallos. Todo lo anterior se aprecia muy bien en el trozo de muralla que linda por el Norte con el Campo del Palacio, en la cual se llegaron a abrir ventanas.


Cuando la familia Cienfuegos se vinculó por vía de matrimonio a la familia Miranda, ésta también quiso dejar su impronta en el palacio colocando su escudo en un lugar prominente a la entrada del mismo.

 


Escudo de la familia Fernández Miranda

Con la evolución física de los edificios se produjo también un cambio en el funcionamiento interno de la casa, momento en el que creemos que se acabó de consolidar la denominación de “El Palacio”. 

Javier García Alonso – Juan José García González

 

Bibliografía:

Anes y Alvarez de Castrillón, Gonzalo,  Los señoríos asturianos, Silverio Cañada, Gijón, 1989.

Avello Alvarez, José Luis, Las torres señoriales de la Baja Edad Media Asturiana, Universidad de León, León, 1991.

Bellmunt y Traver, Octavio y Canella y Secades, Fermín (dirs.), Asturias, Tomo III, Gijón (Fototip. y Tip. de O. Bellmunt); ed. facs. de 1980-87, Gijón (Silverio Cañada).

García Cuetos, Mª Pilar, Arquitectura en Asturias 1500-1580. La dinastía de los Cerecedo, RIDEA, Oviedo, 1996.

González-Fierro, Félix, Muros de Nalón, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1953.

Selgas y Albuerne, Fortunato, Revista de Asturias (segunda época), Tomo IV, 1881.




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